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Archivo de la etiqueta: misterios sin resolver

Voluble

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¿Te acuerdas de cuando vi por primera vez al vocalista de Los Babasónicos?

Exclamé: ¡Está horrible! ¡Lástima de la voz tan bonita que tiene, y esa cara tan repulsiva!

Bueno, pues últimamente he estado viendo videos de Los Babasónicos.

Y el vocalista ya me gusta.

Y mucho.

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No sabemos qué sea la “madurez”, pero definitivamente no eres maduro si tienes 45 y regresas a vivir con tus papás.

O nunca te has ido.

O te siguen dando dinero.

"Meter los cinco dedos en el vaso de leche para sacar un pobre pelito."

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Todos saben que la fiesta es en mi casa. Empiezan a llegar, todo de maravilla, siguen llegando y todos felices. Llega fulanita con la superchairacuarentona. La superchairacuarentona y yo ya hemos coincidido en varios lugares, nos han presentado, nos saludamos de besito, ya he ido a su casa. Ok, llegan. Les abro la puerta, “pasen, por aquí” etc. Fulanita me dice: ¡Ay, qué grande es tu casa! Pasan, sigue la fiesta, jijiji, jajaja. Lo que necesitan, pues me lo piden a mí: que si puedo pasar a tu baño, que donde ponemos el hielo, que tengan cuidado con el librero de R, que no pongan ahí los vasos, que si podemos conectar el ipod a tu componente y así.  Y entonces llega la hora que la superchaira anuncia su partida. Se despide, la acompaño a la salida, y al abrirle la puerta, que me dice con cara de fingida sorpresa: ¿ah, qué tú eres la de la casa?!!

Ay no mames

En las siguientes ocasiones en que la chaira y yo coincidimos, ya no me saluda.

Ay, por favor, no mames.

Como el pendejo que, ante la invitación de ir a tomar unos tragos con el chingonsísimo de A., se rehúsa exclamando: “¡ay no, yo no voy porque se ve que ese güey ha de ser bien fresa!”

De la lista interminable de cosas de este mundo que no entiendo:

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Comparar precios en toooooodas las librerías para ver en cuál de ellas está más barato equis libro. Clásico que todos mis compañeritos y amiguis de la facultad lo hacían “no, pus la ética de Spinoza  en trotta en Gandhi cuesta tanto (con pesos y centavos), en el fondo tanto, en el sótano tanto, en el parnaso tanto, en la  parroquial tanto, en el péndulo tanto, no, pero en la gandhi de quevedo tanto, pero en la de las lomas tanto y hay un montón porque en las lomas nadie compra esos libros, así que iré a las lomas a comprarlo” con una sonrisota triunfal, presumiendo su enorme astucia.

Qué pinche memoria tan prodigiosa tienen ¿no?

¿Y cuál es el promedio de los mentados descuentos? Unos cuantos pesos de diferencia, lo cual resulta todavía más ridículo si tomamos en cuenta lo que tuvieron que gastar en realizar el tour por toda la ciudad.

O sea, de verdad, explíquenme por el amor de dios, si de lo que se trata es de ahorrar una lana ¿cómo es que se gastan pasajes de metro y camiones o gasolina o suelas de zapato en peregrinar por todas las librerías? ¿Qué no sale al revés y gastan más de lo que pretenden ahorrar? No, y eso por no hablar del tiempo que invirtieron, que si nos ponemos mamertos (ejem, más), yo les preguntaría ¿y qué es más valioso: el tiempo o los pinches pesos que pretenden ahorrarse? Neta, no entiendo.

Y siempre lo hacían y lo siguen haciendo y además era de los temas más emocionantes que tenían bajo la manga, experimentaban casi el orgasmo cuando te hablaban de sus visitas a las librerías y sabían de memoria todos los precios en cada una. Eso sí que me parece friqui.

Una palabra (bueno, dos):

No ma-men

En todo caso habría que buscar en librerías de viejo o en el callejón de minería o en tianguis o en balderas y así, pero ahí es de ir a ver qué te encuentras (emoción de verdad, ¡yujuuuuuu!, ajá), y sí hay baratos y joyitas y ediciones agotadas y así, es cuestión de esperar, dejar que el libro te encuentre y blablablá.

Y ya.

Árbol en invierno, árbol en primavera

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Hay días…

Normalmente soy feliz, en serio, pero hay días…

Normalmente muero de la risa con cualquier simpleza a carcajada limpia, pero es que hay días…

O a lo mejor sería más exacto decir: pero hay momentos…

(Lo malo es que los “momentitos” luego me duran el 99.9 por ciento de mi tiempo, pero neta soy feliz)

Decía, entonces, que hay momentos en los que tengo cara de nadie se me acerque

Hay momentos en que tengo expresión de hastío infinito.

Hay momentos en que, contrario a mi costumbre de manejar con toda corrección (que no tiene nada que ver con la velocidad, por favor), me dan ganas de gritarles a los peatones:

-¡Órale, cabrón, mueve tu gordo trasero, que no estamos en Suiza, ubícate!!!!!

Y me paso los semáforos en amarillo, y no cedo el paso a nadie y así.

Hay días en los que una de las jefas mayores se cruza en mi camino (maldita sea, cómo no me fijé para cambiar de ruta a tiempo) y, cuando hace el intento de saludarme de beso, contrario a mi habitual buena educación y total hipocresía laboral, yo, rápidamente, la saludo primero sólo con la voz y le digo: ¡Que pase bonito fin de semana!

Y el resto de la tarde me parece más habitable.

Just you just you just you just you

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Hay mentecatos que les sacan los ojos a los pequeñuelos, les cortan las piernas y les atan las manos, con el objeto de exhibirlos y de implorar la caridad. He aquí por qué tengo miedo al ver todos estos niños. Marcel Schwob, La cruzada de los niños.
…porque por encima de todas las potencias de la tierra y el mar, la fe ferviente y la inocencia de los niños puede realizar las más grandes empresas… Jerzy Andrzejewski, Las puertas del paraíso

Pues por azares del destino, porque mi reloj biológico ya empieza a dar las primeras alarmas alarmantes de descomposición y decadencia y, sobre todo, porque no tengo nada útil que hacer en la vida, pregúntome yo muchas cosas: ¿qué onda con la vida misma? ¿Qué onda con las telenovelas del dos, y del trece y de cadena tres? ¿Qué onda con la juventud de estos tiempos tan turbulentos que dice “qué onda” (la juventud dice, no los tiempos), nada que ver con las juventudes ilustres de mis tiempos? ¿Qué onda con la infancia, “el futuro de la humanidad”? ¿Me reproduciré atendiendo al llamado de la selva? ¿Habrá una sabandijita o un sabandijo junior? Y si l@ habrá, ¿será, cual debe ser, diferente a todos los demás engendros del mal gritones y chillones y malcriados y apestosos?

Y es aquí cuando comienzan los problemas, porque si no me preguntara yo tanta pendejada, desde hace diez años aprox o cinco o tres o dos o ya mismo me hubiera reproducido, y todos tan contentos, mis papás y la sociedad entera no me molestarían exigiendo un renacuajo y que por qué me casé entonces y blablabla y el o la sabandijita ya con su vida echada a perder por mí pero viv@ al fin y al cabo y el ciclo vital continuaría como debe ser.

Pero no, uno sigue en la divagación y la vida bien gracias y los óvulos a la basura cada mes. Afortunadamente la naturaleza es sabia y por cada papador de moscas como yo hay mil8mil monitos que se reproducen sin pensárselo siquiera y el futuro de la especie está más que asegurado.

¿O no?

¿Acaso hay otros factores a considerar sobre el incierto futuro de la especie y el mundo terráqueo? Ay no, claro que no, si las hormonitas dictan que hay que multiplicarse para dizque vencer a la muerte y tener a alguien que nos cuide en nuestra vejez y olvidarnos de nuestra propia vida por los próximos veinte años mínimo y de paso desquitar nuestros traumas, taras y frustraciones con la pobre descendencia y de paso depositar en ella nuestras ilusiones y sueños fallidos.

Y preguntarse cosas, a veces (muchas, en mi caso) tiene que ver con la ilusión de “planear” y controlar. Y pregunto: y cuando l@ tenga, si l@ tengo, ¿cómo será el asunto? O sea, porque lo de menos es fabricarl@; pero ¿y después? ¿Con qué se come o qué? ¿Qué onda con ese ser, con ese pequeño monstruo?

Y vienen más problemas. Y busco respuestas en la gran experiencia de la gente que se ha reproducido. Y me encuentro con que ni siquiera se lo han pensado, sólo pasan los días y ya. Me miran con cara de extrañeza total. Pues nace y ya ¿no? Pues tengo hijos porque pus hay que tenerlos  ¿no?

Hay algunos que sí me responden:

Monita A (con cara de suficiencia absoluta, con voz fortísima, casi grita, con ademanes a todo lo que da y dejándote en claro que te está diciendo la verdad absoluta) vomita a todo tren lo siguiente: ¡Tienes la obligación de mostrarle a tus hijos lo bello que conoces, si yo aprendí lo bello del arte pues órale hijitos aprendan música o en este caso ballet!

¡Entras a teatro, quieras o no, órales!!!

El arte te va a dar la sensibilidad, la parte cognitiva como quiera la vas a aprender, desarrollar tu creatividad, si de pequeñito no lo vas dirigiendo no lo vas a tener de grande, a través de lo lúdico, el mundo se les va a abrir de otra forma. Yo creo que me alucinaron los maestros de mis hijos, yo los metí a cuanto taller había y les exigía a los maestros que los  corrigieran.

DEBES de iniciar con la natación porque la natación le va a ayudar a su desarrollo motor. Tratar como papá de abrir todas las posibilidades, qué hay para yo llevarlo para que desarrolle otras habilidades, y no quedarse con la escuela porque esa es una falacia, no que te aguante todo un concierto pero a lo mejor unos minutos que vea todos los instrumentos. MIRA los pétalos, los troncos el agua, poco a poco y después se van a detener a observar cada cuadro y te van a decir mira mamá qué bonito, éste me gustó. Es todo un proceso educativo.

Nosotros escuchábamos ópera, escuchábamos a Pavarrotti, y mi hijo me dijo “quiero estudiar italiano” y no me lo dijo dos veces, y lo llevé. Y yo llevarte, conducirte. VEN, COMPRÉ BOLETOS PARA LA ÓPERA, VAYAN, VAMOS, ESCUCHEN, FÍJENSE, ALÉRTENSE EN LO QUE LOS RODEA.

ES COMO…. QUE EXPERIMENTE MI NIÑO (CON  EXPRESIÓN YA NO DE SUFICIENCIA, SINO DE SAICA TOTAL)

A LOS TRES AÑOS A TEATRO

DESDE BEBÉS TRABAJAMOS LA COORDINACIÓN GRUESA

LE GUSTA Y ME ENCANTA PORQUE ES LLEVAR RITMO CON LA MÚSICA DEL PIANO, ES LLEVAR RITMO, COORDINACIÓN, LA  PARTE ESTÉTICA, EL DISFRUTE DE LA MÚSICA, EL MOVIMIENTO COMPLETO, YA LA LLEVÉ A VER FUNCIONES, CLARO, YA VIO LO QUE ES, YA SABE LO QUE ES, HE VISTO CON ELLA PELÍCULAS DE BAILARINAS, DESDE CHIQUITA LA LLEVÉ A CONCIERTOS, LOS VAS ACERCANDO, LOS VAS ACERCANDO.

YA LA METÍ A LOS SCOUTS (no mamar, los scouts!!!!!), ALGO TRABAJARÁ, EL TRABAJO EN EQUIPO, LA RESISTENCIA, PASAR EL BORDO, (¡pasar el bordo! claro, algo fundamental) QUE A Mí ME PARECE TAMBIÉN ESTO MUY IMPORTANTE, LES VAS DESPERTANDO OTRAS SENSACIONES, EL INTERÉS POR LOS ANIMALES, ¿NO?

CÓMO RELACIONARME CON MI CHIQUITO, DÉJALO QUE TOQUE, QUE PUEDA PERCIBIR, Y TODO (MENEANDO LA CABEZA Y LEVANTANDO HORRIBLEMENTE LA VOZ Y CON MÍMICA) QUE TREPEN, QUE VEAN QUE HAY HOJAS DIFERENTES, O SEAAAA, ES MUCHO MÁS QUE NADA MÁS VENGO Y LA LECTURA Y LAS CANCIONES.

Yo: ay no mames, esa actitud de tengo la verdad sí que me da cosita y hasta comezón. Pobres de sus hijos. Y puros verbos imperativos, ¿se fijaron? ¿Hay algo más cagado que ordenarte a gritos, y con la razón de tu lado: ÓRALE, ESTUDIA ARTE, SÉ CREATIVO!!!!!?

Monito B (es muy inteligente, estudioso, exitoso y tiene 8mil hermanitos): Pues mis hermanos siempre fueron muy estudiosos y despiertos desde chiquitos. Ana aprendió sola a leer desde los tres años, y la estimulamos y todo sabía. Pero cuando entró a la escuela se aburría enormemente, todo se le hizo muy fácil y la pasó muy mal, sufrió mucho. Así que con mi hermano el más pequeño, en cuanto vimos que también quería leer, le quitábamos los libros o las letras y lo llevábamos a jugar. Entró a la escuela sin saber leer, en igualdad de condiciones con sus compañeritos, así que no se aburre, aprendió rapidísimo a leer, juega, es inteligente, se relaciona bien con sus amiguitos, él sólo se pone a estudiar.

Yo: ¿pero y si tiene habilidades para el arte, para esto o aquello, y tú no lo llevas a ningún otro curso?

B: pues sí dibuja pero en casa, jugando. Pero creo que debe jugar y punto

Yo: ¿Peeeero no es ahorita la edad para explotar sus cualidades artísticas si las tiene?

Monita C (ésta ni siquera descripción merece): Ash, pues mis hijas sí dibujan bien bonito, pero yo no las voy a llevar a ningún lado, qué flojera. Ellas se ponen a dibujar en sus cuadernos y ya. Y me da flojera llevarlas a danza o cualquier otra cosa, que se conformen con la escuela. (Además les pega bien cabrón y las tiene bien desnutridas, pero esa es oooootra historia de la infancia de nuestro mundo).

Habiendo realizado este enorme y exhaustivo estudio de campo, quedé peor que antes.

Primera conclusión: nadie sabe, nadie supo. Que el señor bendiga a los pobres chamacos.

Analicemos detenidamente los casos presentados. Bueno, no. Hagámonos preguntas:

¿Los estimulas o no los estimulas?

Ash ¿y qué es eso de la estimulación? Cuando mi abuelita, no había esas mamadas.

¿Los llevas a mil cursos o sólo a la escuela?

¿Y qué tipo de escuela?

¿Que saquen 10 o 8?

¿Cómo sabes si es estimulación o sobreestimulación?

Si los llevas a cursos ¿los aburrirás, los saturarás, les anularás su creatividad, odiarán el arte?

Si no los llevas a cursos ¿se perderá el artista que el mundo entero estaba esperando?

¿Cómo hacerle para que se divierta con los cursos y no que se agobie?

¿Que sea el mejor estudiante de su clase o que sea promedio?

¿Habilidades intelectuales, artísticas, sociales o emocionales?

¿Y cómo trabajas cada una de ellas?

Y si los llevas a mil cursos ¿no le estarás enseñando a intentar todo y no concretar nada?

Bueno, para empezar, ¿qué diablos es un niño? Antes ni siquiera existían, eran como personitas incompletas y nada más. Creo que ni a alma llegaban los pobres, o sea que ya avanzamos un chorro. Y tampoco los aventamos al monte si vienen defectuosos.

(Y aquí hay que gugulear las estadísticas del INEGI, UNICEF y anexas para ver cuánto hemos avanzado en derechos de los niños, su alimentación, educación, violencia, abuso sexual, trabajo infantil. O darnos una vuelta por la cuadra para apreciar dichas estadísticas en vivo y en directo).

Segunda conclusión: Nadie sabe, nadie supo. Y así está bien. Y no hay respuestas concluyentes, y no importa. Y los chamacos ya vienen con su temperamento incluido que, combinado con el carácter y la personalidad que desarrollen, resulta vayan ustedes a saber qué. Cada personita es única, diferente e insustituible.

Y hay papás académicos con 8mil posdoctorados bien acá, cuyos hijos son un desastre total en la vida. Y hay hijos felices o exitosos o genios cuyos papás apenas si saben leer. O hijos maduros cuyos papás están en la cárcel. O hijos alcohólicos o drogadictos cuyos papás nunca se emborracharon siquiera. O hijos abstemios cuyos papás murieron de cirrosis. O hijos alcohólicos de padres alcohólicos. Y así hasta el infinito.

Así que nada está garantizado, no hay fórmulas. Bienvenida sea la incertidumbre. Bienvenida sea la vida.

Tal vez, y sólo tal vez, la única tareíta de los padres sea ésta:

“Que vivan su niñez. De otra manera, los hijos son como una parte de la madre. Es menester que los padres sepan que todo lo que los hijos adquirieron, experimentaron, vivieron con sólo el padre y la madre o sólo para complacer a los padres debe caer, como hojas muertas, en el momento de la pubertad. El adolescente sólo retiene de su niñez lo que ha sido integrado, no con sus padres solamente sino con muchas otras personas al mismo tiempo.

Ahora, ¿qué quiere decir eso de urgirlos? En todo caso, puedo asegurar que es muy malo para un niño saltar un grado. Si el niño puede aprender a leer, a escribir y a contar con la madre y el padre, muy bien, y hasta es mejor que si lo hace en la escuela, con la condición de que tenga otras posibilidades de frecuentar a niños a partir de ese momento para participar en juegos o en actividades de taller.

Los niños son todos inteligentes. La inteligencia escolar no es casi nada al lado de la inteligencia general. La inteligencia significa dar un sentido a todo en la vida; no es sólo la inteligencia de la escuela. Es preciso relacionar todo lo que se ve y no reducirlo todo a los términos escolares. Quisiera que los padres comprendiesen que es necesario desarrollar la inteligencia y la sensibilidad ante la vida por todos los medios de que dispone el cuerpo para expresarse.

Hay naturalezas que se abren muy pronto a muchas cosas, pero esa no es una razón para empujarlas exclusivamente a la vida escolar. La probidad de carácter, el amor por la naturaleza y su observación, las plantas, los animales, la alegría de vivir, la inventiva industriosa, la destreza manual y corporal, la afectividad, la experiencia psicológica de los demás y de la vida colectiva, la aceptación de la diferencia de los otros, la aptitud para hacer amigos y conservarlos, el conocimiento de la historia de su propia familia, de su ciudad, de su región, de su país, el despertar de la sensibilidad al arte, a las manifestaciones culturales, la afición por los deportes, el sentido de la propia responsabilidad, la curiosidad por todo y la libertad de satisfacerla, todas estas son cualidades que a menudo no se desarrollan cuando el éxito escolar es el único valor por el cual los padres aprecian a su hijo”.

Dolto, Françoise: Niño deseado, niño feliz. Claves para aceptar, comprender y respetar las particularidades de sus hijos, Paidós, 1997, pp. 48-50.

Sí, eso: aceptar, comprender y respetar las particularidades de los engendros. Nada más.

Ash, si con trabajos  me acepto, me comprendo y me respeto, ja.

Conclusión final: no hay conclusión.

Y ya. Coman frutas y verduras

Regalos

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                                                                                      Para, por y desde Roberto García

 

Aunque diga que no, Roberto tiene un blog de arte.

Y me habló de arte también.

Y no sólo eso, sino que además me regaló dos de sus piezas.

Y muchas preguntas.

Muchas

Todo lo que provoque preguntas

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En la serie de libros de Mankell con casos que resuelve el detective Wallander, impera una atmósfera de decadencia, desesperanza, miseria humana, historias que ocurren en la primer mundista Suecia.

Y ahí está Wallander, cuyo éxito en la resolución de los casos está en hacerse preguntas, las preguntas correctas, y tratar de contestarlas como lo harían los criminales. Y las preguntas atormentan a Wallander, quien no duerme, no come, no se tranquiliza. Y resuelve el crimen para volver a empezar, para esperar el siguiente, y así. Pero hay algo que no cuadra en Wallander: no llega a ningún lado, no sabe de dónde y por dónde ni a dónde. Se pierde, no encuentra ningún asidero para mantener la cordura.

El padre de Wallander vive, pero ya tiene más de ochenta años. Ya está senil. Su actividad principal de todos los días es pintar el mismo cuadro una y otra vez. Es un pájaro. No recuerdo si el escenario cambia, o también es el mismo. Y Wallander no lo entiende. El viejo está senil.(“Los viejos se comportan nuevamente como niños”). Pinta y pinta lo mismo. Pero el viejo ya tiene paz, y Wallander no. Llegó a lo mismo, a la nada, a lo incomprensible, a lo simple, pero después de un camino recorrido. Encontró las respuestas en formular las preguntas. El cuadro es el mismo, pero el camino no.

Claro, como dijo Roberto, no es lo mismo pintar lo mismo cuando tienes veinte años, y durante el resto de tu vida; a pintar lo mismo después de los ochenta. Hacerlo en la primera opción es comodidad. Imbecilidad, añadiría yo, y muerte.

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Roberto es oreja y ojos con patas.

Irradia una autonomía inusual

Es como si no necesitara a nadie

Y como si no lo supiera. Sin soberbia,

O sabe lo que necesita de ellos

O no le incomoda necesitar lo que necesita

O sabe que lo que necesita está en él.

Como quien sabe Yo soy

Sólo alguien así puede preguntarse ¿cómo estar en este mundo con el mínimo posible de rango de acción, haciendo lo mínimo? ¿Cómo hacer lo menos, estando?

Y dice que no sabe preguntar

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Esta es una pieza que me regaló:

Lo amé inmediatamente. Podría ponerlo de cabecera de mi blog.

Es hermoso.

Me fascina contemplarlo.

Cualquiera lo puede hacer similar, hasta yo, dirán.

Pero ése no es el punto.

No es que no importe en absoluto. Importa en la medida en que te dice que hay algo detrás, un largo camino, un recorrido, un punto de partida.

Para mí será un punto de partida desde la nada hacia la nada.

Para él es el punto de llegada, a partir de un origen y después de una travesía.

Es el resultado de algo.

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¿Sabes lo difícil que es regresar a lo simple? ¿Sabes lo difícil que es alejarte y tomar distancia para apreciar lo obvio?

¿Sabes lo difícil que es ver, oír, y poder regresar?

 

“-¡Si ni siquiera sabes lo que significa sofisticado!- dije.

Mi madre se volvió hacia mí con brusquedad. He de repetir que cuando me dio a luz sólo tenía veintiún años. Nunca he sido mucho más joven que mi madre, y ella nunca ha sido mucho más mayor que yo. Estábamos en el coche, y me llevaba al colegio. Era en Swansea, a finales de los años cincuenta.

-¡Oooh, sí sé lo que significa sofisticado!- dijo ella.

-No, no lo sabes. No lo que significa realmente.

-Sí, sí lo sé.

-Pues venga, dime: ¿qué significa sofisticado?

Veo el perfil de mi madre, que frunce el ceño levemente, concentrándose, mientras enumera algunos de los atributos más atractivos y propios del vocablo, todos ellos dignos de ser ambicionados por una tímida chica de pueblo de Berkshire.

Dije:

-No, no es eso lo que significa de verdad.

-De acuerdo. ¿Qué significa de verdad, entonces?

Corrupto.

Mi madre era inocente. Con el tiempo le vino la experiencia, y la asimiló. Y con el tiempo volvió a ser inocente. Y yo siempre me he preguntado cómo lo logró.

(…)

…donde hay hierba hay también, necesariamente, serpientes.

La inocencia atrae a sus dos principales contrarios: la experiencia y la culpa. La nuditas virtualis atrae a su correlato teológico la nuditas criminalis. El pedófilo, por ejemplo, quiere de los niños más cosas que la mera belleza física; el pedófilo ansía tanto profanar que tan sólo los niños le sirven. Yo era joven, y el mundo era más joven, casi inimaginablemente más joven. Y sin embargo siempre están ahí estos enemigos, estos seres que al ver la inocencia necesitan hacer algo contra ella”. (Martin Amis: Experiencia)

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Y eso -bueno, no eso, pero me acordé de todos modos- me recuerda cuando entrenaba box profesional -hace milenios, qué horror-. El entrenamiento era inclemente, sólo éramos cuatro mujeres porque teníamos que mantener el mismo ritmo que los hombres. Era normal que cada sesión, de los dos sexos, fuéramos corriendo a vomitar o a hacer del baño, del esfuerzo. El caso es que tenías que entrenar diariamente, más allá de tus límites, durante mínimo cuatro meses, para poder subir al ring durante nueve miserables minutos, en lapsos de tres. Cuatro meses para medio aguantar nueve minutos. El entrenamiento era duro, metódico, ascendente. Tenías que medir cada jugada, cada golpe, dominar todos los movimientos, entrenar sobre todo la mente para aguantar el cansancio y leer la táctica del otro.

Pero cuando subías al ring, descubrí que el chiste de todo ese trabajo era digerirlo en las vísceras. Los mejores golpes se conectan cuando la mente no piensa, sino cuando sólo el cuerpo responde. Lo aprendido está ya en la sangre, en las venas. Y bum, sin saber cómo, sueltas los mejores golpes, los más rápidos, los más certeros.

Y ése era el trabajo real. No quedarte clavado en el entrenamiento. Aprender a usarlo, a proyectarlo, a escupirlo. Después de un largo esfuerzo mental por aguantar y aprender, regresas a lo básico de gritar en cada golpe, de sentir la adrenalina y la sangre.

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Cuando esperaba a Roberto, leía este fragmento:

“Pues un hombre es lo que ama. Por eso lo ama: porque él forma parte de ello. Y no sólo un hombre. Ocurre lo mismo con las cosas. Recuerdo el bramido que se oyó en la lavandería automática de origen americano, importada de no sé dónde y recién inaugurada en Leningrado, cuando introduje mis primeros tejanos en una de las máquinas. En aquel bramido se percibía la alegría del reconocimiento; toda la cola lo percibía. Así que cerremos los ojos y admitámoslo: en el mundo occidental, en la civilización, reconocíamos algo propio; quizá más que en lo de nuestro país. Y además íbamos a tener que pagar por esa sensación. Y un precio  muy alto: el resto de nuestra vida. Que no es poco, admitámoslo. Pero pagar menos sería pura prostitución. Y además, en aquellos tiempos, el resto de nuestra vida era cuanto poseíamos”. (Brodsky, Joseph: Del dolor y la razón)

Yo no sé si poseo mi vida pasada, presente y el resto de ella. Creo que ya no se sabe. Son otros tiempos en que ni esa certeza tenemos. De hecho, creo que es de lo que más estamos desposeídos. De nuestra vida y lo que conlleva: reconocimiento, nostalgia, mirar, escuchar, vínculos.

Suele pasarme que abomino al mundo, abomino mi persona, abomino todo. ¿Y qué me queda, entonces? No anhelo ser optimista -otro tipo de ceguera, peor-, sólo no quiero sucumbir; o no tan fácilmente.

Y en todo esto, mi pequeño, íntimo y patético acto de rebeldía -rebeldía hacia el mundo pero, sobre todo, rebeldía hacia mí, en primer lugar, porque es más fácil y cómodo estar sola, con el eco de compañía- es conocer a una que otra persona. O intentarlo. O provocarlo. Sólo un poquito, aunque sea.