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Archivo mensual: febrero 2011

Soy profeta

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En estos días de libertad tengo que:

-Renovar mi pasaporte

-Ir al doctor por mis infinitos males (el último: me salió una mancha horrible en la mano. Y yo digo: o es cáncer, o mi hígado ya no sirve y me lo tienen que trasplantar, o es lepra, o es vitiligo) Por lo tanto, no quiero ir al médico. Por lo tanto, me imagino cosas más horribles y menos quiero ir al médico.

-Hacerme análisis por autoreceta. Pero aplica el punto anterior: tengo miedo de que salgan los resultados más aciagos, y no me los hago. Si, por otro lado, sale todo bien como siempre, en vez de calmarme, me angustio todavía más, porque entonces pienso que lo que tengo es tan grave y enigmático que ni los análisis convencionales lo detectan. Me angustio y pienso que tendría que ser  millonaria para irme a Houston y hacerme los más especializados análisis, y ahí sí que saldrían todos los males que tengo.

-Arreglar mi cuarto

-Ordenar y depurar mi closet

-Hacer arreglos a la ropa que necesita costuras, bastillas, enchuladas.

-Leer

-Renovar el celular arcaico de Ratita

Preveo que no haré nada de lo anterior.

 

"…donde las caras van a nacer cuando las mire"

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Llevo algunos meses escuchando un programa de radio que me bajo del itunes: Dispara Margot Dispara. Es uno de mis programas favoritos. Como no todo el día ni todos los días tengo acceso a internet, de pronto se me atrasan los programas, pero me gusta bajármelos de a montón y escucharlos de a montón también. Es tan chistoso e irreverente. La entrada la grabó mi novio Jaime López y hace referencia a un programa o radionovela viejita y el conductor es Sergio Zurita, un tipo que es una enciclopedia con patas de la “cultura contemporánea”, mamucón pero acertado la mayoría de las veces, escritor y dramaturgo, pero sobre todo, con un sentido del humor increíble. De verdad, el sentido del humor es tan poco valorado y tan desconocido y tan poco practicado y tan triste en el fondo. Zurita mismo dice que, en vivo, es el tipo más aburrido, grisáceo e incómodo del mundo. Le creo.

No sé cuál era el punto del post, iba por el humor y la tolerancia y la hipocresía y la estupidez y la doble moral. Algo así.

El caso es que acaban de abrir en el df el museo de la tolerancia, con salas interactivas y un vagón original de los que transportaron a judíos a los campos. Y grabaciones de ejemplos de intolerancia. Y entre esas grabaciones, pusieron un fragmento de Dispara Margot Dispara.

Como si nadie entendiera el humor hoy en día cuando hoy es cuando menos en serio se toman todas las cosas.

“Tolero esto” “tolero aquello” encierra una superioridad moral, un facismo encubierto, una nariz oliendo caca, un gesto de condescendencia barata.

Si al menos se dieran cuenta…

Podría suceder

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Diario de fiestas región cuatro.

Volví a casa a las cuatro y media am, cumplí con mis obligaciones maritales, y dormí.

 

"La continuidad no está asegurada por la memoria, sino por un proyecto"

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¿En serio? ¿Un intercambio por el 14 de febrero entre los compañeros de trabajo? Pobres, esta vez sí que me dieron ternurita y lástima. Y todavía se atreven a invitarme. Que porque es “entre todos”. O sea, disculpa mi ingenuidad, pero: se pelean como la gentuza de vecindad que son, se insultan, se apuñalan por la espalda, se la viven entre chismes, se ponen el pie, se desean lo peor; y ¿un intercambio de regalos entre todos?

Por favor

Y luego, si yo, que procuro tener tantito sentido común en mis finanzas, y por lo tanto hasta la fecha de hoy no sé lo que es vivir endeudado y no he hecho uso del montepío nunca en mi vida; si yo, como decía, considero un verdadero desperdicio gastar más de diez pesos en regalarle algo a alguien que no sea a quien ame con locura (que no sea yo, o sea casi nunca), ¿cómo es que estos pendejos-muertos-de-hambre vayan a gastar lo que no tienen ni nunca tendrán (diez, veinte, cincuenta pesos) en regalar algo a alguien a quien consideran más un obstáculo en su lucha diaria por comer un plato de frijoles que un compañero de trabajo, ya no digamos un “amigo”?

Por favor

"Meter los cinco dedos en el vaso de leche para sacar un pobre pelito."

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Todos saben que la fiesta es en mi casa. Empiezan a llegar, todo de maravilla, siguen llegando y todos felices. Llega fulanita con la superchairacuarentona. La superchairacuarentona y yo ya hemos coincidido en varios lugares, nos han presentado, nos saludamos de besito, ya he ido a su casa. Ok, llegan. Les abro la puerta, “pasen, por aquí” etc. Fulanita me dice: ¡Ay, qué grande es tu casa! Pasan, sigue la fiesta, jijiji, jajaja. Lo que necesitan, pues me lo piden a mí: que si puedo pasar a tu baño, que donde ponemos el hielo, que tengan cuidado con el librero de R, que no pongan ahí los vasos, que si podemos conectar el ipod a tu componente y así.  Y entonces llega la hora que la superchaira anuncia su partida. Se despide, la acompaño a la salida, y al abrirle la puerta, que me dice con cara de fingida sorpresa: ¿ah, qué tú eres la de la casa?!!

Ay no mames

En las siguientes ocasiones en que la chaira y yo coincidimos, ya no me saluda.

Ay, por favor, no mames.

Como el pendejo que, ante la invitación de ir a tomar unos tragos con el chingonsísimo de A., se rehúsa exclamando: “¡ay no, yo no voy porque se ve que ese güey ha de ser bien fresa!”

Que no se te olvide

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La nota que recibiste de tu primer pretendiente

El primer diario que tuviste y que escribías en la madrugada, junto a tu ventana, a la luz de la lámpara de la calle.

Tu primer amiga

El pantalón con hojas grabadas en la tela.

Las gemelas que te rogaban que fueras novia de su amigo.

El chico que te encantaba en la secundaria. ¿Sergio? ¿Francisco? ¿Javier? No, ya olvidaste su nombre. Era guapísimo, con la mirada más profunda que hayas visto.

El único rubio que te ha gustado.

Y luego desapareció. Que porque mató con una pistola. Por la espalda. Sí, quienes te lo contaron hacían énfasis en que fue “por la espalda”.

Debió tener cuando mucho quince, dieciséis años.

Un asesino.

Un asesino fugitivo con la mirada más triste del  mundo.

 

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¡Ya me acordé! Se llama o llamaba Raúl. Raúl Raúl Raúl Raúl Raúl Raúl