Canal RSS

Archivo mensual: diciembre 2010

Invierno

Publicado en

Tres semanas enferma de gripa, estoy harta harta harta. Pero no importa, porque mi vida no ha parado por culpa de la enfermedad, como antes. He salido salido, tuve comida tras comida y cines  y fiestas y reuniones y dos fiestas dos en mi casa en la misma semana. Inauguramos la primera exposición fotográfica del club de pinky y cerebro, estoy de vacaciones aunque no salí a la playa pero no importa…

Salí con Susely, morí de la risa, nos compramos muchas cosas (por fin ya tengo con quien tener salidas de mujeres, mi club de tobi de mujeres (y el “por fin” es porque pues sí, a veces se antoja tener un “con quien”)). Me emborrach{e, reí, hubo botellas rotas en mi casa, cerveza en el piso, cerveza en el sillón,  y no me importó, reí otra vez, grité, se enojaron conmigo por llegar tarde pero tampoco me importó porque volvimos a reír y todo bonito.

Carmen me regaló un libro que pienso leer en cuanto termine Millenium, o sea, pasado mañana. Millenium está bonito, por cierto, bonito. Bonito en el género entretenido, ligerito pero no tanto, para leer en el metro, en la sala de espera del dentista, en la comida, y claro, cuando una está enferma por tres semanas y contando.

En el pueblo ha hecho un frío de la chingada pero ya me lo aguanto, ya no viene de adentro. De hecho, está empezando a gustarme el puto frío, porque puedo ponerme mis gorritos, bufandas, cuellos tejidos, bandas tejidas, guantecitos a juego, botitas, mallitas, abriguitos y anexas  y pensar en la frivolidad frivolidad frivolidad; hasta que Isra me dice “mira, léete El largo viaje”  y lo leo de pasada y entonces el invierno vuelve a ser el invierno, y el frío vuelve a calar hondo y pienso qué habría sido de mí en el invierno europeo, descalza, sin abrigo, sin comida.

Y el mundo vuelve a girar a tu alrededor y piensas en que no es eso, en que más bien es imaginación moral.

Sí, imaginación moral.

 

Porque todo lo que necesitamos es pan, agua y una que otra ilusión

Publicado en

Hace un mes Isra y yo cumplimos seis años de casados.

Qué horror, seis años es mucho tiempo. Y añádele los cuatro anteriores…te has llevado toda mi preciada juventud.

La verdad, no tengo ánimos para ponerme a reflexionar sobre las relaciones de pareja, y el amorts, y el tiempo y la felicidad y el sufrimiento infinitos y la soledad y la fidelidad y todas esas bonitas cosas que vienen cuando cruzas palabra con un alguien y empiezas dizque a conocerse. Tampoco voy a narrar la telenovelesca historia de cómo nos conocimos y cómo nos enamoramos a la orilla del mar y yo sí conozco el amorts y blablabla.

La verdad, he de confesar ( y tú sabrás como tomarlo, tú sabrás cómo lo has tomado todos estos años) que no necesito a Isra y nunca necesité a nadie antes. Al menos no como lo he visto en las demás (sí, mujeres sobre todo): “que no puedo vivir sin él, que pienso en él todo el tiempo, que él sí me quiere, que somos el uno para el otro, que me muero si me deja, que quiero casarme a huevo, que ahora sí me enamoré, que estoy bien pendeja por él porque el amorts EQUIVALE así matemáticamente a estar pendeja y tirarse al drama y llorar y sufrir y sentirnos bien importantes y vivos y todo eso”.

Y bueno, viven unas relaciones así bien intensas que casi me da envidia, y sufren juntos y sufren separados; porque se separan y se pelean y se reconcilian, y cuando inevitablemente todo termina más pronto que tarde, pueden decir muy orondamente “no, pues yo me he enamorado tantas veces”.

Qué hueva.

Justo cuando menos lo necesitaba, llegó Isra, como debe ser. Llegó sin darme cuenta, como debe ser.

Y sigo sin necesitarlo para nada: puedo estar sola veinticuatro por veinticuatro, puedo platicar conmigo ante todo, y después con varios más, tengo un diván con quien elaborar mis problemas en lugar de agobiar a otros pobres mortales (y también tengo un blog para seguir diciendo tonterías sin agobiar a otros pobres mortales), el sexo es facilísimo de conseguir (además ¿quién lo necesita? Y es una lástima que tenga que afirmar que el sexo y el amor son dos cosas muy pero muy distintas y que pueden  y a veces deben no mezclarse. Mujeres, por fa escuchen), puedo salir y viajar sin compañía, yo sola me basto y me sobro para sufrir infinitamente sin motivo y sin ayuda de un otro, no necesito el dinero de nadie más para mantenerme…

Si estoy con Isra es porque se me da la puta gana estar con él. Y punto.

Y si Isra está conmigo, pues también.

Y el día que me necesite con todas sus fuerzas, o sea, el día que todo se joda, pues se irá.

O yo.

Así. Que yo sola me basto para dramas baratos, no necesito gritos ni sombrerazos ni llantos en pareja. (ash, juro que es verdad).

Como sea, sólo los dioses saben por qué y por cuánto tiempo querramos y podamos estar juntos, así que es una maravilla que durante diez años diez, Isra ha querido acompañar mi soledad. Ha sido todo un compañero, como nunca en la vida creí encontrar.

Y ya para terminar, sólo quiero decir: Isra, te lo he dicho una y mil veces, y quiero dejar constancia por acá. Si me vas a dejar algún día,  apúrate por todos los dioses, que sea ya por favor, ahora que todavía doy el gatazo y no en diez años cuando esté más vieja y más gorda y más amargada y nadie me quiera.

Ya en serio, gracias, Isra. ¿Queda claro cuánto te quiero? Es que ya ves, mi manera disfuncional de querer…