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To be with a soul so hungry and powerful and needful to go forth into the universe

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No me gustan las divisiones, o tal vez es que me gusten demasiado: blanco/negro; bueno/malo; todo/nada; nunca/siempre.

Como sea, el mundo se divide en muchas cosas, por ejemplo, en gente pendeja y en gente que no es pendeja. Por ejemplo, en gente con vida interior y en gente feliz. Por ejemplo.

El caso es que hay esta niña, P. Y no puedo evitar decirle niña, a pesar de que tiene 24 años. O sea, es chiquita chiquita comparada conmigo, comparada con lo anciana que me siento, lo que daría por tener nuevamente su edad, toooooodo lo que haría, ajá, tooooodo lo que cambiaría, ajá. Toda una vida por delante. Pero estamos de acuerdo en que ya es toda una adulta, en que toooooda la gente que conozco, a los 24 ya va pero más que encaminado, ya tiene toda una historia detrás, ya tiene Experiencia, sabiduría, sufrimiento a cuestas.

Los miras a los ojos y toda una historia te da la bienvenida.

Personalidad.

En fin, está esta niña, P., que la ves y … es todo lo que hay.

Lo más triste del mundo: lo que ves es lo que hay.

¿El resultado?: Que es la niña más simpática del mundo mundial. Easygoing como no tienen una idea. Sonrisa eterna en la cara. Sonríe hasta con los ojos, pero de esa sonrisa que no te dice nada más que: “soy feliz”. O sea, la sonrisa más fotogénica del mundo.

La sonrisa, creo yo, es hermosa cuando la tiene alguien que ha sufrido, (güareverdatmins).

No me malentiendan. A mí también me cae la mar de bien. Últimamente he pensado seriamente (sin sarcasmo, aclaro) en dar el siguiente paso: invitarla al cine, al café, ya saben, todo eso que se supone se hace en estos casos. Su compañía te relaja, te llena de buena vibra, te dan ganas de sonreír también, te dan ganas horribles de poder ser como ella y ver la vida bonito, te rindes ante su carisma. Es inevitable: en un grupo, es el foco de atención, un foco visual, pero un foco vacío. Y después de un año de conocerla, puedo decirlo: un foco idiota.

Nada por aquí, nada por allá.

Cero misterio, cero secretos oscuros, nada dónde escarbar, cero capas de cebolla. Cero fantasmas

Me dirás: “tú qué sabes, si no la conoces, si no les has preguntado, si no eres íntima suya”.

Ajá, pero las historias se advierten a kilómetros de distancia. Huelen, a veces hasta apestan. Siempre. —Por eso haces clic con ciertas personas y por eso las multitudes te rechazan.

Y yo las detecto, déjenme les digo. Sí, no sabre cuál es la historia particular, pero sé cuando hay historias. Y al revés, es instantáneo cuando se detecta cuando no hay historia en absoluto. Y P.  no tiene historia. Es más, muchas veces, aunque sean tus amigos, pueden pasar meses o años para que te cuenten la suya, la verdadera. O a veces ni te las cuentan, pero ambos saben que ahí está, que es lo que te conecta, pueden mirarse a los ojos y comprenderse. Así que no es estrictamente necesario que uno sepa la historia (eso, con suerte, vendrà con el tiempo, con la cercanía), sino sólo saber que ahí está, esperándote, recibiéndote, comprendiéndote.

Todos sufrimos. El problema, quizá , es que hay personas como ella que rechazan ese sufrimiento, no lo aceptan, no lo procesan no lo rumian hasta el cansancio , lo minimizan-le temen-lo-ignoran-qué-sé-yo, no se hacen historias con eso. Literatura. Siguen adelante, como los animalitos del bosque, viven el presente; no como debe ser, sino a lo coelho.

Y entonces, a esta niña tan linda, tan fotogénica (maldita), tan delgada (maldita), tan sonriente, nadie le ha dicho “eres interesante”. Nadie. No hay nada qué conocerle.

Y entonces ella se toma fotos, retratos, esforzándose por parecer femenina, esforzándose por parecer sensual, se desnuda, juega con luces y sombras en la intimidad de su cuartucho, se pone leotardos, se pone vestidos y… nada, fotos igual de vacías que ella.

¿Cómo podría ser sensual si no tiene misterio alguno?

¿Cómo puede resultar intrigante si clama a los cuatro vientos que ama su cuerpo y se la pasa predicando tipo “es que hay que aceptarnos tal como somos”?

¿Y cómo somos, estúpida? ¿Eh? ¿Tú sabes? Porque yo llevo toda mi vida tratando de averiguarlo, y cada día estoy más confundida.

Nota al margen: todos los genios que conozco, siempre, en alguna medida, están a disgusto con su cuerpo; o su relación con su cuerpo, es, digamos, problemática. Que si el peso, que si estoy feo, que si ya me quedo calvo, que si ya tengo canas, que si no soy atlético, que si la uña del dedo gordo del pie… El libro Microserfs lo describe de una manera hermosa. Es como si, en la medida en que tienes “vida interior”, en la medida en que te preguntas cosas, en la medida en que te sabes en un tiempo y en un espacio determinados, siempre está esta mediación del cuerpo, y la tienes que resolver de alguna manera, y esa manera no siempre es la “mejor”.  Es como un lastre, y la lucha por encontrar tu lugar en el mundo es la lucha en que te relacionas con tu cuerpo.  NO sé, algo así.

Ya lo dijo Amy Winehouse: ninguna mujer que se precie de vivir aquí y ahora, está a gusto con cu cuerpo. Un signo de estos tiempos es odiar nuestro cuerpo, o de perdida no aceptarlo. En todo caso, como diría sabia y hermosamente bob, ése es tu marco de referencia contra el cual vas a luchar. Tienes que conocer tu marcode referencia, no  para sonreír idiotamente, sino para saber en qué terreno te estás moviendo y cómo quieres reaccionar.

Y P., sospecho, no tiene idea de que se mueve en algún terreno, para empezar.

¿Y qué te queda entonces? Pues lo que ves. NO más.

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Porque a veces hay que salir del desierto para ir al desierto

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Voy a intentar escribir.

Voy a intentar pensar que tengo algo que decir.

Siempre es lo  mismo: finalmente no hay nada que decir. Pero es bonito creer que sí.

Y justo ahora no tengo nada que hacer.

No es cierto: tengo muchísimo que hacer.

Desde hace dos o tres meses, muchísimo que hacer, incluso en domingo. En la semana, salgo en la mañana y no vuelvo a pisar mi casa sino hasta la noche, a veces hasta la madrugada (cosa inaudita en este pueblo, donde todo queda a cinco minutos y puedes comer en tu casa y regresar al trabajo y así). Ya no más tardes enteras de divagar, de leer (ajá), de ver televisión. ¡Maldición, ya no he podido ver televisión, el mundo se va a  acabar!!!!!!!! NO he ido al gimnasio, no tengo tiempo y sí mucha flojerita, me pondré gorda asquerosa desparramada todavía más debilucha. Adiós pantalones ajustados.

(Bueno, pero sí he leído algo, aunque Ratita no me crea. Ahora mismo leí medio libro Brooklyn follies, de Auster. Bueh, eso no es leer, ya sé).

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Hay gente que me despierta el firme propósito de que me caiga bien, porque “son bien buena onda, son buena gente” y son parte de mi nuevo súper círculo mágico cómico musical, pero de veras que con buenas intenciones no basta. No sé si reír o llorar, o alzarme de hombros. ¿Por qué hay gente tan pero tan pendeja?

Por ejemplo, ayer en una reunión con mis amiguitos y mentores, una monita, ya viejona, con unos ojazos hermosos, bien pero bien buena gente, bien pero bien buena onda, sale con sus pendejadas: “no, es que la masa, la masa que no piensa, la masa que se deja manejar, es que qué vamos a hacer nosotros los arrrrtistas que no podemos vivir del arrrrrte, qué vamos a hacer si la masa no quiere pensar, es que nosotros lo que pensamos y ellos los que no piensan. Y con esto del narco, los buenos y los malos (¡síiiiiiiiii! dijo “los buenos y los malos”) y me peleo con los policías en la calle porque quiero que me expliquen quiénes son los malos y …” NO mames no mames no mames, creí quen no podía ser peor, hasta que soltó que “con López Obrador estaríamos mejor, y el mesías, y quién nos va a salvar” y mamadas nunca antes dichas con toda la seriedad del mundo.

Afortunadamente nadie la apoyó, es más, unimos fuerzas para dizque hacerla entrar en razón  (bueno, mejor dicho, que por ahí no iba la cosa, pero quién sabe por donde sí), pero nomás no.

Pobre.

Lo peor de todo es que me hizo extrañar a mis compañeritos del trabajo, por lo menos ellos son pendejos porque son pendejos, y no porque tengan buenas intenciones fallidas.

Y ya me cansé de escribir de ese rollo.

Pero sí es muy buena onda. Pueden platicar muy a gusto con ella, nomás no toquen temas más complejos que una ostra.

No, pero es que qué patético su caso.

Pobre,de verdad. Debería empezar por salvarse a sí misma, que no da pie con bola y dios nos salve de sus impulsos mesiánicos.

El consuelo es que todos los demás en la reunión están haciendo cosas bien chingonas y a su modo están salvando el mundo (en el entendido de que el mundo ya se acabó), sin mayores aspavientos ni gritos ni lloriqueos como los de esta pendeja ni tampoco vanagloriándose ni rasgándose las vestiduras ni haciendo preguntas pendejas.

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En una decisión tomada en dos minutos (como debe ser), me iré por unos días al desierto con los huicholes, en una experiencia antropológica-filosófica-religiosa-espiritual-mágico-cómico-musical, con una nueva amiguis pero nueva nueva que acabo de conocer, y con quien compartiré horas y horas de carretera en mi coche y días sin bañarnos y de medio comer y vivir entre víboras y así.

O sea que todo pinta para un fracaso monumental, no solamente por la todavía desconocida compañía (pero pus todos somos desconocidos siempre, ¿no?) sino porque yo siempre he viajado con las mínimas comodidades y cuando se puede, con las máximas, y soy la única de mi alternativa familia que ODIA acampar y odia vivir en naturaleza, por lo que NUNCA he ido de campamento ni al benévolo bosquecito y ahora me voy al medio de la nada y en compañía, cuando siempre he viajado sola o con Ratita porque pus la convivencia como que  no se me da y nunca he compartido baño con más de dos personas y mejor ya me callo, porque si le sigo me voy a arrepentir.

La amigui ya fue, y me advirtió que de no ir en coche, serían como ocho horas  caminando después de tomar ocho mil camiones y sólo comeremos lo que podamos llevar porque ahí no hay nada,también llevaremos agua, y caminaremos y dormiremos entre serpientes y bichos y así.

Los animales no me importan, lo que sí es que mi cuerpo ha sido un tremendo obstáculo en mi vida, y no veo cómo aguantaré el calor y en la noche el frío y cómo haré del baño y cómo no me bañaré y cómo pasaré hambre y sed y sabe dios qué más.

Pero bueno, de tan mal que pintan las cosas, como que a lo mejor me irá muy bien.

Estoy emocionada.

Creo que sí, sí será algo bueno.

Lo presiento.

Del desierto no pueden salir más que cosas buenas, ¿no?

——

(Intentaré dejar uno o dos posts programados)

El Difícil

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Alguien me recomendó no conocer gente con gran entusiasmo y alegría. Y yo ya lo sabía también.

Pero uno que no entiende y que siempre se forma falsas expectativas. Había un monito que me parecía interesante (puaf, “interesante”, primer gran error de calificación). Pero, como siempre, no hice nada porque no sé hacer nada al respecto. Tiene un aminovio que resultó conocerme “de toda la vida” y hace meses el aminovio me invita a una reunión donde está el difícil y me lo presenta. Como siempre, me sentí totalmente fuera de lugar, tonta, insegura, torpe, sosa, aburrida, puaf. Y todo ello me impidió “conocerlo”, no hablamos de nada y quedé sumida en la más profunda depresión y melancolía. Bueno, no tanto, pero sí.

Y ya. Dije: otra brillante decepción de mi personita en sociedad, nada nuevo bajo el sol.

Pasaron los meses y que me lo encuentro en otra reunión. Mismo cuento, fracaso, incomodidad, decepción, pobre de mí.

Qué vergüenza, pero sí que me sumí en la profunda tristeza de no haberlo conocido, y que no pude platicar con él, y cómo me odio,  pero si es la persona más valiosa del universo, blablablá. “Pero si tuve dos oportunidades dos de conocerlo y no pude oh qué sufrimiento oh merezco morir oh oh oh”

Y ya. Pasó el tiempo. Y que la semana pasada me habla otra vez su aminovio. Y entonces que se me prende el foco: “¡Claro, pero si el problema es que yo no funciono en grupos! Yo para lo que sirvo es para la conversación uno a uno”. Entonces que propongo que nos veamos a solas, sin su novio y sin otros monitos ruidosos y alegres.

Oh decepción. Es el tipo más odioso, egocentrista, ridículo, mariquita, mamuca que he conocido en toda mi vida.

Qué pena haber querido conocerlo con tanto ahínco, hacerme tantas ilusiones y ponerlo en un altar.

Sí, efectivamente, es muy talentoso, y sabe mucho de literatura y la manga del muerto, es agradable. PERO ESTÁ ENSORBERBECIDO en su gloria. Se cree galán, aunque interprete el papel de “qué inseguro soy con las mujeres”, pero no va a ningún lado ni le habla a ninguna mujer sin la ayuda -intervención-presencia-consejo-bendición de su amigo-novio.

Tiene muchas cualidades, pero se las cree totalmente y luego finge falsa modestia y resulta todo un juego de espejos que ni él mismo domina.

Dice que quiere estar solo, pero la función primordial de su amigo-gato es la de presentarle mujeres y prepararle citas. Pero cuando conoce a alguna que le gusta y que es igual o más inteligente que él y que no le hace fiestas cual perro cirquero, se esconde tras el rebozo de la soberbia y la indiferencia. Al fin que quiere estar solo, ¿no?

Dice que los amigos son lo más importante para él pero yo digo que siempre y cuando él sea el centro de veneración de sus amigos, siempre y cuando le digan una y otra vez: “oh sí, yo conozco a varias que harían cualquier cosa por ti, oh, sí, oh sí Pitol, oh sí Lezama Lima, oh sí lo que tú digas, oh sí cuándo nos vemos”.

Problema 1: que yo haya querido conocerlo. ¿Por qué gente como él me parece, en principio, “interesante”?

Problema 2: finalmente le caí bien. Y hablamos mucho, y nos vimos más de una ocasión,  por eso me di cuenta del fiasco total. Foco rojo: ¿por qué le caí bien, maldita sea?

Bueno, no hace falta ser un genio para darse cuenta de que estoy muy pero muy equivocada con la gente, que me llaman la atención los mamucas de antología, a quienes primero no les caigo, luego les caigo bien, y luego ellos me caen mal y luego ya no sé qué hacer y lo que ya sabíamos todos:

Soy un fracaso total en sociedad.

Dime: “te lo dije”. La gente es asquerosa y no tiene el deber ni de agradarte ni de decepcionarte.

Dime quién te agrada y te diré quién eres. Dime a quién le agradas y te diré quién eres.

Detalles

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Necesito conocer a alguien que, de entrada, me cause repulsión infinita.

Tanta, que necesite decírselo, porque además estaremos solos. Así de “no, lo siento, esto no va a funcionar, perdón, no eres tú, soy yo, mejor ahí la dejamos”. “Es que te me haces así y asá y eso no lo puedo soportar por esto y por aquello “ y así empezaríamos a platicar y sin, darnos cuenta, estaríamos conociéndonos a fondo, y sería el principio de una entrañable y profunda amistad. Y años después a veces diremos con una sonrisa: ¿te acuerdas de cómo nos conocimos? Sí, qué chistoso…

Aquí debería ir una fotografía

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“Eres una niña muy especial. Te quiero mucho, de verdad, no sabes cómo te aprecio te adoro significas mucho para mí, me da mucho gusto haberte conocido. De verdad te quiero y necesito decírtelo. Se nota que tienes algo, tu forma de ser, tu persona, tienes mucha capacidad y se nota, tienes muchas cualidades que no has explotado, que no has sacado a toda su expresión, se ve que tienes mucho por dentro…blablablablablablablablablablablablabla

De verdad cualquier cosa que necesites dime con toda confianza, me dará muchísimo gusto poder ayudarte, lo que quieras de verdad, dime, cuéntame, porque –y vuelvo  a lo mismo y no me importa- te quiero mucho, te aprecio, eres muy especial, no en plan de vamos a acostarnos o que te quiera echar al plato, ya sé que siempre dicen que todos los hombres somos iguales y que nada más queremos una cosa y no sé qué, nonononono, yo te quiero en una forma sana –y vuelvo a lo mismo- es que eres muy especial. Quítate ese freno, porque tú traes un freno snif snif snif sí es cierto, mira, no está tan el maldito este haz algo, tú adelante harás muchas cosas zzzzzzzzzzzzzzzzzzzzz yo te he visto hacer tantas cosas diferentes, has hecho esto, has hecho aquello ¿te acuerdas de..? ay no me recuerdes eso, no inventes hiciste eso hiciste aquello y cuando escribiste tal, oye ¿por qué no escribes un libro? Porque ya sabes lo que dicen: el que no hace un libro… y tú hasta qué tal que resultas buena escritora porque esa vez que hiciste blablablablablablablabla y encuéntrate, por favor, que te quiero mucho que –y vuelvo a lo mismo- de verdad te aprecio y eres muy especial y…”

Las personas se dividen en las que te quieren y te buscan y quieren ser tus amigos y tú no les haces caso; y las que quieres y buscas y quieres que sean tus amigos y darías todo por ellos y te conmuevben y te interesan y no te hacen caso.

¿Qué es esto?

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Si de algo sirve haber confesado que tenía “años” de haber dejado el gimnasio, es para apreciar mi desidia en toda su magnitud y regresar corriendo. Me encontré con que en la sucursal a la que iba ya quitaron el spinning, así que emigré a la que está en el maldito centro comercial, horror, con lo que odio odio odio esos lugares.

Desde los 14 años había hecho ejercicio habitual y ferozmente. Sin embargo, no tengo un cuerpo atlético, delgado ni marcado, pero sí condición física, ganas de sufrir con los entrenamientos y una complexión aceptable. Pero ahora que regresé descubrí con horror que todo lo que había logrado a lo largo de esos años, lo perdí en estos malditos cuatro meses de inactividad total. Aguanté la clase, pero no con el rigor ni el ritmo de la entrenadora, y a los quince minutos ya estaba a punto del desmayo. Fue horrible. Me siento la peor persona del mundo, con el trasero más grande y fláccido de toda la historia de mi vida. Tuve que ir en pants de abuelita porque mis licras se me ven horribles, no puede ser ¿por qué no puede uno tirarse tantito a la flojera sin que haya tan devastadoras consecuencias, por queeeeeé? Mínimo, miiiiínimo voy a tardar como dos meses para medio empezar a recuperar mi condición física y mi trasero.

Pero el punto de escribir esto es que, en el fondo, esta situación no me devasta, a diferencia de antes. En lo que recupero la decencia, no voy a envolverme en costales de papas; sigo vistiéndome con mi aparente optimismo de siempre, total. Claro que el enigma a resolver es si es valemadrismo, resignación, crisis de los 30, desesperación, o la grandiosa aceptación de uno mismo, ñe.

Voto por una mezcla de todas, exceptuando la aceptación.

Y en el mismo orden de ideas, sigo traumada con el asunto de la monita que nos presenta como “amigas”. Digo, es que me dio tanta lástima, compasión, horror y tristeza que he pensado seriamente en la posibilidad de cumplirle un poco su fantasía: he estado a punto de invitarla al cine o a por un café e interesarme por su vida o algo así.

(Y a continuación viene un vómito de ideas que una vez dichas, las leo y ni yo entiendo pero no las quitaré ni intentaré darles orden ni coherencia porque así las pienso y punto) (Y el paréntesis anterior viene a confirmar que estoy en el valemadrismo y desesperación y anexas).

Como que uno de los grandes puntos de origen de mis patéticas desgracias es pensar, desde pequeña, que los demás son “normales” y yo no. Pensar un mundo allá afuera y un planeta acá adentro, sin puntos de conexión. Ya sé que no hay “normal” en sentido estricto, pero sí existe el término en sentido práctico y sí hay un rango de la normalidad. Y no es que yo me sienta especial o diferente-superior. Pero me siento anormal, como una aberración, inadaptada, como que no entiendo el funcionamiento de los demás, no encajo en sus juegos, excluida, insecto.

Pero como  que esa dinámica, además de ser mi desgracia, también era el punto de salvación: pensar que yo estoy mal y los demás “bien”. Que el mundo sigue su curso normal y yo voy a trompicones. Que en los demás hay un orden y una secuencia y curso como debe ser. Que todos ríen y conocen gente y se sienten bien consigo mismos, o ni siquiera les atormenta pensar en ello, no les hace ruido su propia compañía, van por la vida tan felices ellos y todo bonito. Yo soy la pobre luser que no sé en qué momento de la concepción se le cruzaron los cables.

Y entonces, como ejemplo, aparece esta monita. Convivimos durante años. Y nada más. No le platico nada de mi vida porque su persona no me interesa, es vulgar, mala vibra e imbécil. Ella viene y desahoga sus berrinches conmigo, pero no hay camino de vuelta por mi parte. Nunca de los nuncas hemos salido juntas, nunca hemos “tomado un café”, nunca hemos ido al cine, nunca hemos compartido nada más íntimo. Creo que, aún en mi planeta, las cosas están claras. Y diariamente, en sus grandiosas pláticas, ella menciona a innumerables amigos: “el otro día me dice una amiga”; “fui al cine con mi amiga x”, “estaba platicando con una amiga”, “me encontré a una amiga”, etcétera hasta la náusea. Eso me baja la moral un poquito, porque pienso: “claro, como siempre, TODOS, hasta una pendeja que se la pasa diciendo que toooooodos son unos pendejos menos ella, resentida mala vibra tiene una legión de amigos y yo sola como el perro, pobre de mí, nadie me quiere”; pero al mismo tiempo me tranquiliza porque me confirma que es gente normal que tiene amigos con quienes sale y platica y chatea y “un amigo” por aquí y “un amigo” por allá.

Pero cuando me presenta con enorme entusiasmo como “su amiga” caigo en la cuenta que debo ser como todos los demás que menciona, y entonces somos sus amigos imaginarios. ¿Y entonces la gente no es normal? ¿Ahora resulta que hasta yo tengo más amigos de verdad del alma que ellos? ESTO es lo que realmente me deprime. ¿Y cuando salen con sus “amigos”, están fingiendo horriblemente? ¿O les vale la palabra? ¿Y si también están solos, por qué no hacen algo de verdad al respecto, en vez de seguir cavando y cavando?

Y lo que me preocupa es que sigo considerando la posibilidad de darle por su lado. Digo, si finalmente compartimos el mismo dolor, pues ya qué. Pero no, porque de verdad es una persona sumamente desagradable. Pero si no es normal, entonces es un poco como yo; o yo como ella, es decir, entonces no somos tan diferentes, y entonces qué más da ir al cine con ella y todo lo demás. Pero no, no no y no.

Y en el mismo orden de ideas, otra cosa que nunca entendí ni entenderé es el asunto del coqueteo. Y como se supone que es un lenguaje natural que hasta los animalitos del bosque lo tienen y lo entienden, y es una onda de seducción muy compleja y acá, por eso he pensado que quizá tenga algún tipo velado de autismo, a no ser que sea pura y llana pendejez de mi parte. Y aquí otra vez el asunto de “los demás”. Yo veía cómo los demás coqueteaban y blablabla y yo en la oscuridad total. Y es raro, porque de hecho puedo detectar a los dos segundos cuando alguien está coqueteando, incluso puedo decir si tendrá éxito o no. Pero yo nunca lo pude hacer.

Me acuerdo de una vez, puberta, que me gustaba un monito. Y yo a él, pero el idiota no hizo nada y pues yo  menos. Y le dije a mi amiga. Y me contesta: “bueno, pero menos mal que tú tendrás tus tácticas…”. Y yo, muerta del desconcierto: “ajá, claro…”. Ja, por supuesto que nunca se me hizo con el monito. Me dije ¿ups, a poco existen tácticas? Pero la pena me impidió pedirle a mi amiga que me iluminara, y a la fecha, es uno de los grandes misterios que no se me han revelado; y así sobreviví mi adolescencia y juventud: sin táctica alguna. (Aunque mi amiga me hubiera dado clases intensivas, no hubiera servido de nada, eso se sabe, no se enseña).

Así que los novios que tuve fue porque el destino lo quiso, pobre de mí. Dicho lo cual, me intriga que a pesar de todo, tuve novios. (Mi primer novio, a los trece, por cierto, es oooootra  historia, a él le debo mi feminidad, para empezar). Y hasta me casé.

Y así, nada más veía cómo las chavas: “me gusta ése” y a los dos días ya estaban juntos. ¿Y qué, los hombres nunca dicen “no”, maldita sea?

Reflexionando profundamente acerca de esta situación, he descubierto que he cambiado adentro de mí. Estoy casada, bien. Pero supongamos que no estuviera casada, o que fuera soltera o que Ratita me abandona como trapo viejo. Supongamos, en fin, que estoy sola-sin pareja. Yo, lo que haría en esas circunstancias, sería invitar al monito que me guste. De plano. Aunque no lo conozca, puede ser el de la mesa de junto en el café, o de la mesa de junto en la biblioteca, o el veterinario de mi perro, o mi dentista –oh, sí, mi dentista-. Me acercaría, y le diría: “hola, te invito un café”, o “hola, soy fulana y quiero salir contigo”, o “holas, ¿saldrías conmigo?” o “hola, ¿quieres ir al cine conmigo?” y así.

Mis amigos –y éste es otro asunto a tratar, que mis amigos han sido hombres, a excepción de Wanda- siempre me han dicho: “Noooooo, una mujer que te invita es lo máximo, es una DIOSA (chale, ¿tanto así?), es un mujerón, blablablabla. Qué buena táctica, deberían dejarle a la mamada de esperar a que uno haga algo y ellas tomar la iniciativa y blabla”. Y yo digo que a mí me parece más complejo y rebuscado y creativo cuando aplican la de “qué hora tienes, o disculpa, pensé que eras otra persona, o ¿qué no te conozco de algún lado?” y la sonrisita y blabla”. Y también digo: sí, qué padre cuando tomar la iniciativa es, de hecho, una táctica.

Pero en mi patético caso, confieso que yo lo haría POR FALTA DE TÁCTICA. A falta de cualquier otro recurso y abundancia, en cambio, de desesperación, no me quedaría otra que aplicar la ruta directa.

Y hay una enorme diferencia.

Continuación de la entrada anterior

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Un@ hij@ es para crecer, no para sabotearse.

No me gustan los traidores. No porque me autoubique en un plano moral superior. Todo lo contrario.

Los traidores me hacen traicionar a mí también.

Estar con traidores hace que mienta. Es mi manera de ausentarme, supongo.

Y, aunque no  me guste, mentir es sumamente fácil para mí. Mentir fue una de las primeras cosas importantes que aprendí.

La última vez que te vi, te mentí.

Mentí al fingir que estaba a gusto contigo.

Mentí al contestarte tu eterna pregunta

Mentí cuando sonreía

No estoy dispuesta a traicionarme cada vez que te vea

De todos modos, si alguna vez estás listo para hablar, tienes mi número telefónico de casa, de celular, mi correo electrónico, sabes dónde vivo.

Sabes que estoy dispuesta a escucharte, siempre y cuando tú te escuches también.