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Archivo mensual: enero 2010

Me busco y nomás me pierdo en tanto reflejo

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Con el filo de la muerte, de Isuki Castelli.

Entre las estrellas, de Fabiola Ortiz

Lo que sí queda claro es que efectivamente tengo varias cabezas, así cómo voy a saber quién soy de una puta vez.

Narciso. Pobrecitos pero qué miedo, dios me libre

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(A veces me pregunto, en el fondo y con miedo: ¿por qué les tengo tanto miedo, al grado que con sólo mirar a alguien durante un segundo puedo decir si es malo sin equivocarme casi?)

Todos podemos tener una parte perversa. Un perverso narcisista, por contra, sólo se construye a sí mismo al saciar sus pulsiones destructoras.

Alberto Eiguer: “Los individuos perversos narcisistas son aquellos que, bajo la influencia de su grandioso yo, intentan crear un vínculo con un segundo individuo, atacando muy especialmente su integridad narcisista con el fin de desarmarlo. Atacan asimismo al amor hacia sí mismo, a la confianza en sí mismo, a la autoestima y a la creencia en sí mismo del otro. Al mismo tiempo, intentan, de alguna manera, hacer creer que el vínculo de dependencia del otro en relación con ellos es irreemplazable y que es el otro quien lo solicita”.

Los perversos narcisistas son considerados como psicóticos sin síntomas, que encuentran su equilibrio al descargar sobre otro el dolor que no sienten y las contradicciones internas que se niegan a percibir. No hacen daño ex profeso; hacen daño porque no saben existir de otro modo.

Otto Kernberg: “Los rasgos sobresalientes de las personalidades narcisistas son la grandiosidad, la exagerada centralización en sí mismos y una notable falta de interés y empatía hacia los demás, no obstante la avidez con que buscan su tributo y aprobación. Sienten gran envidia hacia aquellos que poseen algo que ellos no tienen o que simplemente parecen disfrutar de sus vidas. No sólo les falta profundidad emocional y capacidad para comprender las complejas emociones de los demás, sino que además sus propios sentimientos carecen de diferenciación, encendiéndose en rápidos destellos para dispersarse inmediatamente…”

Su vida consiste en buscar su propio reflejo en la mirada de los demás. El otro no existe en tanto individuo, sino solamente como espejo. Un Narciso es una cáscara vacía que no tiene una existencia propia; es alguien falso que intenta crear una ilusión que enmascare su vaciedad. Su destino es un intento de evitar la muerte. Se trata de alguien a quien no se ha reconocido nunca como un ser humano y que se ha visto obligado a construirse un juego de espejos para tener la sensación de que existe. Como en el caso del caleidoscopio, por mucho que este juego de espejos se repita y se multiplique, el Narciso no deja de estar formado por el vacío.

El Narciso, al no disponer de sustancia, se “conectará” al otro y, como una sanguijuela, intentará sorber su vida. Al ser incapaz de establecer una relación verdadera, sólo puede crearla en un registro “perverso”, de malignidad destructora. Indiscutiblemente, los perversos sienten placer enorme y vital al ver sufrir y dudar a los demás, del mismo modo que gozan al someterlos y humillarlos.

Los perversos narcisistas son invadidos por “otro” y no pueden prescindir de él. Ese otro no es ni siquiera un doble, el cual tendría una existencia propia. Es simplemente un reflejo del mismo perverso. De ahí la sensación que tienen las víctimas de que se las niega en su individualidad. La víctima no es otro individuo, sino simplemente un reflejo. Cualquier situación que pueda poner en tela de juicio ese sistema de espejos que enmascara el vacío sólo puede implicar una reacción en cadena de furor destructivo.

Son insensibles. No tienen afectos. ¿Cómo podría ser sensible una máquina de reflejos? De este modo, no sufren. Sufrir supone una carne, una existencia. NO tienen historia porque están ausentes. Sólo los seres que están presentes en el mundo pueden tener una historia. Si los perversos narcisistas se dieran cuenta de su sufrimiento, algo nuevo empezaría para ellos.

Son individuos megalómanos que se colocan en una posición de patrón de referencia del bien y el mal y de la verdad.

Los perversos entran en relación con los demás para seducirlos. A menudo, se los describe como personas seductoras y brillantes. En la lógica perversa, no existe la noción del respeto al otro.

Cuando un perverso percibe una herida narcisista (una derrota o una repulsa), siente un deseo ilimitado de obtener una revancha. No se trata, como sería el caso en un individuo colérico, de una reacción pasajera y desordenada, sino de un rencor inflexible al que el perverso aplica todas sus capacidades de razonamiento.

Por razones que dependen de su historia en los primeros estadios de la vida, los perversos no han podido realizarse. Observan con envidia cómo otros individuos disponen de lo necesario para realizarse. Pero no se cuestionan, e intentan destruir la felicidad que pueda pasar cerca de ellos. Prisioneros de la rigidez de sus defensas, intentan destruir la libertad. Al no poder gozar plenamente de sus propios cuerpos, intentan impedir el goce del cuerpo de los demás, incluso el de sus propios hijos. Al ser incapaces de amar, procuran destruir con su cinismo la simplicidad de una relación natural.

La envidia es un sentimiento de codicia, de irritación rencorosa, que se desencadena a raíz de la visión de la felicidad y las ventajas del otro. La envidia comporta dos polos: por un lado, el egocentrismo y, por otro, la mala intención, que se basa en las ganas de perjudicar a la persona envidiada. El envidioso lamenta ver cómo el otro posee ciertos bienes materiales o morales, y desea destruirlos antes que adquirirlos. Si los adquiriera, no sabría qué hacer con ellos. No tiene los recursos necesarios para ello. Para vencer la distancia que lo separa del objeto codiciado, el envidioso se conforma con humillar al otro y envilecerlo. El otro adopta de este modo los rasgos de un demonio o de una bruja.

La apropiación es la continuación lógica de la envidia. Los perversos narcisistas se apropian de las pasiones del otro en la medida en que sienten pasión por ese otro o, más exactamente, se interesan por ese otro en la medida en que detenta algo que les podría apasionar. Así, podemos ver cómo muestran un gran corazón y, a continuación, unos desaires brutales e irremediables. Los perversos absorben la energía positiva de quienes los rodean, y se alimentan y se regeneran con ella. Y luego vuelcan sobre ellos toda su energía negativa.

Los perversos agreden al otro para salir de la condición de víctima que conocieron en su infancia. En las relaciones que establecen, esta actitud de víctima les sirve para seducir a aquellas personas que pretenden consolar o reparar, antes de arrinconarlas en una posición de culpabilidad. Cuando tienen que separarse, los perversos se presentan como víctimas que han sido abandonadas. Esto les asegura el mejor papel y les permite seducir a un nuevo compañero consolador.

Desafiar las leyes es lo propio del perverso. Su objetivo es confundir a su interlocutor mostrándole que su sistema de valores morales no funciona, para luego conducirlo hacia una ética perversa.

Durante su infancia, y a fin de protegerse, los perversos tuvieron que aprender a separar sus partes sanas de sus partes heridas. Por esta razón, siguen funcionando de una manera fragmentada. Su mundo se divide en lo bueno y lo malo. Proyectar todo lo que es malo sobre alguien les ayuda a sentirse mejor en sus propias vidas y les garantiza una cierta estabilidad. Los perversos temen la omnipotencia que imaginan en los demás porque se sienten impotentes. En un registro casi delirante, desconfían de los demás y les atribuyen una malevolencia que no es más que una proyección de su propia maldad.

Si esta mecanismo resulta eficaz, el odio que proyectan sobre un blanco al que convierten en presa es suficiente para aplacar sus tensiones interiores, lo que les permite mostrarse como una compañía agradable en otros lugares. Esto explica la sorpresa, o incluso la incredulidad, de las personas que se enteran de las acciones perversas de una persona cercana que hasta ese momento sólo había mostrado su lado positivo. Las pruebas que presentan las víctimas no parecen creíbles.

Marie-France Hirigoyen: El acoso moral. El maltrato psicológico en la vida cotidiana, Paidós, 1999.

Santo Domingo pero legal

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Mi compañerita la intelectual, sobre la universidad del pueblo:

“noooo, ya no es por tesis. Ahora nos hacen un examen general, si lo pasas, te dan una cartita de honor, y si no lo pasas no importa, de todos modos me dan el tíulo porque ya cursé todos los créditos. Así que no te preocupes, fulanita ya lo hizo y es de opciones múltiples, está re fácil. Ni necesitas estudiar, porque de las mismas preguntas puedes sacar la respuesta, nada más redáctalo de forma ‘ai dos tres pa que no se vea tan obvio. Ah, y no te olvides de llevar tus recibos de pago, porque si no has pagado toooooodos los papeles, no tienes derecho a examen. Yo ya me endeudé porque me faltaban mil pesos (Sabandija-o sea pobre muerta de hambre, que no pierde oportunidad de presumir que ya se compró esto y aquello y lo de más alla (en sus fantasías solamente), pero no tiene mil-pesos, ella la pudiente) pero pus así ya me dan mi título.————Ah, ah, sí, no puedes hacer la maestría con un título así, pero ya investigué, y encontré por internet varias escuelas patito que te aceptan a la maestría, además en línea, sí, no te preocupes”.

Chale, ahora hasta maestría va a tener esta pendeja. Disparo en la cabeza. Bye.

Farol de la calle…

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Bueno, tanto así que digas uy, cómo ayudo a la humanidad, pues no. Pero en lo que puedo sí me gusta ayudar a los demás, cuando lo piden por supuesto, y yo tenga algo que ofrecerles.

Y oscuridad de mi casa definitivamente sí soy y con creces, porque en vez de estar ahí de dispuestota y sí, cuando quieras, nada más dime, órale, va, te ayudo, y tengo esto y lo otro, y podrías hacerle así o asá, sí, hoy, sí, mañana, sí, cuando quieras…y tal parece que yo fuera la interesada en vez de ellos; debería terminar o empezar todos los pendientes que tengo.

Y casi en ninguna ocasión soy yo la que propone, porque a mí ni la plática inocente se me da, mucho menos iniciativas más sociables. Así esta vez, ella: “ay ¿y si lo hago a la par contigo? porque yo ya llevo muchos años y no lo hago, así nos ayudamos y apoyamos y nos presionamos mutuamente. Yo te explico lo mío y viceversa y sirve que aprendo de lo tuyo que me interesa mucho y y y y y…”. Y yo sí a todo, sí de corazón, ay qué padre voy a tener una amiguis en el mugroso proceso de cerrar el maldito círculo que no me deja avanzar en mi vida. Y luego luego “a ver, de qué se trata. Mmmmh, ah, sí, mira, léete esto y aquello y tienes que fundamentarlo así y así, y delimítalo” y la chingada y la manga del muerto.

Desde entonces debí mandarla a la… porque bien que me di cuenta de que no iba a funcionar: -ay, pero no quiero fundamentarlo tan así, porque no quisiera hacer algo muy (¡¿?) teórico; mejor quiero hacer algo práctico, que se aplique de inmediato a la realidad (más ¿?¿¡)-. Pero yo todavía de ándale pues: -Pues entonces haz tu proyecto así y así-. -No, si ya lo hice, pero me dicen que entonces debo aplicarlo directamente con dos grupos, uno piloto con mi método y otro con el tradicional, y anote los resultados. -Ah, pues entonces ya lo tienes. -Ahhsss, es que no quiero trabajar con grupo y debo trabajar todo el periodo escolar y yo ya lo quiero terminar y y y y y.

O sea, ¿no que querías hacerlo “práctico”? ¿si no lo has hecho en 13 años, y ahora te parece mucho un periodo escolar? ¿lo quieres hacer o no?

Siguió con su teatrito y yo sí cómo no. Hasta puso fecha de su primera entrega súper formal en calendario y toda la cosa y sí, para no atrasarme más. Un día antes de la fecha se hizo la occisa, pasaba y ni me pelaba como niña de primaria, ¿a ver si así se me olvidaba o qué pex? Total, no es mi problema. El dichoso día, seguía pasando sin saludarme, y cuando no pudo evitarme: “ay, te veo ahí en cualquier ratito, ¿no? o te lo doy en mi descanso de diez minutos”. ¿WTF? ¿Y a qué hora exactamente y en dónde? ¿Y en diez minutos me lo das, y lo leerás, y lo explicarás y toda la cosa? Obviamente nunca me dio ni madres, volvió a poner otra fecha que se cumple hoy, y lo mismo, se hace la occisa desde dos días antes, te veo mañana ¿a qué hora y en dónde?, quién sabe.

Cuándo voy a aprender que a veces tengo que dedicarme exclusivamente a lo mío en vez de endilgarme costales que no me pertenecen. Me gusta dar lo que pueda. No me duele ni me cuesta esfuerzo dar tiempo, espacio, disposición, ayuda; si está en mis manos, todo eso puedo dar de corazón.

Supongo que debo discernir que hay gente que no sabe ni recibir.

Crítica erudita de Sherlock Holmes, la película; y sesión de opinadero barato

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Pasando a cosas más serias, interesantes y relevantes para la humanidad, el otro día vimos Sherlock Holmes, la película. En el pueblo no había otra cosa qué ver, de las que hay me falta ver Avatar y ya llegó Amor sin escalas. Total que está buena-palomera, nada del otro mundo. Y eso que yo me leí todo Sherlock Holmes, y no quedé del todo decepcionada, para ser una película. Aunque yo prefería mil veces Agatha Christie, con sus métodos psicológicos en vez de arrastrarse por el suelo buscando huellas, Poirot todo lo descubría con la mente, qué emoción. “No hay crimen perfecto, siempre algo tiene que salir mal”. O “siempre hay UN testigo, SIEMPRE”. “Tienes que saber lo que no te dicen” Bueno, ahora que lo pienso aprendí horrores sobre la gente leyendo a Agatha Christie.

Bueno, pero ya me perdí. Lo que quiero decir en esta entrada es:

¡PERO QUÉ BUENÍSIMO Y GUAPÍSIMO QUE ESTÁ ROBERT DOWNEY JR., OMG!

Seguramente por eso ni me fijé en la película con mi acostumbrada manía criticona, ¡ah, y además estaba doblada la mugrosa película, porque en el pueblo así lo prefieren y ni nos fijamos antes que si lo hubiéramos sabido no entrábamos! Lo más naco, decadente y apestoso del mundo son las películas dobladas, no mamar. Bueno, pues ya ni me acordaba que la vi con doblaje, porque todo fue taco de ojo con mi novio Robert Downey. Ratita: “al menos visualmente está fregona: la recreación de las escenas, de la época, la fotografía, Londres de 1800…” Yo: “¿Londres, cuál Londres, cuáles paisajes?” jijijiji

No estaba así antes, ya lo había visto en una que otra peli y sí, qué bien actúa y otro pobre geniecillo atormentado por las drogas, pobre, otra vez anda hasta atrás; y párale de contar.

Peeeeeero qué bien se ha puesto, creo que a raíz de que la última rehabilitación ha sido exitosa, está bueneeeeeeeeeesimo, no me cansaré de decirlo. Y luego en su papel de la película, todo maloso, adicto, despoticón, fregón. Y la escena de la pelea, con el torso desnudo… nononoonononnoononono.

Que cuide ese cuerpecillo de los dioses que tiene, no vaya a terminar como mi otro novio Mickey Rourke, quien aun con su cuerpo y cara destrozados me gusta muchísimo porque ya está más vejete y más sabio (han de saber que los vejetes me atraen horrores, ay papá, ¿ya ves, pa’qué me tienes a los cincuenta años?).

En mi muy humilde y sabandijesca opinión, los únicos que tendrían “derecho” (órale con la sabandija nazi y dictatorial) a drogarse y sufrir horrores y lastimarse de tal modo, son los artistas de a devis, o geniecillos, los que de plano luchan contra algo más fuerte que ellos, sus demonios los atormentan y sufren mucho y no lo pueden evitar y todo eso es la base de su genio creador. Ejemplos facilones que todos conocemos: Amy Winehouse, Rourke, Robert Downey Jr., Pete Doherty. De’ai en fuera, no mamen, ya dejen de volverse adictos a lo pendejo (ustedes, mayores de 16 años que ya deben  tener consciencia  y criterio), con tanta pinche demanda vean a dónde nos han llevado con el pinche narco que ya gobierna al mundo y es la economía más fuerte y en dos semanas de empezado el año ya van decenas y decenas de muertos y ustedes hasta atrás y sus cuerpos destrozados y ya con dos neuronas y esos cabrones podridos en dinero y poder. A mí nunca me han tentado las drogas, pero si lo hicieran, nada más de pensar que voy a hacer más ricos a esos cabrones y los muertos y los torturados y los descabezados, ni madres. O sólo que yo tuviera mis matitas de mota y amapola en el jardín trasero.

No me rasgo las vestiduras ni nada. Me dirán: Y a ti qué te importa si el mundo se droga o no. Pues sí me importa porque a mí y a todos nos afecta, vean cómo están las cosas. Si fuera tan fácil como comprarlas  y consumirlas sin hacerle daño a nadie más, pero no, para que puedas meterte una dosis hubo varios muertos en el camino, pendejos, así somos los humanos de perversos. O sea, nunca van a legalizar las drogas, a nadie de esos cabrones le conviene.

Pero bueno, el mundo se va a acabar de todos modos y ya todos estamos en el mismo desmadre. No tienen que ser las drogas, está la piratería, o cualquier negocio puede ser lavado de dinero… ya nadie estamos libres de culpa.

Pero qué buenísimo está Robert Downey Jr. He dicho.

Dado que la violencia reaparece en cada época bajo formas distintas, hay que reanudar permanentemente la lucha contra ella. Stefan Zweig, Consciencie contre violence

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A raíz de la entradas anteriores, me puse a leer al respecto. Y es algo que todos deberíamos saber, por lo que dice Sweig en el título, porque todos podemos estar expuestos, porque el perverso puede ser el padre, la madre, el novio, el esposo, el jefe.

A continuación pongo enorme cita del libro que leí, por poco lo pongo todo pero es que no saben, deberían leerlo.

Para comprender un poco el mundo, el bien, el mal, en fin, lo humano.

Una palabra a tiempo puede matar o humillar sin que uno se manche las manos. Una de las grandes alegrías de la vida es humillar a nuestros semejantes.

Pierre Desproges

En el ámbito empresarial, la violencia y el acoso nacen del encuentro entre al ansia de poder y la perversidad. Por acoso en el lugar de trabajo hay que entender cualquier manifestación de una conducta abusiva y, especialmente, los comportamientos, palabras, actos, gestos y escritos que puedan atentar contra la personalidad, la dignidad o la integridad física o psíquica de un individuo, o que puedan poner en peligro su empleo, o degradar el clima de trabajo.

Aunque el acoso en el trabajo sea un fenómeno tan viejo como el mismo trabajo, hasta principios de la década de los noventa no se lo ha identificado como un fenómeno que no sólo destruye el ambiente de trabajo y disminuye la productividad, sino que también favorece el absentismo, ya que produce desgaste psicológico.

El acoso nace de forma anodina y se propaga insidiosamente. Al principio las personas acosadas no quieren sentirse ofendidas y no se toman en serio las indirectas y las vejaciones. Luego, los ataques se multiplican. Durante un largo período y con regularidad, la víctima es acorralada, se la coloca en una posición de inferioridad y se la somete a maniobras hostiles y degradantes.

Uno no se muere directamente de recibir todas esas agresiones, pero sí pierde una parte de sí mismo. Cada tarde, uno vuelve a casa desgastado, humillado y hundido. Resulta difícil recuperarse.

Cuando el acoso aparece, es como si arrancara una máquina que puede machacarlo todo. Se trata de un fenómeno terrorífico porque es inhumano. NO conoce los estados de ánimo ni la piedad. Los compañeros de trabajo, por bajeza, por egoísmo o por miedo, prefieren mantenerse al margen. Cuando una interacción asimétrica y destructiva de este tipo arranca entre dos personas, lo único que hace es amplificarse progresivamente, a menos que una persona exterior intervenga enérgicamente. Una situación de crisis puede sin duda estimular a un individuo y conducirlo a dar lo mejor de sí mismo para encontrar soluciones, pero una situación de violencia perversa tiende a anestesiar a la víctima, que, a partir de ese momento, sólo muestra lo peor de sí misma.

Se trata de un fenómeno circular. Una serie de comportamientos deliberados del agresor está destinada a desencadenar la ansiedad de la víctima, lo que provoca en ella una actitud defensiva, que, a su vez, genera nuevas agresiones. Tras un determinado tiempo de evolución del conflicto, se producen fenómenos de fobia recíproca: la visión de la persona odiada provoca una rabia fría del agresor; la visión del perseguidor desencadena el miedo de la víctima. Se trata de reflejos condicionados, uno agresivo y el otro defensivo. El miedo conduce a la víctima a comportarse patológicamente, algo que el agresor utilizará más adelante como una coartada para justificar retroactivamente su agresión.

Cuando el proceso de acoso se instaura, la víctima es estigmatizada: se dice que el trato con ella es difícil, que tiene mal carácter, o que está loca. Se considera que su personalidad es la responsable de las consecuencias del conflicto, y la gente olvida cómo era antes o cómo es en otro contexto. Una vez que a la víctima se la saca de sus casillas, no es extraño que se convierta en lo que pretenden convertirla. Una persona acosada no puede rendir al máximo de sus posibilidades.

Manibras perversas: rechazar la comunicación directa, descalificar, desacreditar, mentir, utilizar el sarcasmo, la burla, el desprecio, utilizar la paradoja, las novatadas, acoso sexual, inducir a error.

El objetivo de un individuo perverso es acceder al poder o mantenerse en él -para lo cual utiliza cualquier medio-, o bien ocultar su propia incompetencia. Para ello, necesita desembarazarse de todo aquel que pueda significar un obstáculo para su ascensión, y de todo aquel que pueda ver con demasiada lucidez sus modos de obrar. No se contenta con atacar a alguien frágil, como ocurre en el caso del abuso de poder, sino que crea la misma fragilidad a fin de impedir que el otro pueda defenderse.

El miedo genera conductas de obediencia, cuando no de sumisión, en la persona atacada, pero también en los compañeros que dejan hacer y que no quieren fijarse en lo que ocurre a su alrededor. Es el reino del individualismo y del “allá se las componga cada cual”. Los compañeros temen que, al mostrarse solidarios, se los estigmatice, y tienen miedo de que se los incluye en la próxima lista de despidos. En una empresa, no hay que producir oleaje. Hay que tener el espíritu de la casa y no mostrarse muy diferente.

Un perverso actúa con más facilidad en una empresa desorganizada, mal estructurada, o “deprimida”. Le basta con encontrar la brecha por la que penetrará para satisfacer su deseo de poder.

La técnica es siempre idéntica: se utiliza la debilidad del otro y se lo conduce a dudar de sí mismo con el fin de anular sus defensas. Mediante un proceso insidioso de descalificación, la víctima pierde progresivamente su confianza en sí misma y, a veces, está tan confundida que le puede dar la razón a su agresor: “¡Soy una nulidad, no llego, no estoy a la altura!”. Por lo tanto, la destrucción se lleva a cabo de un modo extremadamente sutil, hasta que la víctima comete errores ella sola.

Cuando la víctima reacciona e intenta rebelarse, la maldad latente cede su lugar a una hostilidad declarada. Se inicia entonces una fase de destrucción moral que se ha llegado a denominar psicoterror. A partir de ese momento, todos los medios son buenos para derribar a la persona en cuestión, inclusive la violencia física. Esto puede provocar una anulación psíquica de la víctima, o su suicidio.

DEFORMAR EL LENGUAJE

El mensaje de un perverso es voluntariamente vago e impreciso y genera confusión. Luego, elude cualquier reproche diciendo simplemente: “Yo nunca he dicho esto”. Al utilizar alusiones, transmite mensajes sin comprometerse.

Como sus declaraciones no responden a una relación lógica, puede sostener a la vez varios discursos contradictorios.

También se abstiene de terminar sus frases. Los puntos suspensivos son una puerta abierta a todas las interpretaciones y a todo tipo de malentendidos. Envía asimismo mensajes oscuros que luego se niega a esclarecer.

La mentira del perverso responde simplemente a una necesidad de ignorar lo que va en contra de su interés narcisista. Ésta es la razón de que los perversos envuelven su historia con un gran halo de misterio; no hace falta que digan nada para producir una creencia en sus interlocutores: se trata de ocultar para mostrar sin decir.

Las víctima parecen ingenuas y crédulas. Como no se pueden imaginar que el otro es básicamente destructor, intentan encontrar explicaciones lógicas y procuran deshacer los entuertos. Al que no es perverso le resulta imposible imaginar de entrada tanta manipulación y tanta malevolencia.

Para desmarcarse de su agresor, las víctimas intentan ser transparentes y justificarse. Cuando una persona transparente se abre a alguien desconfiado, es probable que el desconfiado tome el poder. Todas las llaves que las víctimas ofrecen de este modo a sus agresores no hacen más que aumentar el desprecio de estos últimos. Están convencidas de que, mediante el diálogo, van a encontrar una solución, cuando esto es precisamente lo que le permite al perverso -que rechaza cualquier tipo de diálogo- hacerlas fracasar con total eficacia. Las víctimas alimentan la esperanza de que el otro cambiará, de que terminará por comprender que inflige un sufrimiento, y de que lo lamentará.

La manipulación funciona tanto mejor cuanto que el agresor es una persona que cuenta con la confianza de la víctima (se trata de su padre o de su madre, de su cónyuge, de su patrón, etc.)

Alice Miller ha desmostrado que una educación represiva -la que tiene el objetivo de “meter en cintura” a un niño “por su bien”- echa a perder su voluntad y lo obliga a reprimir sus sentimientos verdaderos, su creatividad, su sensibilidad y su capacidad de rebelarse. Según esta autora, este tipo de educación predispone a nuevas sumisiones, ya se trate de un sumisión a un individuo (perverso narcisista) o de una sumisión a un colectivo (secta o partido político totalitario).

Las víctimas comprenden, pero al mismo tiempo, “ven”. Poseen una gran lucidez que les permite nombrar la fragilidad y las debilidades de su agresor. Cuando las víctimas empiezan a nombrar lo que han comprendido, se vuelven peligrosas. Hay que usar el terror para hacerlas callar…

Marie-France Hirigoyen: El acoso moral. El maltrato psicológico en la vida cotidiana, Paidós, 1999.

Ambiente femenino

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No sé si fue grave o no, pero lo cierto es que era una situación fea, estresante y negativa. ¿Lo poco que podría señalar? En las juntas con el jefe, éste sólo hacía contacto visual con ella, y nunca conmigo. De las dos, sólo a mí me cambiaban de área cuando alguien faltaba, supongo que para fastidiarme y para sabotear mi desempeño, pues ella sí podía dedicarse al área y yo no por estar cubriendo otras. Pequeños saboteos a mi trabajo, tenía que trabajar por las dos, sobre todo cuando se trataba de funciones especializadas en donde ella no daba ni una…

Una vez mi gurú labora, que conoce al jefe desde hace añísimos, confirmó que todo era cierto y no producto de mi imaginación: “él es así, y claro que te envidia por todo lo que eres y tienes. Claro que no le gusta que estés preparada y te guste trabajar, porque lo ve como amenaza. A ver, ¿cuándo empezó a fastidiarte más? Te apuesto a que fue después que te compraste tu coche. ¿Verdad que sí?” Sí, efectivamente, por esas fechas se puso peor.

Es increíble cómo te pasan cosas que a la distancia pudieras decir que son estupideces, y en realidad lo son de tan incomprensibles, pero que finalmente sí ayudan a crear un ambiente opresivo y dañino. Por ejemplo, estoy convencida que estas situaciones son peores cuando eres mujer que si eres hombre, empezando por el acoso sexual. Es un horror cómo se da todos los días y en todo tipo de trabajos, y se vive como si nada, cuando para empezar es un delito. Ya sea que la mujer acceda o no, de todos modos lo ven como un mal necesario, como si estuviera bien, qué desesperación. Teniendo esto en cuenta, será que mi jefe es marica o qué se yo porque la única ventaja entre tanta asquerosidad es que no había acoso sexual al menos de su parte, porque de los babosos de los compañeros… pero bueno, eran como más proposiciones e insinuaciones que podías ignorar.

Pero en cuanto a lo de ser mujer en el trabajo, no faltan las pendejadas provenientes, para variar, de las otras mujeres:

-que te barren con la vista, te critican hasta por cómo caminas.

-Si te vistes mal (según su gran criterio, claro), te acaban; si te vistes bien, peor, te envidian y odian.

-Si estás gorda, se burlan y critican; si estás flaca o más delgada, te odian.

-Si le gustas a los hombres o a un hombre, mal; los “machos alfa” me dan ternura frente a este tipo de mujeres.

-Que si estás casada, o soltera, o divorciada, o viuda, o dejada, si tu coche, si tu casa, bueno, no acabaría todo lo que son capaces de criticar las demás mujeres. Y si estás un poco mejor que ellas en todo eso, pues ya te fregaste, has pasado a ser su peor enemiga, se alegrarán infinitamente si algo malo te pasa.

¿Quién las educa así, por el amor de dios? Si te acuestas, ¡mal! pero qué delicia porque así podrán criticarte. Si no te acuestas te odian por no ser como ellas, ¿pues qué se cree?

-“Pues yo creo que fulanita es más bonita que tú”. No mamar, ¿a qué horas dijeron que esto era una competencia de belleza región 20, bola de pendejas, que yo ni me enteré? Si eso ni en mi primaria! Yo vistiéndome normalmente, y estas pendejas viendo “quién es la más bonita” NONONOOONO, de veras que no sé si reír o llorar al acordarme de eso. Pero ahí no terminó la cosa: “ya hice una encuesta con los hombres y me dijeron… No, tú no eres la más bonita”

¿Qué onda con las mujeres? Qué bueno que no tuve hermanas…