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Lady Gaga, o la institucionalización de la monstruosidad

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Olviden el título pseudo pretencioso.

El 6 mayo fui al concierto de Lady Gaga, en el Foro Sol. Me gustaban sus canciones, se me hacían pegajosas, divertidas, mercadológicamente brillantes.

Quería divertirme, brincotear un rato, bailotear. Esperaba ser deslumbrada con un espectáculo nunca antes visto.

Sí fue todo eso, y más. Yo no sé, pero me convenció totalmente su discurso de “viva la diferencia, quiéranse, atrévanse, crean en ustedes mismos, sean diferentes, amémonos todos”. Se la creí totalmente.

Fue el último concierto de toda su gira mundial, y para haberlo hecho más de doscientas veces, fue tan convincente: lloriqueó genuinamente (yo estaba en las primeras filas), gimió, nos contó su vida, nos dio las gracias miles de veces… O es sincera o es muy buena actriz. Y cualquiera de las dos posibilidades se agradece ampliamente.

Salí de ahí conmovida, en verdad.

Salí de ahí escuchando con nuevos oídos las letras de sus canciones, repetidas hasta el cansancio en todos los radios, canales de videos, comerciales, páginas de internet.

Una semana después, transmitieron un concierto de la misma gira, que dio en el Madison Square Garden, por el canal HBO, y pude constatar que el que yo vi fue mil veces mejor, quesu discurso no fue el mismo, que se adaptó a cada público, que se emocionó menos en su propia tierra, que se entregó en cada concierto, que lo que nos dijo tal vez era cierto, salido del corazón.

Y semanas después transmitieron por VH1 (sí, veo demasiada tele, no me importa admitirlo) la entrevista onda psicoanalítica Inside the Outside y ya de plano caí rendida a sus pies.

El nudo en la garganta que se le nota cuando habla de su padre

Las anécdotas familiares que narra. Sus recuerdos.

Algo que me parece importante señalar: agradecida. Menciona, con nombre y apellido, destacando la importancia que tuvieron en su vida, a las personas que le enseñaron algo, que la han acompañado: a Fernando Garibay, a su primer maestro de canto, al grupo al que ella les abría el concierto (y que ahora le abrieron a ella todos sus conciertos de la gira Monster ball).

Sea o no un personaje (todos lo somos), es un personaje conmovedor, inteligente, “original”, sencillo, agradecido, con raíces, y con valentía.

Un personaje que viene bien ahora.

Un personaje de los que me gusta encontrar en los libros, en las películas, en las historias.

Un personaje que me gustaría encontrar en el espejo.

To be with a soul so hungry and powerful and needful to go forth into the universe

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No me gustan las divisiones, o tal vez es que me gusten demasiado: blanco/negro; bueno/malo; todo/nada; nunca/siempre.

Como sea, el mundo se divide en muchas cosas, por ejemplo, en gente pendeja y en gente que no es pendeja. Por ejemplo, en gente con vida interior y en gente feliz. Por ejemplo.

El caso es que hay esta niña, P. Y no puedo evitar decirle niña, a pesar de que tiene 24 años. O sea, es chiquita chiquita comparada conmigo, comparada con lo anciana que me siento, lo que daría por tener nuevamente su edad, toooooodo lo que haría, ajá, tooooodo lo que cambiaría, ajá. Toda una vida por delante. Pero estamos de acuerdo en que ya es toda una adulta, en que toooooda la gente que conozco, a los 24 ya va pero más que encaminado, ya tiene toda una historia detrás, ya tiene Experiencia, sabiduría, sufrimiento a cuestas.

Los miras a los ojos y toda una historia te da la bienvenida.

Personalidad.

En fin, está esta niña, P., que la ves y … es todo lo que hay.

Lo más triste del mundo: lo que ves es lo que hay.

¿El resultado?: Que es la niña más simpática del mundo mundial. Easygoing como no tienen una idea. Sonrisa eterna en la cara. Sonríe hasta con los ojos, pero de esa sonrisa que no te dice nada más que: “soy feliz”. O sea, la sonrisa más fotogénica del mundo.

La sonrisa, creo yo, es hermosa cuando la tiene alguien que ha sufrido, (güareverdatmins).

No me malentiendan. A mí también me cae la mar de bien. Últimamente he pensado seriamente (sin sarcasmo, aclaro) en dar el siguiente paso: invitarla al cine, al café, ya saben, todo eso que se supone se hace en estos casos. Su compañía te relaja, te llena de buena vibra, te dan ganas de sonreír también, te dan ganas horribles de poder ser como ella y ver la vida bonito, te rindes ante su carisma. Es inevitable: en un grupo, es el foco de atención, un foco visual, pero un foco vacío. Y después de un año de conocerla, puedo decirlo: un foco idiota.

Nada por aquí, nada por allá.

Cero misterio, cero secretos oscuros, nada dónde escarbar, cero capas de cebolla. Cero fantasmas

Me dirás: “tú qué sabes, si no la conoces, si no les has preguntado, si no eres íntima suya”.

Ajá, pero las historias se advierten a kilómetros de distancia. Huelen, a veces hasta apestan. Siempre. —Por eso haces clic con ciertas personas y por eso las multitudes te rechazan.

Y yo las detecto, déjenme les digo. Sí, no sabre cuál es la historia particular, pero sé cuando hay historias. Y al revés, es instantáneo cuando se detecta cuando no hay historia en absoluto. Y P.  no tiene historia. Es más, muchas veces, aunque sean tus amigos, pueden pasar meses o años para que te cuenten la suya, la verdadera. O a veces ni te las cuentan, pero ambos saben que ahí está, que es lo que te conecta, pueden mirarse a los ojos y comprenderse. Así que no es estrictamente necesario que uno sepa la historia (eso, con suerte, vendrà con el tiempo, con la cercanía), sino sólo saber que ahí está, esperándote, recibiéndote, comprendiéndote.

Todos sufrimos. El problema, quizá , es que hay personas como ella que rechazan ese sufrimiento, no lo aceptan, no lo procesan no lo rumian hasta el cansancio , lo minimizan-le temen-lo-ignoran-qué-sé-yo, no se hacen historias con eso. Literatura. Siguen adelante, como los animalitos del bosque, viven el presente; no como debe ser, sino a lo coelho.

Y entonces, a esta niña tan linda, tan fotogénica (maldita), tan delgada (maldita), tan sonriente, nadie le ha dicho “eres interesante”. Nadie. No hay nada qué conocerle.

Y entonces ella se toma fotos, retratos, esforzándose por parecer femenina, esforzándose por parecer sensual, se desnuda, juega con luces y sombras en la intimidad de su cuartucho, se pone leotardos, se pone vestidos y… nada, fotos igual de vacías que ella.

¿Cómo podría ser sensual si no tiene misterio alguno?

¿Cómo puede resultar intrigante si clama a los cuatro vientos que ama su cuerpo y se la pasa predicando tipo “es que hay que aceptarnos tal como somos”?

¿Y cómo somos, estúpida? ¿Eh? ¿Tú sabes? Porque yo llevo toda mi vida tratando de averiguarlo, y cada día estoy más confundida.

Nota al margen: todos los genios que conozco, siempre, en alguna medida, están a disgusto con su cuerpo; o su relación con su cuerpo, es, digamos, problemática. Que si el peso, que si estoy feo, que si ya me quedo calvo, que si ya tengo canas, que si no soy atlético, que si la uña del dedo gordo del pie… El libro Microserfs lo describe de una manera hermosa. Es como si, en la medida en que tienes “vida interior”, en la medida en que te preguntas cosas, en la medida en que te sabes en un tiempo y en un espacio determinados, siempre está esta mediación del cuerpo, y la tienes que resolver de alguna manera, y esa manera no siempre es la “mejor”.  Es como un lastre, y la lucha por encontrar tu lugar en el mundo es la lucha en que te relacionas con tu cuerpo.  NO sé, algo así.

Ya lo dijo Amy Winehouse: ninguna mujer que se precie de vivir aquí y ahora, está a gusto con cu cuerpo. Un signo de estos tiempos es odiar nuestro cuerpo, o de perdida no aceptarlo. En todo caso, como diría sabia y hermosamente bob, ése es tu marco de referencia contra el cual vas a luchar. Tienes que conocer tu marcode referencia, no  para sonreír idiotamente, sino para saber en qué terreno te estás moviendo y cómo quieres reaccionar.

Y P., sospecho, no tiene idea de que se mueve en algún terreno, para empezar.

¿Y qué te queda entonces? Pues lo que ves. NO más.

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No sabemos qué sea la “madurez”, pero definitivamente no eres maduro si tienes 45 y regresas a vivir con tus papás.

O nunca te has ido.

O te siguen dando dinero.