Canal RSS

Archivo de la etiqueta: gorda taz guanabi

Test

Publicado en

¿Por qué la taz-güanabí-perro-parado ya no deja estela de zorrillo veinte metros y veinte horas tras de sí?:

a)    está más muerta de hambre y no ha podido comprarlo cada semana, dado que se vaciaba la botella

b)   se preocupó altruistamente por el olfato del prójimo

c)    le llegó la iluminación del buen gusto (al menos en esto, porque en la ropa y en LOS ZAPATOS…)

d)    leyó este blog (ups, ojalá que no)

e)    su flamante esposo se lo prohibió, claro, al igual que los escotes y mil cosas más

f)     sus múltiples quehaceres esposiles-esclaviles ya no le dejan tiempo para vaciarse la botella durante una hora

g)    algún buen samaritano le rogó que la bajara a la naquez y a la contaminación olfativa

Anuncios

Apariencias

Publicado en

Gran Espalda aparece por la puerta, con su cuerpo asqueroso, sus rollos colgándole, su culo minúsculo y ridículo, su cara aplastada igual que su cerebro, sus cachetototes de perro. Me mira (cuando se digna a hacerlo, claro, o cuando no le queda otra opción dada la situación espacial) con su gran superioridad corpórea a través de sus ojos zorriles, sonríe condescendientemente y me saluda con hipocresía infinita. Cuando le contesto, se ríe descaradamente, como burlándose. ¿De qué, pienso yo? ¿O será que vio su reflejo en el vidrio y notó lo ridículo de su presencia, su vestimenta gatuna que resalta su asquerosidad y sus omnipresentes defectos, su falta de clase, estilo, educación, belleza, cultura, honestidad? Viendo semejante mala leche, ¿es tan grande su desdicha, su origen lumpen que-todo-lo-debo-obtener-a-golpes-odios-rasguños, su frustración, su nula autoestima que oculta bajo esa falsa y patética superioridad?

Porque Sabandija sabe, intuye, observa, deduce, conoce muchas cosas de la gente con sólo mirarla -sí, como la película, qué hermosa peli, de las que más nos ha gustado en la vida, Sabandija-, uff, si hasta con base en sus agudas observaciones de la condición humana mundanil se avienta predicciones que en un 99.764 han resultado ciertas: “fulanito se va a divorciar, a x le pega su marido, la hija de y se va a embarazar antes de los 20 años, z va a salir con un patán muerto de hambre casado y con hijos que le reafirme la escoria que ella es”…

¿Gran Espalda sabrá que Sabandija sabe y por eso la odia? ¿Tendrá la sinapsis suficiente para darse cuenta? Quizás sí, porque no es precisamente cuestión de neuronas, sino de intuición. Debe intuir que Sabandija observa y conoce, y por eso no la soporta. {Ay, pobre de Sabandija que en este momento ve pasar a Gran Espalda y sufre de contaminación visual: blusa horrible color indefinible pero con el cual su piel se ve más amarillenta que de costumbre luce-espalda-de-camionero porque no cualquiera tiene esa espalda ¿a que no?, jeans de corte y color espantosos, botas de piso cafés de caña larga modelo horrible de gato con botas que le acortan más las patas y le alargan más su descomunal torso y…para finalizar con el atentado visual: bolsa de plástico imitación charol ¿o charol imitación plástico? GUINDAAA! y con grabado tipo cocodrilo (guauuuu, ti-po-co-co-dri-lo, Sabandija, ¿te fijas?) que balancea delante de Sabandija con el orgullo que proporciona la temeridad de la ignorancia, como si de la gran posesión se tratara. ¡Claro! Le tiene que presumir a Sabandija que ya cambió su bolsa de poliéster color uva por una de plástico charol que, a juzgar por la estampa de Espalda, pensará que es el pináculo de la elegancia, coquetería, clase y anexas}. Y esta reflexión hace sentir inmensamente culpable a Sabandija, que justamente hoy estrena una bolsa de piel Tous de color azul con café pre-cio-sa, grande para poder cargar todas sus madres, elegante, sobria, careeeeésima, que no sólo combina perfectamente con su informal atuendo sabatino, sino que además le aporta la elegancia discreta adecuada.

Después del ataque repentino de culpa, Sabandija recapacita y se reconforta.

Sabandija se consuela ¿qué culpa tiene de que la vida de Gran Espalda sea miserable? Nadie más que Espalda es responsable de que ésta no tenga dignidad, de que esté fea y taz, de que no se sepa vestir, de que su novio y actual esposo la trate con la punta del pie, con desprecio infinito y Sabandija sabe que hasta la golpea; no a madrazos ni con golpizas sangrantes, pero sí unos buenos bofetones, jaloneos y empujones. La humilla. Sabandija ha visto cómo Gran Espalda llora, ruega, se arrastra clamando porque él la quiera. Gran Espalda lo quiere (claro, porque así es el amorts ¿no? sufridor, machista, asfixiante), él es un patán pero el gran amor de ella lo cambiará, lo hará recapacitar y en un futuro lejano él se dará cuenta de que siempre la ha querido, y que sus malos tratos han sido un error. Pedirá perdón. Ella llorará, lo perdonará y serán felices para siempre.

Pero mientras eso sucede, Gran Espalda es infeliz, su esposo le ha puesto el cuerno innumerables veces desde que eran novios, la mira con asco, le dice que está horrible, que tiene una espaldota fuera de serie y se rehúsa a renunciar a su vida de soltero. Pero no importa: Gran Espalda, al fin, después de seis años de martirio novieril -periodo no lineal, porque él la cortó varias veces ¡infructuosamente!: no contaba con la astucia de Espalda, quien a fuerzas de arrastrarse cual gusano, lograba una y otra vez reanudar el idílico romance-, logró que él aceptara casarse. Tanto sufrimiento, ruegos, presión, plegarias, lágrimas e infinita paciencia femenina digna de los consejos de sus abuelas machistas trepanadas del cerebro, dieron fruto. ¡Al fin es una mujer casada! Prueba absoluta de que Gran Espalda tiene razón, y de que sus planes se están llevando a cabo tal y como ella desea. Uff, ya casi empezaba a dudarlo, porque a sus veintitantos, Gran Espalda ya temía horriblemente quedarse a vestir santos. Recuerda, Sabandija, que Espalda vive en un pueblo rabón de diez casas, y no se le ocurre otra meta primordial más allá de casarse y tener hijitos con el hombre de sus sueños. Ya ocupa un lugar respetable ante la sociedá. Ahora, más que nunca, Gran Espalda debe esforzarse en mantener sus ojitos bien cerrados ante los inconscientes actos de su esposito. Debe esforzarse para no reclamarle nada, ser una mujercita abnegada, paciente, callada, sufridora. O sea, la esposa perfecta ¿no?Al fin y al cabo, el hombre es hombre, y nosotras nada podemos hacer.

Además, Sabandija sabe que Gran Espalda sabe, contra todas las apariencias, que es fea y gorda; y que tiene que interpretar un papel, al igual que en su faceta de esposita. Y Gran Espalda sabe que Sabandija sabe que actúa. No es que Sabandija sea adivina, es que sabe distinguir la arrogancia de la baja autoestima encubierta y  la vanidad de los complejos. Y también nota que, aunque Gran Espalda se pavonea,  a veces tiene que usar fajas incomodísimas que oculten un poco sus gordas carnes, pero que también le sacan otros gordos. Que cuando se sienta, tiene que poner ambos brazos, fingiendo estar cruzados, sobre su voluminoso vientre, con las manos extendidas, y ni así logra cubrir sus rebeldes llantas. Que con la ilusión de engañar, viste chalecos enormes acojinados o suéteres y chamarras XXL, acentuando su figura taz. Que camina muy derecha, extremadamente derecha, tanto, que su espalda se arquea  hacia atrás tremendamente, con el objetivo de que sus llantas, que además son asquerosamente flácidas y se niegan a contraerse, se estiren un poco y no se vea como oruga. Que menea su plano trasero con gran exageración y sonando aparatosamente los tacones, para desviar astutamente la atención a la parte inferior del cuerpo, que Espalda juzga que es lo mejor de su anatomía.

Sí, Gran Espalda es infeliz. Sabandija tiene información, comprende, pero no sabe cómo defenderse de ella. Sabandija ni siquiera ha querido ser blanco de las frustraciones de nadie, y ahora que lo es, no sabe qué hacer cada vez que se cruza con Espalda.

Guácala

Publicado en

Qué horror, Becca, pinche espaldota horrible que tiene de camionero taz.

Wanda

Publicado en

Cuando entré a la prepa 3 era un renacuajo de 14 años, tímida en extremo, me sentía gorda y fea, pero pues todavía sentía que lo podía todo en cuanto al estudio y toda mi vida por delante y blablabla. Pero ese no es el punto. El punto es que conocí a Wanda, hasta ahora la mejor amiga que he tenido. Íbamos en el mismo grupo de la prepa 3, pero ella ya tenía diecisiete años: estaba enferma y antes de entrar a la prepa había estado casi dos años en el hospital. La habían abierto por la mitad, rompieron los huesos de la pelvis para examinarle no sé qué órganos y tuvo que permanecer postrada para que sus huesos volvieran a soldar, aprendió nuevamente a caminar, terapias, medicinas, curaciones, dolor, dolor, dolor.

Si alguien entendía la Vida, era ella. Wanda tenía la sabiduría y la experiencia que la mayoría de las personas no tienen ni a los ochenta años. Claro que el precio era muy alto: el dolor y la enfermedad.

Wanda era feliz. Aceptaba la vida con estoicismo y humildad. Wanda brillaba, toda la prepa la conocía, era inteligente, simpática, alegre, parlanchina, espontánea. A pesar de todos sus males físicos, era guapa y atractiva. Se vestía sin importarle el qué dirán. Primero tuvo una época de hippie, con faldísimas hindúes y huaraches súper alternartivos, pelo largo con rastas y trencitas de colores. Eso, Becca, hace añisimos cuando todavía no era moda y en las zapaterías no conseguías ningún tipo de huarache. Wanda era la única que se vestía así de “extravagante”. Después tuvo su época de darketa, toda de negro con botísimas negras de soldado con casquillo, altas y con agujetas de dos metros que se compraba en el tianguis del Chopo.

Íbamos al cine, a los museos (nos gustaba mucho el de arte contemporáneo que estaba en Reforma, que era de Televisa y que desapareció), al tianguis y al museo del Chopo, a la cineteca. En esos tiempos remotísimos estaba el boom del rock en español, éramos fanáticas de Caifanes, Saúl era nuestro sueño húmedo (qué horror, qué le veía, si está horrible), Café Tacuba, La maldita vecindad, uy ya hasta se me olvidaron todos los demás: un grupo cuya vocalista canta chidísimo que tenía una canción llamada Azul casi morado, y pues todos esos. Comprábamos sus discos (que todavía ni había cd), íbamos a sus conciertos, yo tenía mi cuarto lleno de posters y me ponía playeras enormes de Caifanes (mi papá se burlaba horrible de una que tenía como un perro prehispánico y que decía algo así como “somos unos gusanos en el universo infinito del vacío tridimensional….y no sé qué más”. A la menor provocación, en cualquier plática equis, mi papá soltaba: “porque no somos más que gusanos…blablabla” jajajaja.

Wanda le simpatizaba y le hablaba a todo mundo, y viceversa. Yo todavía no sabía ni qué onda con mi vida (de hecho no he avanzado mucho al respecto), pero ella ya tenía por seguro que quería estudiar arqueología. La primera vez que la conocí fue en el planetario Luis Enrique Erro del poli al que nos habían mandado en la clase de geografía. Estaba tirada en el pasto, esperando a que empezara la función. Estaba leyendo, quitadísima de la pena, un libro de Savater, todo hecho taco, y en el pastito tenía un walkman casi radio con un casette de Café Tacuba. Y pues me acerqué y le hablé y así la conocí.

Wanda compraba religiosamente Arqueología mexicana y ya era docta en todos esos temas. Tampoco le podía faltar Tiempo Libre, y subrayaba todo lo que iba a ver durante el mes, porque era patísima de perro.

Gorda taz guanabí, ageinnnnn!!!

Publicado en

Pobre gorda taz, Becca, se viste que ni cómo ayudarla: falda ajustada y luego con vuelitos y … suéter negro de manga larga, ajustado. Como es suéter, pues es de acrilán. ¿Así, o más acentuada su figura de triángulo invertido? Con ese suéter se ve todavía más ancha de arriba, pinche espaldota, cero cintura y su faldita ajustada para lucir su nulo trasero y caderas. O sea no lo puedo creer. Y hasta se ve más pinche gorda porque al suéter se le hacen rollitos…¡Pobre! Yo creo que no sabe que antes de comprarte ropa debes lucirla ante el espejo desde todos los ángulos posibles. No tiene idea de cómo se ve la pinche vieja. Y algo fundamental que por lo visto ignora: las mujeres debemos ver cómo lucimos por detrás, poniéndonos de espaldas a un espejo de cuerpo completo y verlo a través de otro espejo que puede ser más pequeño y lo sostenemos con la mano. Si la pobre hiciera eso se daría cuenta de que tendría que tirar toda su porquería de ropa, pero lo grave de su caso es que su problema no es la ropa, sino su pinche cuerpo de perro callejero parado en dos patas. Al menos podría aprender a aminorar un poco sus pinches defectos, con esa falda que pues ni modo, ni cómo disimular que está más plana que los gays mal alimentados.
Ay, Becca, no sé por qué me caga tanto su ridiculez y que vaya con su pinche paquetote.

Gorda taz guanabí, ageinnnn

Publicado en

Pinche gorda guanabi espalda-brazos-de-camionero-y-nada-nada-nada-de-trasero. ¿Qué no se ve en un pinche espejo? Becca, hasta sospecho que sea hombre porque está bien culera de cuerpo. Pinche espaldota con llantas y pinches nalgas y caderas microscópicas. Si es hombre, pues qué bien se ve, pero si es mujer, qué pinche está. Ah pero eso sí, cómo camina la pendeja cual si estuviera buenísima. Y se baja con un porte de su cochecito de veinte pesos pagado-a-30-mensualidades como si de un mercedez se tratara. Y luego cómo se viste, ni cómo ayudarla… No tiene el mínimo sentido de la proporción, buen gusto, ignora la existencia de los accesorios, en fin, no sabes si reír o llorar cuando la ves.
Y eso que ahora es versión mejorada, porque cuando recién entró a trabajar estaba todavía más cerda y se vestía peor: Blusas apretadas presumiendo lonjas hasta en la espalda como oruga, según ella bien arreglada con zapatillas altísimas y ropa negra o café o azul, combinada diariamente con…¡un cinturón de lona con estampado de camuflage soldadesco verde! Ah, y claro, sus bolsitas de mano de tela imitación piel de pacotilla (que a la fecha subsisten).
O sea, de verdad que no discrimino a la gente según su físico ni su arreglo, al contrario, me gusta conocer a la gente re-al-men-te, platicar, saber por qué piensan lo que piensan y no juntarme solamente con los que piensan como yo. Lo que me choca y enerva de la pinche gorda no es su gordura ni su fealdad ni su ridiculez para vestir, sino su pinche actitud guanabi de petatiux. Hay gordas guapísimas que tú las ves y dices: “guau” porque su atractivo viene precisamente de que se saben gordas, se aceptan y se quieren así, y entonces la ropa y lo demás es sólo un reflejo de lo interno y blablabla. El caso es, tengamos el físico que tengamos, conocernos mínimamente, y actuar en consecuencia. Lo mismo con el dinero y lo que podemos comprar con él, para mí es igual alguien que va en un audi y alguien que va en un vochito 76. Peeeeeero si el del vochito desciende del mismo como si fuera la reina de polanco entonces algo no cuadra.

Publicado en

Pinche gorda guanabi, diario con su mugre morral de poliester color naranja pero eso sí, muy oronda y arreglada según ella. Becca, ¿conoces a una vieja que se crea con estilo, que ande de mucha zapatilla y camine como si el mundo no la mereciera, que vaya con un morral de poliester color naranja, aretes y collar de plástico o bisutería de todo por tres pesos? Pobre pendeja (ella, no tú, Becca).
Ah, y para rematar el cuadro de corrientez a la milésima potencia, su pinche tufo de que se rocía todo el frasco de perfume que yo no sé si es “de marca” o no, pero claro, la pendeja no sabe que es de malísimo gusto dejar la pinche estela de zorrillo veinte metros atrás de uno y dos horas después todavía apesta. ¡Que alguien le explique, por el amor de dios!