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Archivo de la categoría: Me acuerdo de…

Que no se te olvide

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La nota que recibiste de tu primer pretendiente

El primer diario que tuviste y que escribías en la madrugada, junto a tu ventana, a la luz de la lámpara de la calle.

Tu primer amiga

El pantalón con hojas grabadas en la tela.

Las gemelas que te rogaban que fueras novia de su amigo.

El chico que te encantaba en la secundaria. ¿Sergio? ¿Francisco? ¿Javier? No, ya olvidaste su nombre. Era guapísimo, con la mirada más profunda que hayas visto.

El único rubio que te ha gustado.

Y luego desapareció. Que porque mató con una pistola. Por la espalda. Sí, quienes te lo contaron hacían énfasis en que fue “por la espalda”.

Debió tener cuando mucho quince, dieciséis años.

Un asesino.

Un asesino fugitivo con la mirada más triste del  mundo.

 

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¡Ya me acordé! Se llama o llamaba Raúl. Raúl Raúl Raúl Raúl Raúl Raúl

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100

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Recuento de 100 cosas e ideas del último año, buenas, malas, equis, banales, curiosas, vergonzosas y anexas.

1. Fui al desierto. Con “desierto” quiero decir desierto en serio. Días sin bañarme, dormir a la interperie, comer frutas secas, correr peligro en serio y así.

2. Entré a estudiar fotografía.

3. Mi primera exposición de fotografía.

4. Once meses sin enfermarme de gripa (ash, hasta diciembre, que me enfermé todo el mes).

5. Abrí mi twitter. Osh

6. Reactivé mi cuenta de facebook. Osh

7. Entré a la edad adulta adulta por cronología que no perdona. No sé si llene el paquete, pero ya soy adulta adulta me guste o no.

8. Por lo tanto, ya me llegó la crisis de la edad.

9. Por lo tanto, ya me siento anciana al borde de la muerte.

10. Por lo tanto, ya veo el final cerca.

11. Por lo tanto, veo todo desde otra perspectiva. ¿cuál? no sé exactamente, pero definitivamente es otra y ya no hay marcha atrás.

12. Salí de mi zona de confort.

13. Por lo tanto, cada minuto quiero regresar a mi mundillo, pero algo me dice  “mejor no” y yo digo “que sí” y así transcurrió el año pasado.

14. ¡Ya tengo amiguis amiguis en el pueblo! La verdad, confieso que me causa mucha alegría. Sí, ya sé que aquí he dicho hasta el cansancio que odio a la gente y blablablá pero también amo a unos poquitos que de vez en cuando encuentro. Y sucede que pasaron años sin que encontrara a nadie en el pueblo y confieso que eso me amargaba todavía más, porque aunque presumo de que me gusta estar sola, ese “estar sola” se disfruta más cuando no es forzado, cuando puedes contestar:”ah, no puedo, ah, estoy ocupada, ah  mejor otro día”.

15. Pues sí, como iba diciendo, ya tengo amiguis amiguis en el pueblo, y no sólo conocidos.

16. Ah, y debo aclarar que mis amiguis amiguis (que son varios, más a mi favor) NO son del pueblo, todos son del defe.

17. Por lo tanto, sigue en pie mi odio hacia los pueblerinos y sigo afirmando que son gente odiosa, hostil, ignorante y primitiva (lo que sea que esto signifique).

(18. Aun así, prometo dejar de renegar tanto del pueblo. Total.)

19. Por lo tanto, salí en compañía no solamente en el defe sino también en el pueblo.

20. Y de entre esos amiguis, tengo una amiguis amiguis amiguis mujer, esa sí pueblerina (tómala), cosa que nunca antes en mi vida había tenido.

21. Por lo tanto, ya tengo con quien hablar temas “de mujeres”, ya tengo con quien salir de compras, ya tengo con quien platicar temas trascendentales como: ropa, qué bien te queda esa sombra-dónde te la compraste-vamos te acompaño a la tienda-vamos acompáñame al baño-qué cólicos tengo maldita sea-es que fíjate que puaj- hombres, tacones, dietas y demás.

22. Calma momentánea con la loquera.

23. Luz tenue al final del túnel en el terreno de los planes a mediano plazo.

24. Las personas nunca dejan de sorprenderme.

25. Personas aparentemente interesantes se convierten en gentuza odiosa, arrogante y farolera. Y viceversa.

26. Puse dos centímetros de pie en el mundo de la tecnología.

27. Conocí a Dania. Mención aparte sí. Dania Santos, guguléenla, gran artista y sabia persona. Maravillosa y auténtica. Y me pidió mi teléfono y me exigió que nos habláramos y que nos viéramos. La amo.

28. Conocí a un gran maestro de foto. Hito en mi vida. Valió lo que cien sesiones de loquera. Gracias, de Stefano.

29. Fui aquí y fui allá.

30. Tengo casa huevo nueva. Que no puedo habitar ni en sueños porque solamente cabe medio clóset pero ya tengo dónde caer muerta, dado el caso.

31. Ya no me jode tanto verme al espejo.

32. Quiero más jagendaz.

33. Arrumbé mi ipod nueva.

34. Hubo fiestas en mi casa.

35. Por lo tanto, mi casa ya tiene pinta decente; si me apuro, podría estar inmaculada, lista para recibir visitas en cualquier momento.

36. Me desconocí muchas veces.

37. Me compré mi máquina de coser.

38. Le saqué más provecho a mi máquina de coser.

39. Tuve todas mis tardes ocupadas, a diferencia del 2009, cuando tuve todas mis tardes desocupadas.

40. Fui más al cine.

41. Mi amargura bajó dos rayitas.

42. POr lo tanto, reí más.

43. Por lo tanto, tengo más arrugas.

44. Por lo tanto, mi colección de cremas y menjurges creció bárbaramente.

45. Quise una bici y quiero una bici.

46. Por fin concluyeron la construcción de la ciclopista enfrente de mi casa, por lo tanto quiero quiero quiero una bici.

47. Repuntó mi actividad lectora. Un poquitín.

48. Me compré una aspiradora. Sin embargo, uso escobas.

49. Tuve (tengo) dos casi tres amigos en el trabajo. Es lo que yo considero todo un acto de rebeldía: amistad en el trabajo, sobre todo en el trabajo que tengo.

50. Me dieron ganas de fumar. Incluso soñé que fumaba habitualmente, pero la verdad nunca me gustó fumar y nunca he fumado, así que no le encuentro el sentido al repentino deseo.

51. Aprendí que debo defender mi obra cual perro rabioso, con prepotencia y descaro si es necesario, con groserías de por medio si es necesario. Osh.

52. ¿Por qué no estamos solos, maldición, por qué siempre alguien se interpone, por qué por qué?

53. Neta, me llevé muchos fiascos, neta neta. Y luego no quieren que cunda la desconfianza y el desencanto y el pesimismo y los prejuicios.

54. ¿O sea, neta sabes de moda y te gusta la moda y además, dictaminas sobre moda? Y no hablo en absoluto de tu ropa ni mucho menos, es que mírate la piel por dios, todo empieza con la salud y la higiene. Te regalo un espejo. Pum, moral hasta el suelo, no caigo de la sorpresa.

55. O sea ¿neta todos te quieren ligar en la calle? Cu cu cu cu. Moral otra vez hasta el suelo, no caigo de la sorpresa. Mundos paralelos.

56. O sea, ¿neta fue toda una noticia enterarte en pleno 2010 sobre los abusos que sufren los centroamericanos cuando cruzan nuestro país? Cu cu cu cu. MOral hasta abajo, ¿en qué mundo vives, y por qué tanto alboroto alrededor tuyo?

57. O sea, ¿neta eres el dios de las reuniones, el dios de las reseñas, el dios de la conversación? Sí, ya vi por qué, moral hasta abajo, desolación infinita.

58. O yo necesito lentes o de veras el mundo es muy diverso.

59. Empecé a entrenar diariamente a las seis de la mañana.

60. Por lo tanto, levántome antes de las seis de la mañana.

61. por lo tanto, me desconozco.

62. Neta hacer ejercicio a las seis de la mañana es un crimen colosal, sobre todo en invierno con el termómetro del coche marcando -2 grados. HOrrible.

63. En mi camino al gimnasio, descubrí que hay más locos que yo, que entrenan a esa hora en pleno parque, con el frío y el viento desalmados que hacen aquí en el pueblo. Locos.

64. Efectivamente, también informo que hacer ejercicio en la madrugada y antes de desayunar tiene efectos positivos inmediatos.

65. De no tener cámara digital en absoluto, pasé a tener una compacta que luego ya no tuve y después otra mejor que la anterior y planeo comprarme algún día una profesional.

66. Me dijeron muchas cosas bonitas muchas, pero casi no cuenta porque yo nunca me las creo y me cohíbo horrible, pero de que lo dijeron, lo dijeron.

67. El pueblo está creciendo mucho. Mucho. Me da miedo.

68. Casi nunca cociné.

69. Sin embargo, comí mucho y disfruté mucho.

70. Gente que me sulfuraba, ahora me da como lastimita. Espero que la próxima parada sea la indiferencia o la compasión cristiana. O no.

71. Por el demoníaco Feisbuc, contacté a los amiguis de la prepa. Y nos vimos nuevamente y contra todo pronóstico, fue muy bonito. Todos hemos madurado, todos tomamos caminos muy diferentes y todos congeniamos sin problema.

72. De esos reaparecidos de la prepa, uno se ha convertido en amigui amigui, después de tantos años de no vernos. Hablamos, nos vemos, chateamos, y salimos. Bonito, la verdad.

73. También reapareció mi amigui Salomón de la facultad. Con él intercambio mails, porque no le interesan las redes sociales (bendito él). Y en esos mails le puedo contar todo lo que yo quiera, como antes, y él me contesta cosas bien bonitas.

74. Salomón es de las personas que ya no hay y que antes casi no hubo. Es como de otro tiempo y otro mundo. Es la mar de gentil, amable, te escucha, siempre tiene las palabras adecuadas, te sientes la más comprendida cuando él te escucha.

75. Los achaques de la edad ya están apareciendo para quedarse.

76. Estoy empezando a sentir mi hogar como mi hogar.

77. Mari.

78. P. Con P. me pasó algo que tuve que hablar con la loquera y entonces salieroncosas muy muy fuertes pero estuvo bien porque supe que la cosa no iba con P y entonces empezó a nacer una nueva amistad. Qué cosas.

79. Me sentí muy vulnerable.

80. Rompí récord en uso excesivo del coche, pero es que el pueblo no está hecho para caminar, y menos para que una mujer camine.

81. Descubrí que me gustan ciertas combinaciones cromáticas que nunca antes hubiera considerado.

82. Relax

83. Hice planes con S. que la verdad, no es que sea pesimista, pero en el fondo no creo que llevemos a cabo. Pero dejemos que ella se ilusione.

84. Dejé de sentir ese frío medular tan feo. Ahora, si me abrigo bien, dejo de sentir frío y punto. Antes con nada podía combatirlo.

85. Me divierto aplicándome sombras moradas y negras y brillantes.

86. Casi nunca perdí tiempo frente al reflejo.

87. No lo he superado.

88. Secretos secretos secretos.

89. Ah, También con N hay empatía y cartas de por medio. Y el caso de que mencione los nuevos encuentros que llegaroon para quedarse es que, a diferencia de antes antes, ahora me gusta. Sí, señor, ahora empiezan a agradarme los encuentros sinceros.

90. El cabello volvió a crecer, aunque se estacionó y ya no quiere seguir creciendo.

91. Pues sí, acepto que hice muchas cosas, algunas productivas.

92. Pero pude haber hecho el doble.

93. Ok, prometo hacer el doble.

94. Y ya.

Finalmente no fueron 100, pero casi.

A.R.R., o Yo aquí chocheando, recordando los viejos tiempos

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La tarada esa que se ríe TODO  el tiempo, banalizando el sentido del humor y el sentido de todo, recién anda con un pobre diablo. Yo no lo conozco más que de vista, pero sé que es un pobre diablo porque de otra forma no andaría con ella.

Y el deliruco también lo sabe -porque él sí lo conoce- y también se da cuenta que ella es la tarada, porque me dice: “no, es que hay que saber elegir a la pareja” en medio de una sonrisa adorable de quien sabe que nadie ni nada se opondrá al destino forjado por la estupidez.

Sí, la cosa está en elegir.

Y en medio de la incertidumbre, en medio de nuestro cuasi nulo margen de acción, si hay algo que todavía podemos elegir, es a la pareja. (Y mejor si no elegimos a nadie, digo yo. Pero pus si el llamado de la selva te gana, mínimo elige bien. Hasta para tropezarse hay que saber elegir la piedra, digo yo).

De unos años para acá, conforme el país se ha ido a la mierda y más allá, velo por el recuerdo de mi primer novio. Mi primer novio de mi secundaria patibularia con mis compañeritos patibularios.

Pero patibularios y todo, nada que ver con los tiempos actuales, aunque sospecho que conforme crecieron, y en medio de las circunstancias infernales del país, la mayoría de esos niños sí que deben de estar en la cárcel o de braseros o arrejuntados con diez hijos y así.

Horrible.

Porque resulta que mi sacrosanto padre, con sus complejos de clase, que me inscribe en primaria y secundaria patibularias donde conocí la decadencia y la infeliz infancia de nuestros tiempos y así.

Lo que me asusta, pensándolo bien, es que salí bien librada del paso, nadie me molestó en absoluto, ni siquiera tuve apodo (y  mi personita daba para varios, y ellos no dejaban títere sin cabeza) y los más predelincuentes hasta me divertían con sus payasadas y me doblaban de la risa.

Bueno, pues en medio de semejante belleza, tuve mi primer novio a la fantástica edad de trece años. A lo mejor no era tan pequeña, pero hay que aclarar que no era matada, pero sí aplicadísima, seriesísima (qué raro), tímida, no conocía más allá de la esquina de mi casa, tenía habitación propia y no vivía con mis tíos ni con mis abuelitos (cosa extraordinaria en mi patibularia escuela) y no veía nada pero nada de televisión, horror, y estaba ya tan dañada que no hacía más que leer.

El punto es que mis compañeritos me llevaban años luz de vida, experiencia, malicia y anexas. Y que llega Alfredo, la personificación de todo lo que un padre no quiere para su hijita: guapisíiiiiiiiiiiismo, el más guapo de la secundaria, y también el más desmadroso, el que se iba de pinta saltándose la barda, el suspendido, el que anduvo con todas las niñas que quiso, cuya mamá era parte del mobiliario de tanto que la mandaban llamar.

Pero era guapísimo, repito, y exactamente como me gustan: blanco blanco blanco, de cabello y ojos negrísimos, y encima un sexi lunar junto a la boca. Tenía quince años, y ya caminaba como todo un galán, hablaba como galán, se movía como un galán. Fumaba, haraganeaba, faroleaba. Y lo peor de todo (buenas conciencias, tápense ojos y oídos): ya había tenido relaciones sexuales ¡horrrroooooor! (En esos tiempos sí era horror: a los quince años nadie tenía relaciones todavía; a los dieciséis ya, ja).

Pero el punto es que era el tipo más inteligente del mundo, porque para ser un don juan hay que ser muy inteligente: para conquistar debes saber conocer al Otro, saber por dónde llegarle, cómo seducir (¡por todos los dioses! ¿Hay alguien que todavía sepa qué diablos es seducir?!!!!!!!!!!), cómo hacerse el objeto de deseo.

Para seducir hay que conocerse uno mismo y conocer al Otro. Y ahora ya nadie hace eso ni le interesa siquiera. Y en mi caso no solamente me sedujo sino que además me inició en todo este asunto de la sexualidad y blablabla. No pude tener mejor elección en la vida. No pude tener mejor entrada triunfal al maravilloso mundo de la masculinidad y la feminidad.

Gracias a su pasmosa inteligencia de vida, empecé a descubrirme y a descubrir, a mirar a los ojos a los hombres, a conocer y disfrutar la agonía.

Gracias a Alfredo yo nunca he dicho ni diré “todos los hombres son iguales”.

La poca o mucha autoestima que tengo con relación a los hombres, se la debo a Alfredo.

Gracias a Alfredo puedo distinguir a los pobres diablos a kilómetros de distancia.

Y pues ya. Espero que no esté en ningún reclusorio ni se haya convertido en un gordo asqueroso.

Una mañana con música de fondo

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¿Te acuerdas de Sinuhé, el egipcio? Cómo no acordarme, si fue uno de los primeros libros que leí. No sé si lo entendí (nunca se sabe) pero claro que me acuerdo, mi cabeza se llenó de imágenes gracias a él, de preguntas, de paisajes, de vida, de desierto.

Y después lo conociste… Sí. Bueno, conocer es un decir, nunca cruzamos palabra, pero lo conocí. ¿Te arrepientes? (silencio prolongado, su mirada se funde se paraliza, busca afanosamente) No, no exactamente, arrepentirse no es la palabra; sólo que no encuentro la que sí es. Fue como debió ser. No puedo arrepentirme porque no pudo ser de otra manera. (Hace tanto  viento, ¿lo sientes?)  Él me encontró a mí, lo recuerdo porque me fijé en él cuando sentía su mirada en mi espalda. Pero estaba tan abrumada y los días eran tan bonitos… ¿Qué música estaba de fondo en los días bonitos? Ufff, déjame ver, canciones de esos tiempos, pues Britney Spears! claro, ahí salió ella, con su cSanción y su inolvidable video tan preciosa ella y la versión que hizo Cake, y Sara McLachlan (¿así se escribe?) y muchas que no me acerdo o no supe su nombre.

Y los días bonitos... Sí, días soleados, luminosos, cálidos y la tristeza encima, ¿puedes creerlo? Es que entré a los dieciséis años, ¿quién entra a los 16? Y un día estábamos en clase de filosofía de la historia y Saramago en el Che Guevara, la maestra tuvo que insistirnos para que dejáramos su clase y fuéramos a escuchar a Saramago. No lo vi, apenas si pudimos entrar. Escuché su voz. Me gustó. Hablaba de la ceguera. Pero no logró que quisiera leerlo, no; algo me pareció sospechoso o sólo no me sedujo. Éramos tan inocentes.

¿Y qué más recuerdas? Tardes enteras en la BC, primer piso, con el paisaje al fondo. Y el chico guapísimo de Letras Inglesas, que se sentaba en la mesa de junto,  que soportaba que su compañera de pelo largo, elegante, lo quisiera enamorar cada vez que lo veía, interrumpiendo su lectura. Y la chica guapísima, con el trasero más bonito que he visto, a quien él sí le hizo caso, y a los minutos ya estaban juntos, mas no en pareja. Sólo gozaban su mutua belleza. Tirados en el pasto frente a la Central, ella cantando a gritos Y todo para qué, de no se qué grupo norteño, con él riendo de felicidad a su lado.

Y Artemio, de latín. Cómo me emocionaba esa clase. Artemio, el ruso.  Con  Artemio me perdía en eternas discusiones de gramática, de sintaxis. De Broch, Pizarnik, Musil. ¿Qué pasó con él? Artemio hizo su tesis en latín, griego, ruso y español. Hace años lo vi en la exposición de Goya en el Munal, a lo lejos, no le hablé.

¿Estás llorando? Sí, pero no me duele. Y el sol, y la angustia. Me gusta sentir tanta vida dentro de mí. Salomón me consolaba sin saberlo. Me hablaba de sus amigos, de las penas que los maestros le contaban, de su mascota, de su madre, de los anglicanos, de lógica, de matemáticas. Que hubiera querido estudiar matemáticas, y se esmeraba en explicarme los teoremas y las fórmulas y los axiomas. Ja, a los cinco segundos ya estaba completamente perdida. Pero se decidió por la filosofía, que era más difícil. Me hablaba me hablaba me hablaba y yo encontraba un poco de paz en su regalo de letras. Aunque otras veces me abrumaba y me escabullía de su presencia.

¿Y el egipcio? El egipcio siempre estuvo ahí, aunque se fue, desapareció. Era una hierba, sí. Era unos ojazos. Ojos y no boca. Sus ojos todo lo devoraban. Era lo que más me gustaba, su ansia de devorar y quedárselo para sí, de momento. Me gustaba imaginar que, de alguna forma tenía que escupir todo. Oh oh oh, estoy teniendo un deja vu, de esto que estoy escribiendo y el cuaderno en el que puse las notas y que ahora copio, y el recuadro de “nueva entrada”, lo soñe hace mucho tiempo, cuando no había blogs ni egipcio ni notas ni nada.

Ah, y David que un día llegó loco. ¿Loco? Sí, loco, demente, con los ojos como en las caricaturas, flaco, ojeroso, sucio. Era brillante. Y Rosalía, que andaba con un viejo dogradicto que a nadie nos gustaba y no parábamos de decírselo ¿qué te pasa, cómo andas con alguien así? no te hace bien y blablabla. Y un día Lizeth se dio por vencida y me preguntó: ¿y si eso es amar? ¿amar sin juzgar, sin fijarse en los defectos, aceptando? ¿y si Rosalía ama y nosotros estamos jodidos y no nos hemos dado cuenta y nunca lo haremos y no sabremos de lo que nos perdimos?

¿Y te acuerdas de cuando me llevaste a..? Sí, te he llevado a todos lados…

¿Por eso quisiste desaparecer? No, eso no preguntes. Pero sí, tal vez por eso fue. O no sé, excepto que sí lo quise: desaparecer, buscar una solución, una salida, una respuesta. Cuando no hay nada de eso.

Veo guiones por doquier, no hace falta construirlos. Sólo escuchar. ¿Sabes que a veces la única manera de estar presente es estando ausente? Eso me lo enseñó el egipcio, él no supo que fui su alumna, pero me lo enseñó. ¿Y cómo lo sabes? Parecía ausente y estaba allí, devorando. Tenía mucho qué decir, como si tal cosa, así de fácil, sin hablar. ¿Te acuerdas que antes se podían ver en actas las calificaciones de todos?

¿Y la maestra de alemán? ¿Qué, ella qué?  Pues era una matrona teutona, y ya. De esa clase me acuerdo de una chica preciosa, elegantísima con todo y piercing en la ceja, de una belleza discreta y agresiva a la vez. Y un chavo atractivo y distante, bueno con las mujeres, si me entiendes. ¿Sabes qué siento, de verdad? Que nací comprendiendo todo y conforme crezco, entiendo menos. Nací vieja y voy hacia atrás. ¿Como el libro y la película? Todavía no lo he leído y no la vi. ¿Sigues llorando? Sí, otra vez siento demasiado, sólo eso. En una fiesta, una de letras clásicas me preguntó, mejor dicho, me espetó: ¿Por qué eres tan ecuánime? Era un reproche, un grito, una sacudida. ¡Y de Clásicas, como si ella fuera la diversión en persona!  Y yo con mi vasito de agua en la mano, no supe qué contestarle…

Es como si cada vez que vuelvo la cabeza, me pregunto: ¿y esa desconocida quién es? ¿Por qué hizo esto o aquello? ¿Te acuerdas de Los 79 cuadrados? No, cuenta. Ay sí, es sobre un viejo de noventaytantos que sale de la cárcel. Y un niño entra a su casa para rescatar un balón. Un niño malcriado que va que vuela para maleante. Y el viejo lo castiga: divide el jardín en 79 cuadrados y obliga al niño a examinar cada cuadrado durante horas y días. ¿Como para qué? dice el niño. -Hazlo. Yo tuve que hacerlo durante los más de cincuenta años que pasé en la cárcel, con las paredes de mi celda. Tuve que hacerlo para no volverme loco. Y así sobreviví-. Y el niño lo hace, primero de mala gana, pero después observa, y se concentra, y ya no ve solamente el pasto y las hormigas y los gusanos. Y va por cuenta propia cada día. Y le gusta el silencio. Y escucha al viejo. Y se calma. Y se escucha. Y nunca termina de conocer cada cuadrado, porque es algo vivo ¿ves? Y conoce el jardín y conoce otras cosas…

¿Y la hierba de Deleuze? No, eso no sé. La hierba que crece en los bordes, lo marginal, el pliegue. Movimiento, vida furtiva, vida donde no la esperas.

¿Y el egipcio? El egipcio nunca se ha ido. Cuando me decidí, supe que tenía que regalarle un libro. Me costó una noche de insomnio saberlo y reunir la fuerza para hacerlo, lo recuerdo bien. Con música de fondo siempre. Con la vida dentro. Y el primer libro fue Los premios, de Cortázar. Porque él era Ganimedes. Y fue cuando el egipcio desapareció. Y después decidí que era Seda, de Baricco. Pero siguió sin aparecer. Nuestros tiempos ya no coincidieron. Y mi regalo se quedó conmigo.

Nunca se ha ido.

Y ya no necesito darle los libros.

Ya puedo decírselo.

Si me encuentra de nuevo.

Recuerdos de la travesía

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Lastre

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Me gusta tirar la basura. En la colonia donde vivo, el camión pasa tres días a la semana; donde vivía antes, pasaba dos veces; en el defe, hasta dos veces al día. Me pregunto si habrá gente que mida sus actividades de la agenda con el referente de cuáles son los días de sacar sus bultos de basura a la esquina.

Porque ahora son bultos, bolsísimas, costales. En el pueblo hasta pueden dejar sus botes enormes afuera, el camión lo vacía y lo deja en la banqueta hasta que su dueño lo meta a la casa horas después. Las primeras veces que los vi buscaba con la mirada la cadena, la alarma, el lacito aunque fuera, o la mirada vigilante tras las cortinas pendientes de su bote; pero no, efectivamente permanecen solos en la calle. Pero volviendo a los bultos de ahora, eso me recuerda que cuando era niña, mi abue tenía un bote de lámina de 20 litros para la basura, viejo, oxidado; y nunca lo llenaba. A veces me mandaba a tirarla: unos tres puñaditos de polvo y párale de contar. Y eso que se dedicaba todo el día a limpiar, cocinar, lavar. ¿Por qué nos estamos ahogando en la basura? Generamos toneladas y toneladas a diario, qué horror.

Pero confieso que cada vez que tiro la basura, me viene una sensación de satisfacción. Desde que la meto en las bolsas, las cierro, las alisto para sacarlas de la casa. A veces incluso me entra un afán, tomo una bolsa vacía y recorro la casa en busca de basura de último momento, basura fugitiva, con la que llenarla, como si la vida me fuera en ello. Siento que me quito un peso desagradable de encima, lo que me sobra, lo que me pesa, miedos, obstáculos… Sólo falta organizar lo que queda, pero al menos lo malo lo inservible ya no está. Como si sacándola de la casa desapareciera como por arte de magia…

Es como quedar libre momentánea y aparentemente.

Seguramente tiene que ver que en la casa paterna los objetos se acumulaban  en todos lados, sin peligro de ser exiliados. Mis padres acumulaban todo:  cajas, papeles, periódicos, juguetes, botes, utensilios, madera, en fin, no podría enlistar todo por interminable. No sé qué complejo de acumulación tendrían, no tiraban casi nada, los desechos orgánicos los reciclaban en composta y lo inorgánico se quedaba en su mayoría. Bandejas hechas de envases de plástico y vidrio, trapos para limpiar de ropa vieja, y lo que no tenía otro uso pues simplemente ocupaba la mayoría de espacio.

Cómo me hubiera gustado poder tirar todo. El camión pasaba dos veces al día, avisando con su campanita, y yo sin poder tirar nada, porque ahí los objetos gobernaban y no era mi lugar, mío de mi propiedad.

Qué alivio -no excento de dolor, sin embargo- poder construirte, construir tu lugar, disponer, comprar, usar, tirar, desechar lo que tú quieras y puedas. Tener tu espacio, decidir qué conservas y de qué te deshaces o simplemente apartas.

Chispa

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¡Miren lo que me encontré el otro día!

Ay, ya ni me acordaba! ¡Pero cómo no, si las leía todas cuando era niña, en la biblioteca de mi colonia! Ash, ¿será porque eso fue ya hace milenios?

Los misteriosos hoyos negros... Los misteriosos hoyos negros… No, pues en esta revistaba te informabas de todo… (ash, ya me contagiaron mis compañeritos, jijiji)

Pones la imagen a contra luz y puedes ver los huesos de Mariana. No se puede apreciar bien con las fotos, pero  todos los dibujos son hechos a mano.

¡Los experimentos del tío Bolita! NOnononnoo, estaba yo extasiada con este hallazgo, quería robármelas en vez de sacarles foto

Ay, qué tiempos aquellos… Y ya no las hacen como antes… Y los niños de ahora ya no son como en mis tiempos…