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Archivo mensual: agosto 2009

Ventajas de vivir en un pueblo de diez casas

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Ventajas para mí, claro, en relación al defe.
– Te olvidas de pasar en promedio una o dos horas diarias en el metro y/o camión o microbús para llegar al trabajo o a la escuela, con todo lo que eso conlleva: asaltos, empujones, manoseos, estrés, cansancio, contaminación visual, auditiva, ambiental.
– Tardo 10 minutos, en mi coche, para llegar de mi casa al trabajo. De regreso hago 20, porque hay más rodeos y semáforos.
– El coche efectivamente resulta más rápido y cómodo para trasladarme a cualquier lado, a diferencia del defe, en donde es casi suicida ir al centro entre semana en coche, por poner sólo un ejemplo.
-No hay tránsito horroroso.
– Atravesar toda la “ciudad” no te lleva más de 45 minutos, así que vivas donde vivas, todo te queda cerca.
– Si me anda del baño cerca de la hora de salida del trabajo, puedo esperarme a llegar a mi casa, cosa immmmposible de hacer en el defe.
– De igual manera, si olvido algo (cosa que casi a diario sucede: dinero, toalla sanitaria, libro, credencial, papel, etc.) o si de repente hace frío y no traje suéter, voy rápidamente a mi casa y regreso al trabajo en media hora.
– No hay manifestaciones, plantones, motines ni paros.
-No te asaltan en cada esquina ni te roban el coche a la menor provocación. Claro que los últimos años ha aumentado muchísimo la delincuencia, y entonces como somos tan pocos habitantes, las probabilidades de que te toque son muy altas.
– El nivel de vida es mil veces más cómodo: media hora en ir y regresar del trabajo, tienes mucho tiempo de sobra para cocinar y comer en tu casita, hacer ejercicio como más te agrade (en los parques o en gimnasios), salir, o simplemente echar la hueva, dobletear laboralmente, o trabajar y estudiar.
– Cero contaminación ambiental, aire puro aunque también gélido.

– Cuando me siento triste o depre o hastiada en el trabajo, puedo salir y llegar a mi casa en 15 minutos y comer a gusto, o visitar a mi esposo y que me consuele, o despejarme.

– Puedo usar tacones todo el día porque me traslado en coche a todos lados.

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Gorda taz guanabí, ageinnnnn!!!

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Pobre gorda taz, Becca, se viste que ni cómo ayudarla: falda ajustada y luego con vuelitos y … suéter negro de manga larga, ajustado. Como es suéter, pues es de acrilán. ¿Así, o más acentuada su figura de triángulo invertido? Con ese suéter se ve todavía más ancha de arriba, pinche espaldota, cero cintura y su faldita ajustada para lucir su nulo trasero y caderas. O sea no lo puedo creer. Y hasta se ve más pinche gorda porque al suéter se le hacen rollitos…¡Pobre! Yo creo que no sabe que antes de comprarte ropa debes lucirla ante el espejo desde todos los ángulos posibles. No tiene idea de cómo se ve la pinche vieja. Y algo fundamental que por lo visto ignora: las mujeres debemos ver cómo lucimos por detrás, poniéndonos de espaldas a un espejo de cuerpo completo y verlo a través de otro espejo que puede ser más pequeño y lo sostenemos con la mano. Si la pobre hiciera eso se daría cuenta de que tendría que tirar toda su porquería de ropa, pero lo grave de su caso es que su problema no es la ropa, sino su pinche cuerpo de perro callejero parado en dos patas. Al menos podría aprender a aminorar un poco sus pinches defectos, con esa falda que pues ni modo, ni cómo disimular que está más plana que los gays mal alimentados.
Ay, Becca, no sé por qué me caga tanto su ridiculez y que vaya con su pinche paquetote.

Gorda taz guanabí, ageinnnn

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Pinche gorda guanabi espalda-brazos-de-camionero-y-nada-nada-nada-de-trasero. ¿Qué no se ve en un pinche espejo? Becca, hasta sospecho que sea hombre porque está bien culera de cuerpo. Pinche espaldota con llantas y pinches nalgas y caderas microscópicas. Si es hombre, pues qué bien se ve, pero si es mujer, qué pinche está. Ah pero eso sí, cómo camina la pendeja cual si estuviera buenísima. Y se baja con un porte de su cochecito de veinte pesos pagado-a-30-mensualidades como si de un mercedez se tratara. Y luego cómo se viste, ni cómo ayudarla… No tiene el mínimo sentido de la proporción, buen gusto, ignora la existencia de los accesorios, en fin, no sabes si reír o llorar cuando la ves.
Y eso que ahora es versión mejorada, porque cuando recién entró a trabajar estaba todavía más cerda y se vestía peor: Blusas apretadas presumiendo lonjas hasta en la espalda como oruga, según ella bien arreglada con zapatillas altísimas y ropa negra o café o azul, combinada diariamente con…¡un cinturón de lona con estampado de camuflage soldadesco verde! Ah, y claro, sus bolsitas de mano de tela imitación piel de pacotilla (que a la fecha subsisten).
O sea, de verdad que no discrimino a la gente según su físico ni su arreglo, al contrario, me gusta conocer a la gente re-al-men-te, platicar, saber por qué piensan lo que piensan y no juntarme solamente con los que piensan como yo. Lo que me choca y enerva de la pinche gorda no es su gordura ni su fealdad ni su ridiculez para vestir, sino su pinche actitud guanabi de petatiux. Hay gordas guapísimas que tú las ves y dices: “guau” porque su atractivo viene precisamente de que se saben gordas, se aceptan y se quieren así, y entonces la ropa y lo demás es sólo un reflejo de lo interno y blablabla. El caso es, tengamos el físico que tengamos, conocernos mínimamente, y actuar en consecuencia. Lo mismo con el dinero y lo que podemos comprar con él, para mí es igual alguien que va en un audi y alguien que va en un vochito 76. Peeeeeero si el del vochito desciende del mismo como si fuera la reina de polanco entonces algo no cuadra.

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Hace exactamente un mes me fui de viaje a Aguscalientes por parte de mi trabajo. Bueno, al menos tiene una ventaja mi mugre chamba: poder salir de viaje dos o tres veces al año que, aunque sea de trabajo, siempre es una distracción y oportunidad de conocer otros lugares y descansar de mis compañeritos. A principios de año fui a Durango y el año pasado a Veracruz, el defe y Colima.
A tan sólo un mes de haber salido ya no aguanto las ganas de irme nuevamente. Me urgen vacaciones.

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Me acordé de otro comentario que escuché la semana pasada sobre la elefante. Una persona la buscaba por primera vez, así que la recepcionista del elevador la orientó: “ah, sí, es una chava alta medio llenita”. ¿¡Cómoooooooo!? ¿Medio llenita? Becca, no estoy loca, la elefante tiene mínimo 20 kilos de más. ¿En qué mundo viven o qué? ¿Les regalo un pinche espejo cuerpo completo, unos lentes o binoculares o qué onda? Lástima que no puedo ponerte una foto para que vieras lo pinche cerda que está.
De veeeerasssss… que se pasan.

Qué patética soy

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Uno de mis mayores traumas es que me siento la persona más solitaria del mundo, nadie-me-quiere-nadie-me-habla-a-nadie-le-caigo-bien-no-tengo-amiguis.
Mientras estaba comiendo mi ensalada entra una chava (una chava que yo ya había clasificado de vista como una persona a la que me gustaría hablarle no-se-ve-tan-tonta-tan-provinciana-es-más-se-ve-interesante) con una gran sonrisa, me saluda por mi nombre y:
-¡ay qué rico! ¿eres vegetariana?
-ay no
-¿qué tiene tu ensalada?
-(le describo la ensalada)
-pues qué bien, porque siempre que entro al comedor veo que están comiendo que sus tortas, tacos, carne, pan.
-sí, a mí también me gusta todo eso, pero no todo el tiempo.
-¿y tú la hiciste?
-ay no, la compré en la mañana.
Entonces va detrás de mí a servirse agua, y regresa:
-ay qué padre está tu broche del cabello.
Yo me lo toco para recordar de qué habla: un broche bordado:
-gracias, está bordado.
-¿es broche?
-sí, es artesanía
-también están de moda unos como de plumas
-ah, sí, las diademas
-¿dónde lo compraste?
-en Coyoacán
-ah, en el Estado
-no, en Coyoacán, df
-mmh, bueno, pues te dejo, qué bueno que te alimentas bien, bye.

Yo también sonreí y me sentí bien durante la gran conversación. Pero al recordarla me doy cuenta perfectamente por qué no tengo amiguis. Ella todo el tiempo quiso hacerme la plática y yo con mis respuestas ridículas y concluyentes. Nunca le pregunté nada sobre ella y nunca pasé de las respuestas a una charla. No puedo creer cuán patética soy. Hasta yo me doy flojera infinita. No puedo creer que me haya dado cuenta de mi interacción con mis prójimos veinte años después cual si fuera una revelación.

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Pinche gorda guanabi, diario con su mugre morral de poliester color naranja pero eso sí, muy oronda y arreglada según ella. Becca, ¿conoces a una vieja que se crea con estilo, que ande de mucha zapatilla y camine como si el mundo no la mereciera, que vaya con un morral de poliester color naranja, aretes y collar de plástico o bisutería de todo por tres pesos? Pobre pendeja (ella, no tú, Becca).
Ah, y para rematar el cuadro de corrientez a la milésima potencia, su pinche tufo de que se rocía todo el frasco de perfume que yo no sé si es “de marca” o no, pero claro, la pendeja no sabe que es de malísimo gusto dejar la pinche estela de zorrillo veinte metros atrás de uno y dos horas después todavía apesta. ¡Que alguien le explique, por el amor de dios!