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Archivo mensual: enero 2011

Miscelánea

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Me siento muy pero muy cansada. Susely está enferma por enésima vez (si no es ella soy yo) y por lo tanto no he ido al gimnasio (si no va ella no voy yo, osh, necesito que me arreen para levantarme en la madrugada, si no, no) y por lo tanto ando con la pila hasta abajo muerta de sueño todo el día.

Aquí lo único que pude ver de las ofrendas en el zócalo el año pasado. Era un mar de gente horrible, por poco me da el ataque de pánico. Salí inmediatamente antes de que muriera aplastada.

Además, me están dando masajes en todo mi cuerpecillo, me mancillan durante dos horas dos, lo que me deja más somnolienta y despistada que nada. Eso de que te bajen el estrés de la espalda es algo inusitado e inhumano. Necesito mis nudos y contracturas de regreso.

Me encantan mis zapatitos. Es el de la derecha, claro.

Tengo que estar cambiando intermitentemente de fonda a la hora de comer. ¿Por qué no puede uno ir a comer y ya? Comes y te vas. Pero no. Por ejemplo, en la fonda donde he ido últimamente, el monito que atiende: “¿qué pasó, señorita? ¿No le gusta la lechuga, verdad? Nada más comió una tortilla. ¿Ya a la escuela? ¿Nada más estudia entre semana o también los fines? Porque no trabaja, ¿verdad? ¿En qué canal quiere que ponga la tele? ud. dígame…” Una tortura que mis jetas antipáticas o mi interacción con el celular nomás no logran aminalar. Ya estaba yo resignándome a volver a buscar un nuevo lugar, pero hoy que fui según yo por última vez, después de pagar que me dice “espéreme, señorita” y que corre y que regresa con una mandarina en mano “tenga, están muy dulces, se la regalo”. Todavía tengo sentimientos, y las mandarinas dulces me gustan mucho, por el momento seguiré comiendo allí.

Quiero un bar así en mi casa.

El libro Déjame entrar está muy bueno. Esa sí es una historia de vampiros y no mamadas. Con la violencia de trasfondo, esa violencia tan bonita y sórdida que se da en los países primermundistas con climas acogedores como Suecia, Noruega, Dinamarca: violaciones, esclavitud sexual, trata de blancas y de menores, hostigamiento escolar, discriminación, racismo, violencia intrafamiliar y anexas. Y me enteré de algo que de veras no sabía ni me imaginaba: a los niños que prostituyen, sus dueños les mandan sacar la dentadura. Les mandan sacar todos los dientes, para que puedan hacer mejores mamadas. Y que la biblioteca pública de ¿Suecia? (es que ya no acuerdo si es Suecia o Dinamarca) es donde hay más niños prostitutos: vas, entras, y en los baños contratas servicios sexuales.

Y acabo de ver la película versión gringa, y no está nada mal. Pero nada como el libro, claro.

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Souvenir

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Muchos judíos sobrevivientes de los campos de concentración termninaron suicidándose. Wiesel ponía que lo peor de todo no era lo vivido, sino que nadie más podía comprender lo que habían sufrido. Que por más que lo contaran, nadie podía siquiera imaginarse lo pasado, dejándolos en una horrible soledad, retorciéndose en su dolor. Que eso es lo que más les jodía y entonces se suicidaban.

Porque a veces, escuchar no basta. POrque a veces, contar no basta.

De todos modos, te regalo estas imágenes, de Jorge Semprún:

“La historia de los niños judíos, de su muerte en la gran avenida del campo, en el corazón del último invierno de aquella guerra, esta historia jamás contada, hundida como un tesoro mortal en el fondo de mi memoria, royéndola con un sufrimiento estéril, tal vez ha llegado ya el momento de contarla, con esa esperanza de la que estoy hablando. Quizás haya sido por orgullo que nunca he contado a nadie la historia de los niños judíos, llegados de Polonia, en el frío del invierno más frío de aquella guerra, llegados para morir en la amplia avenida que conducía a la entrada del campo, bajo la mirada tétrica de la águilas hitlerianas. Tal vez por orgullo, como si esta historia no incumbiera a todos, y sobre todo a esos adolescentes que hoy tienen dieciséis años, como si yo tuviera el derecho, incluso la posibilidad, de guardármela para mí durante más tiempo. Es verdad que yo había decidido olvidar. Está bien, ya lo había olvidado, ya había olvidado todo, a partir de ahora ya puedo recordarlo todo. Es decir, que ahora, tras estos largos años de olvido voluntario, no sólo puedo ya contar esta historia, sino que debo contarla. Debo hablar en nombre de lo que sucedió, no en mi nombre personal. La historia de su muerte (…) en nombre de esta misma muerte.

Los niños judíos no llegaron a medianoche, como nosotros, llegaron bajo la luz gris de la tarde.

Era el último invierno de aquella guerra, el invierno más frío de esta guerra cuya suerte se decidió en medio del frío y de la nieve. Los alemanes habían sido expulsados de sus posiciones por una gran ofensiva soviética que se desplegaba a través de Polonia, y evacuaban, cuando tenían tiempo,, a los deportados que habían reunido en los campos de Polonia. Nosotros, cerca de Weimar, en el bosque de hayas por encima de Weimar, veíamos llegar, durante días y semanas, aquellos convoyes de evacuados. Los judíos de Polonia llegaban apiñados en vagones de mercancías, cerca de doscientos por vagón, y habían viajado durante días y días sin comer ni beber, en el frío de este invierno que fue el más frío de aquella guerra. En la estación del campo, cuando se abrían las puertas correderas, nada se movía, la mayoría de los judíos había muerto de pie, muertos de frío, muertos de hambre, y era preciso descargar los vagones como si hubiesen transportado leña, por ejemplo, y los cadáveres caían, rígidos, en el andén de la estación, donde los apilaban para llevarlos después por camiones enteros directamente al crematorio. Pese a todo, había supervivientes, había judíos todavía vivos, moribundos en medio de aquel amontonamiento de cadáveres congelados, pegados a menudo unos a otros por sus ropas rígidas y heladas, se descubrió a un grupo entero de niños judíos. De repente, en el andén de la estación, sobre la nieve y entre los árboles cubiertos de nieve, apareció  un grupo de niños judíos, unos quince más o menos, mirando a su alrededor con cara asombrada, mirando los cadáveres apilados como troncos de árboles ya podados y amontonados al borde de las carreteras, esperando ser transportados a otro lugar, mirando los árboles y la nieve sobre los árboles, mirando como sólo miran los niños. Y los de las SS al principio parecían molestos, como si no supieran qué hacer con aquellos niños de ocho a doce años, porco más o menos, aunque algunos, por su extrema delgadez  y la expresión de su mirada, parecieran ancianos. Se hubiera dicho que, en primer lugar, los de las SS no supieron qué hacer con estos niños y los reunieron en un rincón, tal vez para tener tiempo de pedir instrucciones, mientras escoltaban por la gran avenida las escasas decenas de adultos supervivientes de aquel convoy.  Y una parte de aquellos supervivientes todavía tendrá tiempo para morir, antes de llegar a la puerta de entrada del campo, pues recuerdo que se veía a algunos de estos supervivientes derrumbarse en el camino, como si su vida latente en medio del amontonamiento de los cadáveres helados de los vagones se apagara de repente, algnos caían de repente muy rectos, como árboles fulminados, de bruces sobre la nieve sucia y en ocasiones fangosa de la avenida, en medio de la nieve inmaculada sobra las altas hayas estremecidas, otros cayendo de rodillas primero, haciendo esfuerzos para levantarse, para arrastrarse todavía unos metros más, quedando finalmente tendidos, con los brazos estirados hacia adelante, con las manos descarnadas arañando la nieve, se hubiera dicho  como en una última tentativa  de arrastrarse unos centímetros más hacia aquella puerta de allá abajo, como si aquella puerta estuviera al final de la nieve y del invierno y de la muerte. Pero al final, sólo quedó en el andén de la estación esta quincena de niños judíos. Las SS regresaron en tromba, entonces, como si hubieran recibido instrucciones precisas, o tal vez les hubieran dado carta blanca, quizá ya les habían permitido improvisar la manera en que iban a matar a aquellos niños. De todas formas volvieron en tromba, con perros, se reían estrepitosamente, se gritaban bromas que les hacían estallar en carcajadas. Se desplegaron en arco de círculo y empujaron ante ellos, por la gran avenida, a aquellos quince niños judíos. Lo recuerdo, los chavales miraban a a su alrededor, miraban a los de las SS, debian de creer al principio que les escoltaban sencillamente hacia el campo, como habían visto hacer con sus mayores unos  momentos antes. Pero los de las SS soltaron los perros y empezaron a golpear con las porras a los niños, para obligarles a correr, para hacer arrancar esta montería por la gran avenida, esta caza que habían inventado, o que les habían ordenado organizar, y los niños judíos, bajo los porrazos, maltratados por los perros, sin ladrar ni gruñir, pues eran perros amaestrados, los niños judíos echaron a correr por la gran avenida hacia la puerta del campo. Quizás, en aquel momento, no comprendieran todavía lo que les esperaba, quizá pensaran que se trataba solamente de una última vejación, antes de dejarles entrar al campo. Y los niños corrían, con sus enormes gorras de larga visera hundidas hasta las orejas, y sus piernas se movían de manera torpe, a la vez lente y sincopada, como cuando en el cine se proyectan viejas películas mudas, o como en las pesadillas en las que se corre con todas las fuerzas sin llegar a avanzar un solo paso, y lo que nos persigue está a punto de alcanzarnos, nos alcanza ya, y nos despertamos en medio de sudores fríos, y aquello, aquella jauría de perros y de miembros de las SS que corría detrás de los niños judíos bien pronto devoró a los más débiles de entre ellos,, a los que sólo tenían ocho años, quizás, a los que pronto perdieron las fuerzas para moverse, y que eran derribados, pisoteados, apaleados por el suelo, y que quedaban tendidos a los largo de la avenida, jalonando con sus cuerpos flacos, dislocados, la progresión de aquella montería, de esta jauría que se arrojaba sobre ellos. Pronto no quedaron más que dos, uno mayor y otro pequeño, que habían perdido sus gorras en la carrera desesperada, y cuyos ojos brillaban como reflejos de hielo en sus rostros grises, y el más pequeño comenzaba ya a perder terreno, los de las SS aullaban detrás de ellos, y los perros también comenzaron a aullar, pues el olor a sangre les volvía locos, y entonces el mayor de los niños aminoró la marcha para coger de la mano al más pequeño, que ya iba tropezando, y recorrieron junto unos cuantos metros más, la mano derecha del mayor apretando la mano izquierda del pequeño, rectos, hasta que los porrazos les derribaron juntos, con la cara sobre la tierra y las manos unidas ya para siempre. Los de las SS reunieron a los perros, que gruñían,  y rehicieron el camino al revés, disparando a bocajarro una bala en la cabeza de cada uno de los niños, caídos en la gran avenida, bajo la mirada vacía de las águilas hitlerianas.”

Jorge Semprún, El largo viaje, Tusquets, pp. 166-169

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Tengo una idea.

No, no es cierto.

“Tengo una idea”

Qué triste…

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Una amiga acostumbra decir para toda situación adversa, incómoda, enojosa y así: “qué triste”.

En vez de decir “qué mal”, “qué feo”, “horrible”, “asco”, “qué desgracia”…

Nunca había escuchado esa frase así, como muletilla; y nunca se me había ocurrido usarla.

Y pensándolo, tiene razón, todo es, en el fondo, triste.

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Ya hasta miedo da escribir un texto largo, sobre todo cuando “largo” quiere decir más de 140 caracteres.

Con eso de que ahora la extensión es pecado capital.

Lo peor es que “extensión” no equivale a “desmesura”.

¡Ábrete un blog!

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Ok, ahí tienes que una monita tiene 20 años de relación con un monito, viviendo juntos. Tienen 42 años de edad. Relación cláaaaasica: el monito la trata de la chingada, la engaña intermitentemente, se han separado varias veces, cuando los ves por la calle ni te imaginas que están juntos: cada quien va en su rollo, mirando hacia lados diferentes y con cara de tensión a mil.

Pero ese no es el punto.

La monita, claro, está amargada y no pierde ocasión de derramar su bilis pero además, claro, siempre habla en primera persona del plural, dejándote bien claro que su vida en pareja es sólida, hermosa, rosita, madura, moderna y anexas. Dejándote en claro que cuando amas, ya no hay un “yo” sino un “nosotros”. Por favor.

Sí sí, las palabras lo son todo, pero no en el sentido obvio. Es más que los pronombres que uses.

Pero ése no es el punto.

El punto, creo, es que ella no lo sabe y yo sí.

El punto es su sonrisa bobalicona y a la vez de autosuficiencia.

Y claro, cuando ya no puede tapar el sol con un dedo y el monito la engaña con una niña del servicio social, en el mismo lugar del trabajo, y el monito invita a la niña a comer a la casa de la pareja y todos se enteran y empiezan a regodearse y el monito no sólo no lo niega sino que le anuncia que la va a abandonar porque ya se enamoró y la deja sola y se pasea muy orondo con el pueblo con la niña, regalándote otra escena cláaaaaaasica: el cuarentón en plena crisis de edad cogiéndose a la niña apenas veinteañera.

Clásico y comprensible: hasta yo, a los cuarentaitantos, me cogía a una niña de veinte, la verdad.

Y hasta yo, a los veinte, también me hubiera cogido a un deliruco. Pero no casado. Eso de andar con un mono casado como que sí es de muy mal gusto, la verdad. Y conste que no lo digo como mujer casada, lo digo en el papel de hipotética veinteañera. Es de pésimo gusto cogerte a un monito casado. Y es de peor gusto que un mono casado te coja.

Pero ése no es el punto.

 Yo, lo que es enterarme enterarme, no me entero de nada. Lo que sé es por los rumores que todomundo comenta y porque me vienen con el chisme terceras personas. Pero como ella gracias al cielo no me ha dicho nada, pues en teoría yo no sé nada, ¿verdad?

El punto es que ella se lo cuenta a todomundo, menos a mí, pero da por descontado que yo ya lo sé con pelos y señales, da por sentado que su vida me interesa y que el chisme me interesa (bueno, sí)  y que yo debo saber lo que todomundo sabe.

Pero el caso es que yo  no lo sé, y además, no puedo aceptar que lo sé porque ella no me lo ha dicho. Entonces pues yo como si nada pero ella cada vez que me ve viene y pone su cara  y porta la banderita de yo-soy-la-protagonista-del-drama y te suelta frases como: “Con lo que me pasó”, “después del año que tuve” “ya no me puede ir peor”, “bajé de peso por las penas”, “no tengo ganas de salir porque veo a las parejitas tomadas de la mano” y así. Y a mí no me queda más que hacerme la occisa (más), sonreír estúpidamente “no sé de qué me estás hablando y además ni me interesa”, no morder el anzuelo y dejar que vaya con otra persona a contar santo y seña de su desgracia, capítulo miluno.

El punto es que, como sea, por más que me haga la occisa, ya me enteré. Para la otra me arranco orejas y ojos.

Y entonces ya lo tienes en tu cabeza, un dato más, una anécdota más, una patética más. Y ella instaladísima en su papel me lo restriega en la cara exigiendo una respuesta que nunca va a encontrar.

La confusion que me causa. ¿Es acaso un grito desesperado?

¿Es inconciencia?

¿Es incompetencia social? (Aquí yo soy la primera en ignorar qué diablos quiere decir “incompetencia social”.

Lo que sí me gustaría preguntarle: ¿Neta no tienes nadie con quién hablar?

¿NO tienes un “a quien más confianza le tengas?

Porque, como sea, está viviendo un duelo, eso que ni qué.

El punto, creo yo, es saber el momento y el lugar y las personas para cada cosa. Y es totalmente lastimoso que compartas tus duelos sentimentales con los compañeros de trabajo (¡Con los compañeros de trabajo, por dios!!!!!) y con cualquiera que se te ponga enfrente.

Monita, neta: págate un psicólogo, consíguete un amigui de confianza que no sea del trabajo, por supuesto, o ya en la desesperación, te lo digo yo: ábrete un blog, si vieras que es re fácil, man’ta.´

Sirve que no le haces daño al prójimo ni andas causando lástimas. Bueno, sí causas lástimas pero no en tu entorno inmediato, lo cual te da dos puntos de ventaja y dos centavos de dignidad. Y así, usas los internets para seguir manteniendo  lo público y lo privado en sus respectivos cajoncitos.

100

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Recuento de 100 cosas e ideas del último año, buenas, malas, equis, banales, curiosas, vergonzosas y anexas.

1. Fui al desierto. Con “desierto” quiero decir desierto en serio. Días sin bañarme, dormir a la interperie, comer frutas secas, correr peligro en serio y así.

2. Entré a estudiar fotografía.

3. Mi primera exposición de fotografía.

4. Once meses sin enfermarme de gripa (ash, hasta diciembre, que me enfermé todo el mes).

5. Abrí mi twitter. Osh

6. Reactivé mi cuenta de facebook. Osh

7. Entré a la edad adulta adulta por cronología que no perdona. No sé si llene el paquete, pero ya soy adulta adulta me guste o no.

8. Por lo tanto, ya me llegó la crisis de la edad.

9. Por lo tanto, ya me siento anciana al borde de la muerte.

10. Por lo tanto, ya veo el final cerca.

11. Por lo tanto, veo todo desde otra perspectiva. ¿cuál? no sé exactamente, pero definitivamente es otra y ya no hay marcha atrás.

12. Salí de mi zona de confort.

13. Por lo tanto, cada minuto quiero regresar a mi mundillo, pero algo me dice  “mejor no” y yo digo “que sí” y así transcurrió el año pasado.

14. ¡Ya tengo amiguis amiguis en el pueblo! La verdad, confieso que me causa mucha alegría. Sí, ya sé que aquí he dicho hasta el cansancio que odio a la gente y blablablá pero también amo a unos poquitos que de vez en cuando encuentro. Y sucede que pasaron años sin que encontrara a nadie en el pueblo y confieso que eso me amargaba todavía más, porque aunque presumo de que me gusta estar sola, ese “estar sola” se disfruta más cuando no es forzado, cuando puedes contestar:”ah, no puedo, ah, estoy ocupada, ah  mejor otro día”.

15. Pues sí, como iba diciendo, ya tengo amiguis amiguis en el pueblo, y no sólo conocidos.

16. Ah, y debo aclarar que mis amiguis amiguis (que son varios, más a mi favor) NO son del pueblo, todos son del defe.

17. Por lo tanto, sigue en pie mi odio hacia los pueblerinos y sigo afirmando que son gente odiosa, hostil, ignorante y primitiva (lo que sea que esto signifique).

(18. Aun así, prometo dejar de renegar tanto del pueblo. Total.)

19. Por lo tanto, salí en compañía no solamente en el defe sino también en el pueblo.

20. Y de entre esos amiguis, tengo una amiguis amiguis amiguis mujer, esa sí pueblerina (tómala), cosa que nunca antes en mi vida había tenido.

21. Por lo tanto, ya tengo con quien hablar temas “de mujeres”, ya tengo con quien salir de compras, ya tengo con quien platicar temas trascendentales como: ropa, qué bien te queda esa sombra-dónde te la compraste-vamos te acompaño a la tienda-vamos acompáñame al baño-qué cólicos tengo maldita sea-es que fíjate que puaj- hombres, tacones, dietas y demás.

22. Calma momentánea con la loquera.

23. Luz tenue al final del túnel en el terreno de los planes a mediano plazo.

24. Las personas nunca dejan de sorprenderme.

25. Personas aparentemente interesantes se convierten en gentuza odiosa, arrogante y farolera. Y viceversa.

26. Puse dos centímetros de pie en el mundo de la tecnología.

27. Conocí a Dania. Mención aparte sí. Dania Santos, guguléenla, gran artista y sabia persona. Maravillosa y auténtica. Y me pidió mi teléfono y me exigió que nos habláramos y que nos viéramos. La amo.

28. Conocí a un gran maestro de foto. Hito en mi vida. Valió lo que cien sesiones de loquera. Gracias, de Stefano.

29. Fui aquí y fui allá.

30. Tengo casa huevo nueva. Que no puedo habitar ni en sueños porque solamente cabe medio clóset pero ya tengo dónde caer muerta, dado el caso.

31. Ya no me jode tanto verme al espejo.

32. Quiero más jagendaz.

33. Arrumbé mi ipod nueva.

34. Hubo fiestas en mi casa.

35. Por lo tanto, mi casa ya tiene pinta decente; si me apuro, podría estar inmaculada, lista para recibir visitas en cualquier momento.

36. Me desconocí muchas veces.

37. Me compré mi máquina de coser.

38. Le saqué más provecho a mi máquina de coser.

39. Tuve todas mis tardes ocupadas, a diferencia del 2009, cuando tuve todas mis tardes desocupadas.

40. Fui más al cine.

41. Mi amargura bajó dos rayitas.

42. POr lo tanto, reí más.

43. Por lo tanto, tengo más arrugas.

44. Por lo tanto, mi colección de cremas y menjurges creció bárbaramente.

45. Quise una bici y quiero una bici.

46. Por fin concluyeron la construcción de la ciclopista enfrente de mi casa, por lo tanto quiero quiero quiero una bici.

47. Repuntó mi actividad lectora. Un poquitín.

48. Me compré una aspiradora. Sin embargo, uso escobas.

49. Tuve (tengo) dos casi tres amigos en el trabajo. Es lo que yo considero todo un acto de rebeldía: amistad en el trabajo, sobre todo en el trabajo que tengo.

50. Me dieron ganas de fumar. Incluso soñé que fumaba habitualmente, pero la verdad nunca me gustó fumar y nunca he fumado, así que no le encuentro el sentido al repentino deseo.

51. Aprendí que debo defender mi obra cual perro rabioso, con prepotencia y descaro si es necesario, con groserías de por medio si es necesario. Osh.

52. ¿Por qué no estamos solos, maldición, por qué siempre alguien se interpone, por qué por qué?

53. Neta, me llevé muchos fiascos, neta neta. Y luego no quieren que cunda la desconfianza y el desencanto y el pesimismo y los prejuicios.

54. ¿O sea, neta sabes de moda y te gusta la moda y además, dictaminas sobre moda? Y no hablo en absoluto de tu ropa ni mucho menos, es que mírate la piel por dios, todo empieza con la salud y la higiene. Te regalo un espejo. Pum, moral hasta el suelo, no caigo de la sorpresa.

55. O sea ¿neta todos te quieren ligar en la calle? Cu cu cu cu. Moral otra vez hasta el suelo, no caigo de la sorpresa. Mundos paralelos.

56. O sea, ¿neta fue toda una noticia enterarte en pleno 2010 sobre los abusos que sufren los centroamericanos cuando cruzan nuestro país? Cu cu cu cu. MOral hasta abajo, ¿en qué mundo vives, y por qué tanto alboroto alrededor tuyo?

57. O sea, ¿neta eres el dios de las reuniones, el dios de las reseñas, el dios de la conversación? Sí, ya vi por qué, moral hasta abajo, desolación infinita.

58. O yo necesito lentes o de veras el mundo es muy diverso.

59. Empecé a entrenar diariamente a las seis de la mañana.

60. Por lo tanto, levántome antes de las seis de la mañana.

61. por lo tanto, me desconozco.

62. Neta hacer ejercicio a las seis de la mañana es un crimen colosal, sobre todo en invierno con el termómetro del coche marcando -2 grados. HOrrible.

63. En mi camino al gimnasio, descubrí que hay más locos que yo, que entrenan a esa hora en pleno parque, con el frío y el viento desalmados que hacen aquí en el pueblo. Locos.

64. Efectivamente, también informo que hacer ejercicio en la madrugada y antes de desayunar tiene efectos positivos inmediatos.

65. De no tener cámara digital en absoluto, pasé a tener una compacta que luego ya no tuve y después otra mejor que la anterior y planeo comprarme algún día una profesional.

66. Me dijeron muchas cosas bonitas muchas, pero casi no cuenta porque yo nunca me las creo y me cohíbo horrible, pero de que lo dijeron, lo dijeron.

67. El pueblo está creciendo mucho. Mucho. Me da miedo.

68. Casi nunca cociné.

69. Sin embargo, comí mucho y disfruté mucho.

70. Gente que me sulfuraba, ahora me da como lastimita. Espero que la próxima parada sea la indiferencia o la compasión cristiana. O no.

71. Por el demoníaco Feisbuc, contacté a los amiguis de la prepa. Y nos vimos nuevamente y contra todo pronóstico, fue muy bonito. Todos hemos madurado, todos tomamos caminos muy diferentes y todos congeniamos sin problema.

72. De esos reaparecidos de la prepa, uno se ha convertido en amigui amigui, después de tantos años de no vernos. Hablamos, nos vemos, chateamos, y salimos. Bonito, la verdad.

73. También reapareció mi amigui Salomón de la facultad. Con él intercambio mails, porque no le interesan las redes sociales (bendito él). Y en esos mails le puedo contar todo lo que yo quiera, como antes, y él me contesta cosas bien bonitas.

74. Salomón es de las personas que ya no hay y que antes casi no hubo. Es como de otro tiempo y otro mundo. Es la mar de gentil, amable, te escucha, siempre tiene las palabras adecuadas, te sientes la más comprendida cuando él te escucha.

75. Los achaques de la edad ya están apareciendo para quedarse.

76. Estoy empezando a sentir mi hogar como mi hogar.

77. Mari.

78. P. Con P. me pasó algo que tuve que hablar con la loquera y entonces salieroncosas muy muy fuertes pero estuvo bien porque supe que la cosa no iba con P y entonces empezó a nacer una nueva amistad. Qué cosas.

79. Me sentí muy vulnerable.

80. Rompí récord en uso excesivo del coche, pero es que el pueblo no está hecho para caminar, y menos para que una mujer camine.

81. Descubrí que me gustan ciertas combinaciones cromáticas que nunca antes hubiera considerado.

82. Relax

83. Hice planes con S. que la verdad, no es que sea pesimista, pero en el fondo no creo que llevemos a cabo. Pero dejemos que ella se ilusione.

84. Dejé de sentir ese frío medular tan feo. Ahora, si me abrigo bien, dejo de sentir frío y punto. Antes con nada podía combatirlo.

85. Me divierto aplicándome sombras moradas y negras y brillantes.

86. Casi nunca perdí tiempo frente al reflejo.

87. No lo he superado.

88. Secretos secretos secretos.

89. Ah, También con N hay empatía y cartas de por medio. Y el caso de que mencione los nuevos encuentros que llegaroon para quedarse es que, a diferencia de antes antes, ahora me gusta. Sí, señor, ahora empiezan a agradarme los encuentros sinceros.

90. El cabello volvió a crecer, aunque se estacionó y ya no quiere seguir creciendo.

91. Pues sí, acepto que hice muchas cosas, algunas productivas.

92. Pero pude haber hecho el doble.

93. Ok, prometo hacer el doble.

94. Y ya.

Finalmente no fueron 100, pero casi.