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Archivo mensual: septiembre 2009

Al fin enfermé como la gente normal

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Querida Becca,

Pues sigo muy muy pero que muy enferma de gripón loco, a pesar de que,  contra toda costumbre, fui al issste desde los primeros síntomas, porque como buena ciudadana, me dije: no pues con esto de la influenza que se está muriendo todo mundo pero ya no dicen nada las autoridades aunque estamos peor que en mayo, pues de seguro me van a recibir con los brazos abiertos, me van a atender con eficiencia absoluta, me mandarán a mi casita para que no contagie a mis compañeritos… Pobre ilusa. Pues que me batean, como dije en el post del lunes (sorry que me da flojera poner el link, de hecho ni sé cómo hacerlo y me da gueva averiguarlo). Así que sigo trabaje y trabaje pero con una gripa que no veas, en vez de aminorar parece que empeora.

Pero el caso es que como me batearon, pues que me regreso al trabajo pensando ingenuamente que a lo mejor estaba yo de chillona, y que no era para tanto que al rato se me quitaba. Pero como a la una ya no aguantaba la garganta ni podía pasar saliva de las anginotas. Fui al simi de por mi antigua casa cuya doctora goza de gran reputación profesional pero había las multitudes. Esperé dos horas, retorciéndome de dolor de cuerpo cortado y ya con fiebre, terminó el turno de la doctora y empezó el turno de un doctor, y que llegan más multitudes quesque porque dicho doctorcito goza de fama todavía mayúscula y que es la octava maravilla. Finalmente llegó mi turno y que sí estaba yo muy mal y me recetó inyecciones potentísimas ¡dos cada día!. Salí a comprarlas y ya no quise regresar al mismo consultorio a volver a hacer la megafila para la mugrosa inyección. Astutamente pensé: ahora voy a un simi en colonia nice porque seguramente debe estar vacío. No le atiné, pero al menos no había tanta gente como en el primero: esperé sólo media hora. Cuando pasé ya estaba yo hecha una ruina, el doctor era jovencísimo, guapo sí (con fiebre y todo lo pude detectar, jijiji), mangas dobladas, ni bata traía (no importa, pero me fijé mucho en eso, no sé por qué) y como que era hiperactivo, no me vio a la cara y se movía frenéticamente.

Cariño, ¿te dijeron que estas inyecciones duelen muchísimo? -Yo pensé: no, y nunca les había temido hasta este preciso momento,  gracias por decírmelo, que ahora ya empiezo a morirme de miedo y nervios. -Recuéstate, cariño. -Descúbrete del lado que quieras, cariño-. Yo ya muertísima de pena. -Va el piquete, cariño. -Eres fuertísima, cariño, porque éstas duelen mucho. -A ver, mueve la piernita, cariño-. Yo la muevo frenéticamente. -No, deja te ayudo, cariño-. Me toma la pantorrilla, y flexiona la rodilla hacia atras-. Yo ya de trágame tierra, con mi media nalga al aire todavía. -Ya te puedes bajar-. Yo torpemente empiezo a querer bajarme. -Ay, con cuidado, cariño-. Se acerca raudamente y me detiene el banquito con el pie. Cuando me dispongo a irme, -Te abro la puerta, cariño.

Lo único bueno es que a la media hora, la garganta se me despejó como por arte de magia, y la fiebre desapareció. Ilusamente (sí, muchas ilusiones frustradas en poco tiempo) pensé que había vencido la enfermedad gracias a mi rápido actuar, pero el martes amanecí con gripa, y hoy de veras que el catarro no me deja, los ojos me lloran copiosamente y mis oídos están tapados y me veo muy mal, y eso que ya llevo cuatro inyecciones.

En fin, pero me conformo con que hayan desaparecido las anginas ¿te imaginas si no hubiera ido al doctor? Ya estaría al borde de la muerte, porque cuando me enfermo de la garganta es algo horrible horrible horrible. Desde mi infancia, las anginas han sido mis peores enemigas. No puedo ni respirar, me tumba en la cama, no tengo fuerzas ni  para dar dos pasitos, no pienso, no carburo, me da la depre cañón, me dan muchísimas ganas de llorar, me quiero morir morir morir, no Becca, me siento muy mal y ni de broma puedo hacer nada nada nada, siento que la cabeza me va a estallar, pero como de cosas que traigo atravesadas, siento energía rara, veo todo negro, con tanta debilidad obviamente no puedo bañarme, por lo tanto obviamente no puedo salir, no puedo ni respirar, nononono, es algo indescriptible.  De hecho estoy convencida de que esas gripas son como una válvula de escape de todas las vibras feas, es algo somático porque no es normal. Siempre veía yo como marcianos a la gente que enferma y todo iba a trabajar o a la escuela. Bueno, con decirte que ni siquiera podía ir al doctor, de tan débil y mugrosa y deprimida que me sentía cada vez que me enfermaba. Me acuerdo de una monita en la facultad que estaba sùper enferma de la garganta, ni podía hablar, y el gripón loco, y como si nada no faltaba a la escuela, y encima de todo: ¡seguía fumando como chacuaco!  Y sólo es un ejemplo, claro, porque así es la mayoría de la gente. Además por muy enfermos que estén lucen igual que siempre, o sea su aspecto no cambia.  Yo llegué a faltar semanas enteras a la escuela por la maldita infección, que me daba sobre todo después de las entregas de ensayos finales en la escuela.  O en el trabajo anterior también tuve que faltar. Yo me sentía como de: ¿por qué no me puedo enfermar como la gente normal?  Y me veo espantosa, como si me hubiera pasado un tren por encima, sin importar cuánto camuflage le ponga yo a mi cara.

Total, que esta es la primera vez que me enfermo como la gente normal, tengo una gripa marca diablo pero puedo seguir mi vida, me he bañado como si nada, he ido a mi trabajito, he salido, etc. Mi monita loquera sí ha servido, Becca!

Felicidades a ella, felicidades a mí.

p.d. Por cierto, el lunes tuve el inicio de otra revelación en el diván, pero me asusta, porque literalmente es algo fuera de este mundo.

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Trabajando, con la garganta cerrada, con ganas de estar en mi camita. En la mañana fui al issste ingenuamente, pensando en recibir consulta y días de incapacidad. Nó sé por qué todavía tenía esperanzas si ya es la cuarta vez que he ido y me topo con las multitudes. Después de abrirme paso en dicho mar de gente, aguantando lo más posible la respiración para “evitar” tanto virus encerrado, la señorita, sin verme siquiera: “las citas son antes de las cinco de la mañana ya no hay citas nosotros no hacemos eso tal vez por teléfono hasta dentro de veinte días”. Me deprime horrible tener que ir a esos lugares y para colmo sin éxito. En los años que llevo trabajando no he logrado ni una sola cita en ese asqueroso lugar. Mejor he tenido que ir a doctor particular y cuando me siento de plano muy muy mal, pues yo solita me doy mi día de incapacidad con el consecuente descuento salarial. ¿Enferma, con fiebre, débil, tengo que apersonarme antes de las cinco de la mañana a ver si alcanzo ficha? Me parece misión imposible, y eso que tengo coche, ¿y los que no? ¿Y con las mañanas heladas que tiene este mugroso pueblo?

Cuando le cuento mi fracaso a algún compañerito, me dice: ¡no, pus es que te tienes que pelear con la señorita, oigame no, pero qué no ve que tengo fiebre, tiene que recibirme, hijos de la %&//, grita, llora, implora. Yo así le hago hasta que me reciben! -¿o sea whatttttt?

¿Y mis compañeritos que todo-el-tiempo faltan con incapacidad de por medio hasta por un rasguño en el dedo gordo del pie? Ah pues es que tienen algún familiar y/o amigo en el issste que hace que les den cita con incapacidad garantizada.

Pero en serio, ir al issste en este pueblo es lo más pesadillesco que hay en la vida.

No lo vuelvo a hacer, salvo cuando sepa que me voy a enfermar con 2o días de anticipación.

Apariencias

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Gran Espalda aparece por la puerta, con su cuerpo asqueroso, sus rollos colgándole, su culo minúsculo y ridículo, su cara aplastada igual que su cerebro, sus cachetototes de perro. Me mira (cuando se digna a hacerlo, claro, o cuando no le queda otra opción dada la situación espacial) con su gran superioridad corpórea a través de sus ojos zorriles, sonríe condescendientemente y me saluda con hipocresía infinita. Cuando le contesto, se ríe descaradamente, como burlándose. ¿De qué, pienso yo? ¿O será que vio su reflejo en el vidrio y notó lo ridículo de su presencia, su vestimenta gatuna que resalta su asquerosidad y sus omnipresentes defectos, su falta de clase, estilo, educación, belleza, cultura, honestidad? Viendo semejante mala leche, ¿es tan grande su desdicha, su origen lumpen que-todo-lo-debo-obtener-a-golpes-odios-rasguños, su frustración, su nula autoestima que oculta bajo esa falsa y patética superioridad?

Porque Sabandija sabe, intuye, observa, deduce, conoce muchas cosas de la gente con sólo mirarla -sí, como la película, qué hermosa peli, de las que más nos ha gustado en la vida, Sabandija-, uff, si hasta con base en sus agudas observaciones de la condición humana mundanil se avienta predicciones que en un 99.764 han resultado ciertas: “fulanito se va a divorciar, a x le pega su marido, la hija de y se va a embarazar antes de los 20 años, z va a salir con un patán muerto de hambre casado y con hijos que le reafirme la escoria que ella es”…

¿Gran Espalda sabrá que Sabandija sabe y por eso la odia? ¿Tendrá la sinapsis suficiente para darse cuenta? Quizás sí, porque no es precisamente cuestión de neuronas, sino de intuición. Debe intuir que Sabandija observa y conoce, y por eso no la soporta. {Ay, pobre de Sabandija que en este momento ve pasar a Gran Espalda y sufre de contaminación visual: blusa horrible color indefinible pero con el cual su piel se ve más amarillenta que de costumbre luce-espalda-de-camionero porque no cualquiera tiene esa espalda ¿a que no?, jeans de corte y color espantosos, botas de piso cafés de caña larga modelo horrible de gato con botas que le acortan más las patas y le alargan más su descomunal torso y…para finalizar con el atentado visual: bolsa de plástico imitación charol ¿o charol imitación plástico? GUINDAAA! y con grabado tipo cocodrilo (guauuuu, ti-po-co-co-dri-lo, Sabandija, ¿te fijas?) que balancea delante de Sabandija con el orgullo que proporciona la temeridad de la ignorancia, como si de la gran posesión se tratara. ¡Claro! Le tiene que presumir a Sabandija que ya cambió su bolsa de poliéster color uva por una de plástico charol que, a juzgar por la estampa de Espalda, pensará que es el pináculo de la elegancia, coquetería, clase y anexas}. Y esta reflexión hace sentir inmensamente culpable a Sabandija, que justamente hoy estrena una bolsa de piel Tous de color azul con café pre-cio-sa, grande para poder cargar todas sus madres, elegante, sobria, careeeeésima, que no sólo combina perfectamente con su informal atuendo sabatino, sino que además le aporta la elegancia discreta adecuada.

Después del ataque repentino de culpa, Sabandija recapacita y se reconforta.

Sabandija se consuela ¿qué culpa tiene de que la vida de Gran Espalda sea miserable? Nadie más que Espalda es responsable de que ésta no tenga dignidad, de que esté fea y taz, de que no se sepa vestir, de que su novio y actual esposo la trate con la punta del pie, con desprecio infinito y Sabandija sabe que hasta la golpea; no a madrazos ni con golpizas sangrantes, pero sí unos buenos bofetones, jaloneos y empujones. La humilla. Sabandija ha visto cómo Gran Espalda llora, ruega, se arrastra clamando porque él la quiera. Gran Espalda lo quiere (claro, porque así es el amorts ¿no? sufridor, machista, asfixiante), él es un patán pero el gran amor de ella lo cambiará, lo hará recapacitar y en un futuro lejano él se dará cuenta de que siempre la ha querido, y que sus malos tratos han sido un error. Pedirá perdón. Ella llorará, lo perdonará y serán felices para siempre.

Pero mientras eso sucede, Gran Espalda es infeliz, su esposo le ha puesto el cuerno innumerables veces desde que eran novios, la mira con asco, le dice que está horrible, que tiene una espaldota fuera de serie y se rehúsa a renunciar a su vida de soltero. Pero no importa: Gran Espalda, al fin, después de seis años de martirio novieril -periodo no lineal, porque él la cortó varias veces ¡infructuosamente!: no contaba con la astucia de Espalda, quien a fuerzas de arrastrarse cual gusano, lograba una y otra vez reanudar el idílico romance-, logró que él aceptara casarse. Tanto sufrimiento, ruegos, presión, plegarias, lágrimas e infinita paciencia femenina digna de los consejos de sus abuelas machistas trepanadas del cerebro, dieron fruto. ¡Al fin es una mujer casada! Prueba absoluta de que Gran Espalda tiene razón, y de que sus planes se están llevando a cabo tal y como ella desea. Uff, ya casi empezaba a dudarlo, porque a sus veintitantos, Gran Espalda ya temía horriblemente quedarse a vestir santos. Recuerda, Sabandija, que Espalda vive en un pueblo rabón de diez casas, y no se le ocurre otra meta primordial más allá de casarse y tener hijitos con el hombre de sus sueños. Ya ocupa un lugar respetable ante la sociedá. Ahora, más que nunca, Gran Espalda debe esforzarse en mantener sus ojitos bien cerrados ante los inconscientes actos de su esposito. Debe esforzarse para no reclamarle nada, ser una mujercita abnegada, paciente, callada, sufridora. O sea, la esposa perfecta ¿no?Al fin y al cabo, el hombre es hombre, y nosotras nada podemos hacer.

Además, Sabandija sabe que Gran Espalda sabe, contra todas las apariencias, que es fea y gorda; y que tiene que interpretar un papel, al igual que en su faceta de esposita. Y Gran Espalda sabe que Sabandija sabe que actúa. No es que Sabandija sea adivina, es que sabe distinguir la arrogancia de la baja autoestima encubierta y  la vanidad de los complejos. Y también nota que, aunque Gran Espalda se pavonea,  a veces tiene que usar fajas incomodísimas que oculten un poco sus gordas carnes, pero que también le sacan otros gordos. Que cuando se sienta, tiene que poner ambos brazos, fingiendo estar cruzados, sobre su voluminoso vientre, con las manos extendidas, y ni así logra cubrir sus rebeldes llantas. Que con la ilusión de engañar, viste chalecos enormes acojinados o suéteres y chamarras XXL, acentuando su figura taz. Que camina muy derecha, extremadamente derecha, tanto, que su espalda se arquea  hacia atrás tremendamente, con el objetivo de que sus llantas, que además son asquerosamente flácidas y se niegan a contraerse, se estiren un poco y no se vea como oruga. Que menea su plano trasero con gran exageración y sonando aparatosamente los tacones, para desviar astutamente la atención a la parte inferior del cuerpo, que Espalda juzga que es lo mejor de su anatomía.

Sí, Gran Espalda es infeliz. Sabandija tiene información, comprende, pero no sabe cómo defenderse de ella. Sabandija ni siquiera ha querido ser blanco de las frustraciones de nadie, y ahora que lo es, no sabe qué hacer cada vez que se cruza con Espalda.

Sobrevivientes

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Son cinco hermanas. 

Su padre las golpeaba salvajemente. Su padre las odiaba por ser mujeres, cegado por la frustración de que ninguna hubiera nacido varón. Cada mañana, las levantaba a punta de patadas, gritos, insultos. A la menor “provocación” les aventaba lo primero que tuviera a la mano: platos, herramientas, libros, sillas. Les prohibió estudiar, ¿para qué, si son viejas, o sea, están pendejas, nada más sirven para tener hijos? Sin embargo, con todo en contra, las cinco estudiaron brillantemente en la unam: biología, geografía, pedagogía, derecho.

-Si hasta practicaba diariamente futbol con nosotras- dicen con genuina sonrisa.

Al principio no entendí: -¡Ay a poco!

-Sí, nosotras éramos el balón.

Cuando él enfermó, ellas lo cuidaron amorosamente. Cuando él murió, en su lecho, lo perdonaron de corazón. Cero rencores. Nunca hablan mal de él, nunca una mala palabra, nada en su voz que denote odio, resentimiento, sed de venganza, amargura. Dolor, sí. Tristeza. Por haber vivido esa infancia, esa adolescencia, ese sufrimiento. Pero nada de odio. Incluso dicen: “era un buen hombre”. No con cursilería, no con hipocresía, no con la resignación de la ignorancia o del conformismo pseudoreligioso; sino con sabiduría y aceptación.

Pero claro que tienen cicatrices terribles, claro que tanto maltrato deja huella. No sienten odio, pero en cambio una tiene lupus. Casi muere, casi queda inválida. Quedó sorda. Otra tiene otra enfermedad desconocida, que causa estragos similares al lupus. Cuatro no pudieron tener hijos.

Hace unos pocos meses acabo de enterarme de este pasado infernal.

Ese hombre era hermano de mi padre.

Guácala

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Qué horror, Becca, pinche espaldota horrible que tiene de camionero taz.

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Hay que conservar las cosas y mostrarlas tal como están.

Miedo

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En el lapso de unos cuantos días ya van dos locos que, en nombre de un llamado divino, secuestran y matan, con víctimas fatales de ciudadanos, y el consecuente terror de toda la sociedad. Ya no podemos salir con tranquilidad en coche, en metro, en bici, a patín. El miedo nos domina, y tenemos que vivir con ello, impotentes. Es un Estado fallido, en donde impera el terror, la muerte, la delincuencia, la pobreza, la desilusión. México ha sido en la gran parte de su historia reciente sinónimo de vida, de baile, de libertad (no hemos tenido dictaduras al estilo de sudamérica), de solidaridad internacional, de alegría, de refugio para exiliados, de paraíso, de riqueza geográfica y cultural. ¿Dónde está quedando todo eso? Cuando parece que las cosas no podrían ir peor, la realidad nos golpea en la cara.

Y a lo  mejor estoy viendo demasiadas series gringas policiacas: La ley y el orden, Mentes criminales, Lie to me, CSI; en donde se ve que hay grupos y operativos especiales para enfrentar a criminales en plena acción con civiles alrededor, que actúan según métodos planeadísimos y someten equipados con chalecos antibala, mínimo. Y con este loco del metro Balderas, un policía forcejea y termina muerto (¿y su preparación, y su arma?, claro, los mandan a la guerra sin fusil), un heroico civil, con su cuerpo y su valentía como únicas armas, forcejea también durante eternos segundos -con muchos testigos observando (NO los juzgo, al contrario, son momentos en que uno no reacciona, es mayor el miedo, la precaución, el instinto de sobrevivencia, pero imagino el TERROR del civil al estar luchando por su vida, con tanta gente alrededor, SOLO, y finalmente también murió). Al final, un policía se le acerca apuntando con una pistola pero SIN CHALECO NI NINGUNA OTRA PROTECCIÓN, de frente totalmente, y lo somete, junto con otros dos que vienen detrás a a yudarle (al policía).

Miedo. ¿Qué sigue?