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Archivo mensual: febrero 2010

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Pues yo siempre viví en la misma casa.

Hasta hace cinco años que me mudé.

No era mía.

¿Fueron demasiados?

No creo

Mi cuerpo la habitaba, pero mi mente estaba muy lejos.

Ahora, necesito hacerla mía.

Perra ciudad, te amo

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Querido bló,

pues el otro día fuimos al defe y medio nos dimos una vuelta por la morelos, rumbos por los que me gustaría adentrarme más, (tú sabes por qué ejerce una atracción, algo con el padre y esas cosas harto originales). Fue sólo un momento, que teníamos poco tiempo; y en lo que esperaba a Ratita, que saco esta foto (bueno, le saqué varias, pero esta es la menos pior):

Perdonarás la foto tan pinche, pero apenas estoy incursionando en esto, mi cámara todavía es física cuántica para mí (y eso que es de las “chiquitas”), o sea que nomás doy para apretarle el disparador y párale de contar, lástima de las 8mil funciones que tiene, jijji (ay por cierto está prácticamente nueva y ya la traigo bien descuidada, aventada sin estuchito en mi mega bolsa entre mil chingaderas más y una que otra rata muerta, prometo enmendarme (con la cámara comprándole estuchito, que no lo hice porque según yo se lo iba a realizar con mis propias manos, pero es obvio que no será en este año); no con las ratas ni con las chingaderas (ay hasta que se me hizo abrir paréntesis en los paréntesis)).

Otra excusa para lo chafa de la imagen es que me da mucha pena eso de sacarle fotos a la gente, ¿cómo se le hace para que no se den cuenta? ¿o no importa que se den cuenta? ¿y si te reclaman, te golpean o te quieren quitar la cámara? ¿o estoy muy paranoica?, y si les pides permiso pues ya no tiene chiste…;  pero el pequeño detalle es que justamente la gente es lo que me llama más la atención. Me gustaría retratar y retratar.

Se aprecia que el monito es indigente, drogadicto y anexas. No sé qué estaba cotorreando con los monitos expertos en el arte de estampar playeras ahí en plena banqueta. Y luego que va a la tienda de ahí enfrente (o junto a mí), y luego que regresa. Y otra vez. Y que me da más curiosidad y que me asomo más. Los monitos estampadores le dan una playerita con motivos hipiosos, no alcanzo a ver qué le estamparon. Vuelve a entrar en la tienda. La dependienta le está doblando y embolsando una playerita de bebé, esas de algodón y mangitas largas, con una sonrisa entre tierna y complaciente. O sea, no sólo consiguió la playerita, sino que le puso lo hipioso y además le estampó ¿un nombre, un dibujito, un número? Él, muy contento, con sonrisa de oreja a oreja, toma el paquete y sale de la tienda, estoy en su camino. Lo veo a los ojos tímidamente, con ganas de llorar, trato de sonreírle levemente, con humildad. Me mira un instante nomás, interrumpo su felicidad, estoy loca.

Pasa y se sigue de largo con paso decidido.

Cecilia Toussaint y compañía

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Pues sí, el viernes fui al concierto de Cecilia Toussaint con 8mil invitados, de los cuales el único que valió la pena fue Jaime López (en la primera foto tocando la guitarra). Bueno, también sus tres hermanos malditos talentosos todos. Duró cuatro horas cuatro, y ella cantando como si nada.

La maldita está guapísima, además es atractiva, sensual; ya dice cosas como “estoy sana, saludable, me hice más mujer, en mis momentos malos y peores…”

Unos jeans, playera blanca, tenis y un blazer. Pelo suelto, cara lavada. Y hermosa. Pura actitud. (Sabandija ardilla: pero claro, alta y flaca, así quién no…)

Lo único, que hubiera preferido que Jaime López cantara Sácalo, en vez de ella.

Podría contar las aventuras que tuvimos antes de ir al concierto, pero ñe. Y que llegamos derrapando al teatro; o de la peste que sufrieron los vecinos de butaca (no por nuestra culpa, ¿eh?,) al grado que la chava estaba a punto de vomitar. O sea ¿por qué no se cambiaron de lugar, que sí había, en vez de sufrir durante cuatro horas? O del monito a mi derecha que to do el tiempo estuvo catatónico, con la cabeza apoyada en el puño, como si estuviera escuchando una conferencia sobre el subjuntivo tardío del jónico minoico cretense en el capítulo cuarto de La Ilíada.

Pero no.

Me gustó. Y a la salida me compré mi tacita conmemorativa en veinte pesotes.

¿Me puede repetir la pregunta?

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Ayer me pidieron ayuda.

Me gusta ayudar, ya lo he dicho. No porque me haga sentir bien, lave mis culpas, busque la autocomplacencia o las puertas del cielo; no. Me es fácil, demasiado fácil, diría yo, ponerme en los zapatos de los demás, comprender su situación y, si en algo puedo cambiarlo, lo hago.

Con esto, no crean que soy de esas ladillas insoportables que andan repartiendo consejos a diestra y siniestra cuando nadie se los pide, no qué horror, líbreme el señor. Tengo bien claro que los consejos se piden, no se dan; y que cualquier ayuda vale para maldita la cosa si el otro no quiere o no puede recibirla.

Ahora que lo pienso, ¿qué diablos quiero decir con “ayudar”? La verdad es que no tengo ni la menor idea de cómo se puede ayudar al otro. Soy de esas personas que nunca encuentran nada bueno para decir, para consolar, reconfortar, animar. De las que quisieran salir corriendo y regresar a leer un libro, a mi burbujita, a la tele, a donde no pase nada. Me da una impotencia y me hace sentir completamente inútil.

Me pasa hartas veces, porque puedo afirmar que sí hay algo en que soy buena: en escuchar. No sé hablar, no sé relacionarme, no sé coquetear, no sé ser divertida, ni ocurrente, ni especial, ni simpática, ni ni ni ni…

Pero, maldita sea, puedo escuchar.

Con esto quiero decir que puedo saber perfectamente lo que me están tratando de decir, lo que ocultan con lo que dicen, leo su cara, su cuerpo, su ropa, sus gestos, sus palabras. Puedo adivinar todo lo que se muestra tras bambalinas, oculto para cada uno casi siempre. Puedo entender su confusión, sus complejos, su cobardía, su dolor, su circunstancia; no sé, tengo una imaginación muy fructífera, sólo en este terreno.

El problema es que me hago cruces con tanta información, me hago demasiadas preguntas… es como si me bombardearan y no supiera qué hacer con ello, no soy psicóloga maldita sea. No me quita el sueño ni nada, pero no sé qué hacer con ello, y mucho menos qué decirles.

El caso es que, a pesar de que en la superficie soy la persona más seria, callada, introvertida, hostil, inadapatada y anexas  (porque en el fondo amo al mundo y me encantan las personas y me gusta tener amigos bonitos, claro; pero pus el pequeño detalle es que ambos aspectos no conviven chido), no saben las historias con que me llegan. De por sí con sólo mirarlos veo muchas cosas, y encima ellos vienen a mi cueva, a mi exilio, y despepitan, soy su maldito bote de basura.

He sabido, sin amistad ni tiempo ni confianzas de por medio (y encima añadan mi cara de pocos amigos que tengo) de violaciones, miedos, rupturas, robos, fraudes, favores sexuales, deudas. Vienen y me entero de las versiones de una historia, X es mala y me hizo esto y aquello; X es un pan del señor y meto las manos al fuego por él. No es que tengan que ser historias de crimen y horror para quejarme, pero ¿hay algo más horroroso que te muestren su vida, su interior, en charola de plata, así nomás porque quieren hablar con alguien, y mira me pasó esto, y me siento así o asá? Y luego sin cobrar ni un quinto, oigan.

Lo que más me trauma, querido bló, y perdón por repetirlo pero es que nomás no entiendo, es que sería lógico si yo anduviera haciendo amiguis a la menor provocación, o me la viviera platicando y chismeando, o interrogara sin piedad acerca de sus vidas y detalles morbosos.

Pero no, yo nun-ca he preguntado nada. Es más, cuando ya me están platicando santo y seña, ni así pregunto, me da pena, me siento una intrusa, me gana la timidez ¿y qué pasa? pues que se sueltan y se sueltan con detalles a más no poder y se siguen como hilo de media y yo maldita sea ¿ahora qué hago?

Confieso que me gusta y se me da esto de la escuchada, no sé qué es primero. Y el morbo es el morbo, cómo no. Y antes de que me digan yo ya lo adivino. Pero no lo entiendo, y lo peor, no sé qué decirles. Porque siento la necesidad de que debería decirles algo, consolarlos, hacerles saber mi comprensión, no sé. ¿Será que lo veo como una cuestión de dando y dando, aunque yo no haya pedido que me den nada? ¿Me siento culpable por saberlo? ¿A fuerzas les tendría que decir algo? Y es este sentimiento e impotencia lo que no me gusta.

Ya perdí la cuenta de todas las veces que me han dicho: “esto sólo te lo cuento a ti, ¿eh?” ¿Debo dar las gracias? Oh, qué afortunada soy; no me digas, me halagas con esta distinción, o ¿qué diablos?

Y está la impotencia de no poder decirles a gusto lo que me encantaría: “pero si tú te lo buscaste, no te quejes. Lo puedes arreglar así o asá, pero claro, nunca te atreverás, porque primero tendrías que enfrentar dos tres cosas sobre ti. Yo sé lo que va a pasar: vienes, te estás desahogando conmigo, y saldrás  a continuar con lo mismo hasta el resto de tus días”.

Y en esta ocasión: “Ya lo sé, ya lo sé, no necesitas decirme nada. Si nada más de verla hace dos años me di cuenta de que le está dando vuelo a la hilacha (diría mi abuela) bien y sabroso, y tú con unos cuernísimos pero claro, estás desesperado porque la necesitas, la necesitas; dices que la quieresquelaamas, pero en realidad sólo te conviene su compañía. Tu afán de poder o de manipulación o tu poca autoestima hizo que te casaras con una cuasianalfabeta que dependiera de ti, y ahora que la mejoraste ya se te fue de las manos, llega a casa y te ve con asco y desdén, porque a diario se codea con hombres mejores que tú (según ella) y todo ha sido por tu culpa, ja. Pensaste que sólo tú la ibas a usar, pero fíjate que no, no resultó tan pendeja como la creíste, ella te usó más, le cambiaste la vida y ahora ella te deshecha a ti. Pero ahora te sientes mal, sufres, quieres terapia de pareja, pero me dices que ella no quiere no quiere, pues claro, porque ya no te quiere ni desea arreglar nada, entiéndelo, ya está a años luz de ti y de tu relación…”

Pero sin poder decirle nada, excepto: “ve con la loquera, ve ve ve ve, si tu esposita no quiere no puedes obligarla, ve tú y te va a servir, pase lo que pase lo vas a necesitar” -Pero es que me dice que… y el otro día, y yo me siento y….  -“AGGGHHHH, cállate, cállate, no necesito ni quiero oír tus dramas, que ya lo sé todo, cállate y ve al diván a hablarlo, no yo no yo no yo, ¿hasta cuándo?”

Bueno pero ya, no pasó a mayores, logré callarlo elegantemente con mi grandioso y atinado consejo, a cada intento de contarme los detalles de su trágica historia yo le repetía mi atinado consejo, shu shu shu.

Creo que el universo me está diciendo a gritos que equivoqué mi vocación. ¿Será tiempo todavía de enmendar, y volverme rica cobrando por lo que ahora hago gratis?

—–

En el mismo orden de ideas, ¿cuántas veces puedo ver la primera temporada de Project Runway sin cansarme?

Acaba de venir un viejo borrachísimo con el clásico de que le robaron su cartera (¿en la cantina de aquí junto?) y que necesita cinco pesos para el pesero. Qué miedo, porque estaba solita y no se quería ir. Puse mi peor cara y me contuve de molerlo a golpes, maldita lacra, cómo me dagan la madre. Ah, sí, que amo al mundo ¿verdad? menos a los viejos alcoholiquines. Los chavitos de prepa que abarrotan la cantinucha pues pasan, pero un viejo alcoholiquín me despierta mis ímpetus nazis.

Jay, el ganador del primer Project Runway, es igualitito a mi hermano, jajaja.

“Fuimos amables contigo sólo porque nos dabas lástima”

Me quedo con la vibra del final de Glee

¿?

Por qué nunca contesto a ¿y cuál es tu tipo?

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Con motivo del grandioso día del amor y de la amistad, balconeo mis gustos a los cuatro vientos. No mis gustos cursis de “es mi amor platónico” ni esas patrañas. Voy a declarar qué clase de sujetos me alborotan la hormona así bien cabrón, me despiertan un deseo irrefrenable y me ponen en celo. Pongo algunos ejemplos, nomás para que se den una idea.

A mí me atrae sexualmente… Mick Jagger. ¿A poco no está bien guapo?

Ya de por sí es discutible que Jagger cumpla los cánones de la guapura, pero así NO es como me gusta. Mmmmh, sí, está guapo, pero equis.

Como me encanta a mí, es así:

Qué mirada, qué personalidad, o sea el tipo ha vivido DE TO DO, talentoso, genial, baila bien sexi…

Qué Brad Pitt ni qué nada, si está horrible, qué diablos le ven. A mí el que me gusta es Benicio del Toro, pero no así:

Sino así:

Y Willie Colón, así no:

sino así:

Y este monito que sale en La ley y el orden, está guapo pero no me alborota:

En cambio así, hormona mata neurona:

Y el papacito de Robert de Niro, uff, guapísimo en sus años mozos y de madurez, guapeeeeeesimo, pero  nada de nada:

En cambio así, que ya está robando oxígeno, no mamar no mamar, me enloquece!

Y esta belleza:

Me atrae horrores así; todo marcado, fregado, hecho trizas; pero ven su mirada, cuánto dolor y sabiduría tiene el pobre y sigue luchando en el diván y su sonrisa…

De aquí, el de la derecha es mi novio:

Y éste:

Y ÉSTE ME ENCANNTAAAAA!!!!!!!!!!!!

Este monito es de los más jóvenes que me gustan:

Podría seguir con más ejemplos, pero ya quedó bastante claro que me gustan ya cuando están en la tercera edad. Ratita dice que yo voy a buscar mis “novios” al geriátrico, se muere de la risa.

Para no sentirme tan mal, finalizo con foto del cuasi único monito que, a pesar de que está joven, me enloquece igual que los anteriores. Es la excepción a la regla, pero es que el maldito tiene una personalidad avasalladora, súper talentoso, inteligente y guapísimo.

Y escogí esta foto porque la monita también está prrreeeeeeeeeeciosa.

Color amarillo

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Recuerdo los días de sol por la tarde entrando por las ventanas, la sensación asfixiante, el calor encerrado, aire comprimido.

Llegar a la casa, abrir las puertas y el calor encerrado golpeándote de frente.

Poner música a todo volumen, sorround invadiéndote, lágrimas dulces.

Imágenes sin palabras de compañía, sensaciones mudas, telarañas amurallando  la bala.

Ves Life goes on, ¿en qué te fijas? en la mamá que escucha, que consuela, que abraza. Ella le cuenta sus penas, sus miedos, sus problemas. Sabe que mamá estará allí para guiarla. Escena: la hija en su regazo, cabeza en el hombro, llorando porque el novio está muriendo de sida, la madre consolando en silencio, sufriendo con ella, sintiendo su dolor, ayudando a soportarlo.

¿Y tú no lo deseabas, no lo pedías a gritos, no llorabas, no reclamabas? No, sólo observaba y escuchaba. Lo deseaba, sí, lo deseaba. Y también no lo deseaba. Porque  sabía que allí no iba a encontrarlo, sabía que mis gritos no iban a ser oídos. Aprendes a darte cuenta de las cosas y a no malgastar esfuerzos. Imagínate el trauma de reclamar y no recibir nada.

No, fue mejor así, de veras. Claro que hay un precio a pagar, pero es menor, y preferible a lo otro.

Me gusta pensar en el futuro. Es inevitable que viva así, no vivo en el presente, ni modo. Me hace ilusión que todo va bien, como debe, con dolor, claro , pero así es la vida, ¿que no?

Y que quizá, continúe así. Y si no, espero tener la fortaleza suficiente para no derrumbarme, y tener Experiencia.

Recuerdos de la travesía

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