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Archivo mensual: abril 2011

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El mundo está vivo y nada vivo tiene remedio y ésa es nuestra suerte.

Roberto Bolaño

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Yo (corazón) la ciudad

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En estos días de no-vacaciones, o sea, como cualquier otra fecha del año, voy al df, ¡qué novedad!

Lo diré hasta el cansancio: adoro la ciudad, sobre todo sus rincones, donde está el bullicio, lo antiguo, la vida, el acelere, el pasado, las raíces.

Ratita me dejó sola en la acondesada calle de Madero y alrededores, a pleno mediodía, con el sol quemante, y me dije ¿qué haré? Ratita pensó que iría a aplastarme a un café, por aquello de que no me gusta caminar (sufro de pies defectuosos que no me dejan caminar mucho sin sufrir espeluznantes dolores, use los zapatos que use), y por aquello de que el sol me causa insolación.

Pero no, insolándome y todo, decidí caminar hacia la Merced, atrás de la Soledad, esos rumbos todavía olvidados por Slim, que una vez pisas sus calles te ves transportada a las películas tipo Aventurera.

Así que caminé y caminé, cámara no compacta en mano, vestidazo turquesa, gafas oscuras y mucha determinación. ¿Y si me insolo? ¿Y si mis pies se rinden a medio camino? ¿Y si me arrebatan mi cámara? ¿Y si me reclaman que tome fotos? No importa, con todo y miedillo seguí caminando.

Llegué a la antigua Merced, ahora abandonada, con algunos puestecillos alrededor. Me gusta mucho ese lado del Centro, esas calles, esa suciedad, la peste, la gente.

Estuve un rato sacando fotos en ese lugar, hasta que se me acercó Francisco Javier, y me platicó todo sobre el lugar:

Me dijo que es originario de Cumbres de Maltrata, que llegó hace mucho tiempo, que trabaja en la coca cola (entendí que les ayuda al camión de la coca cola que llega a surtir a los puestecillos de alli, por unas cuantas monedas), que también les ayuda a los de los puestos, que a veces le dan dinero, a veces le dan de comer, que el otro día le dieron dos tacos de maciza y otro de nomeacuerdo; que antes hasta allí llegaban los canales desde Xochimilco, que a dos cuadras había una terminal de autobuses que todavía estaba hasta hace quince años. ¿Vives aquí? le pregunté. Me dijo que sí:  que tomaba el metro, se bajaba en Cuatro Caminos, tomaba una pesera hacia no sé dónde y ahí vivía con sus ocho hermanos y su mamá. Que ahorita está juntando dinero para su mamá que está enferma, que cuarenta pesitos que le llegan a dar en los puestos.

Antes que yo lo hiciera, él me preguntó mi nombre. Se presentó. Tiene los ojos más bonitos y tristes que he visto, lástima que no salieron en la foto. Lástima que la tomé a escondidas, lástima que me dio pena pedirle que posara, lástima porque seguro hubiera aceptado gustoso. Sonreía todo el tiempo.

Seguí caminando. Me gustan las ventanas.

Llegué a una plazuela donde las familias del lugar conviven en franca felicidad, tomados de la mano, los niños corretean, todos te sonríen. No sé ni qué plazuela es, yo camino a lo tonto y me pierdo apenas doblar la esquina. Ya, pero lo que quería contarles es que hace poco ya había ido allí, y los edificios son viejísimos, se ve que eran cantinas, restaurantes, cafeterías. Y todos tenían la pintura original, con los anuncios todavía distinguibles, se veía tan pero tan bonito. Y ahora ¿qué me encuentro? Que todos los edificios, salvo el de la foto, ya están pintados monocromáticamente!!!

También hay una exposición fotográfica de Pedro Infante.

Hay un puentecito de piedra:

Un monito tomando la siesta:


Luego llegué a la iglesia de La Santísima (así me lo informó una de las muchas prostitutas que están a su alrededor). Hay puentes a desnivel. Vista a la derecha:

Vista a la izquierda, el zócalo muy pero muy al fondo:

Restos de una sana comida:

Caminé y caminé, y ya moría de hambre. Entré al teatro de la ciudad, adentro hay un mercado enorme de comida, y tiene murales como éste:

Y me decidí por una ensalada. Sí, puedo comer lo que sea (bueno, casi) en la calle y no me da la disentería. Estuvo bien rica:

Y luego, con los pies un poco descansados y con nueva gasolina en la panza, regresé a la parte civilizada del centro, tomé un capuchino frappé porque hacía un calor bárbaro, descansé mis patitas en la cafetería, reencontré a Ratita, comentamos el punto, y ya no seguí tomando fotos porque la memoria de la cámara ya estaba llena.

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No sabemos qué sea la “madurez”, pero definitivamente no eres maduro si tienes 45 y regresas a vivir con tus papás.

O nunca te has ido.

O te siguen dando dinero.

Me gusta…

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Me gusta…

-el olor a tierra mojada (sí, es clásico, pero es que es tan rico)

-comer el yogur a probaditas, probaditas, y no querer que se acabe.

-el helado, en cambio, me lo acabo en dos segundos, ¡sí! Soy la devorahelados.

-el olor a nuevo de los libros!

-manejar en carretera, escuchando estaciones de música random.

-caminar en la ciudad.

-el chai, en todas sus presentaciones.

-¡los mojitos!

-ver bailar, así muy cabrón.Uno de mis programas favoritos de toda la vida, así en serio favoritos, es So you think you can dance? POdría pasar el resto de mi vida viendo ese programa. Bailan unas coreografías impresionantes. Ver bailar así de bonito, ME HACE LLORAR, instantáneamente se me hace un nudo en la garganta y se me salen las lágrimas. Bailar (ver bailar, en mi caso) me conmueve hasta las lágrimas, literal. Me parece tan pero tan bello que me abruma: me hace llorar de felicidad.

– Bailar, ver bailar, la posibilidad del baile, son pruebas irrefutables de que sí existe la felicidad, y la belleza, y la esperanza.

-El baile, como ven, saca lo peor de mí,  y la cursilería más barata.

-El olor a comida!

-El sonido del mar.

-Leer en la playa.

-El olor a sábanas recién lavadas.

-Clericot!

-Recordar

(la foto de arriba nada que ver, o todo que ver, según. Sólo por eso les dejo otra)


Fugacidad

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Hoy me ahorré catorce pesos catorce al preparar mi cóctel de frutas, en vez de comprarlo.

Me siento realizada.

Me siento otra persona.

Me siento organizada, sana, exitosa, ahorrativa, higiénica, en control.

Lástima que mañana será otro día.

De imaginaciones

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Imagino que los demás me miran pensando: “quiero destruirte, voy a destruirte”

Se me olvida que yo soy la única que puede destruirme.

Se me olvida que yo soy la que llevo toda una vida destruyéndome.

Honey vs Pahuatlán

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Intenté subir muchas fotos de un fin de semana, y con “intenté ” me refiero a cuatro sesiones cuatro de estar subiendo fotos, y esta mugre nomás no me dejó, únicamente me guardó estas tres. Me rindo. Total, nomás eran para llenar espacio, jo.

Éstas son de un pueblucho llamado Honey que está en la frontera Hidalgo-Puebla. Recuerdo haber ido hace mucho tiempo con mis papás, en invierno, con la neblina y el frío a todo lo que da. Recuerdo imágene hermosas en mi memoria: el bosque, la niebla hasta el suelo, y en medio de los árboles, una estación de tren abandonada, antiquísima. Recuerdo que de hecho pasó el tren, y se detuvo varios minutos. Una escena para toda la vida, una escena sacada de otro tiempo.

Y ahora que quise ir al encuentro de dicho recuerdo, error garrafal. La estación del tren ya no está en medio del bosque, ya está en medio de un tianguis de mala muerte. Preguntamos y ya no pasa el tren.

El pueblo es sucio, hostil y está lleno de gente torva, muchachos patibularios y trocas chocolates con mojados visitando a la familia. Miedo.

Moraleja: quedarse con los recuerdos y las imágenes idílicas, y ya.

Y después fuimos a Pahuatlán, Puebla, cuyas fotos se perdieron en el limbo de wordpress. Es un pueblo bonito, “pintoresco”, amigable, jipioso, acogedor y anexas. Primero subes subes subes la sierra poblana, bosques y neblina a nivel del suelo, paisaje espectacular, y luego bajas bajas bajas hasta Pahuatlán, al fondo de la barranca. Bonito bonito, pero se lo imaginan, al fin que ya descubrimos que está más bonito imaginar y recordar que los lugares en sí y que las fotos.

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Actualización

Pues sí, quiero aclarar por qué me dan miedo los mojados de Honey. Pues porque se ven muy patibularios, la verdad. Regresan dogradictos, sidosos, “maleados” diría mi abuelita. Se la pasaban dándole vueltas al pueblucho de diez casas en sus trocas atascadas, viéndonos torvamente. En fin, mala vibra.

No por nada el pueblo está en los primeros lugares en alcoholismo. Primer lugar en embarazos adolescentes. Primeros lugares en amas de casa con vih.

Eso me da miedo.