Canal RSS

Archivo de la etiqueta: qué onda con la vida

De la ilusión de ser gitana

Publicado en

Tengo que seguir siendo gitana y no ponerme en el blanco. De todos modos me va a matar. De todos modos me está matando.

Pero que sienta que no me doy cuenta, que no sé que ya estoy en el blanco. Para que él tampoco se dé cuenta cuando me clave el cuchillo. Para que no le dé miedo. Para que siga conmigo.

La inspiración, aquí.

To be with a soul so hungry and powerful and needful to go forth into the universe

Publicado en

No me gustan las divisiones, o tal vez es que me gusten demasiado: blanco/negro; bueno/malo; todo/nada; nunca/siempre.

Como sea, el mundo se divide en muchas cosas, por ejemplo, en gente pendeja y en gente que no es pendeja. Por ejemplo, en gente con vida interior y en gente feliz. Por ejemplo.

El caso es que hay esta niña, P. Y no puedo evitar decirle niña, a pesar de que tiene 24 años. O sea, es chiquita chiquita comparada conmigo, comparada con lo anciana que me siento, lo que daría por tener nuevamente su edad, toooooodo lo que haría, ajá, tooooodo lo que cambiaría, ajá. Toda una vida por delante. Pero estamos de acuerdo en que ya es toda una adulta, en que toooooda la gente que conozco, a los 24 ya va pero más que encaminado, ya tiene toda una historia detrás, ya tiene Experiencia, sabiduría, sufrimiento a cuestas.

Los miras a los ojos y toda una historia te da la bienvenida.

Personalidad.

En fin, está esta niña, P., que la ves y … es todo lo que hay.

Lo más triste del mundo: lo que ves es lo que hay.

¿El resultado?: Que es la niña más simpática del mundo mundial. Easygoing como no tienen una idea. Sonrisa eterna en la cara. Sonríe hasta con los ojos, pero de esa sonrisa que no te dice nada más que: “soy feliz”. O sea, la sonrisa más fotogénica del mundo.

La sonrisa, creo yo, es hermosa cuando la tiene alguien que ha sufrido, (güareverdatmins).

No me malentiendan. A mí también me cae la mar de bien. Últimamente he pensado seriamente (sin sarcasmo, aclaro) en dar el siguiente paso: invitarla al cine, al café, ya saben, todo eso que se supone se hace en estos casos. Su compañía te relaja, te llena de buena vibra, te dan ganas de sonreír también, te dan ganas horribles de poder ser como ella y ver la vida bonito, te rindes ante su carisma. Es inevitable: en un grupo, es el foco de atención, un foco visual, pero un foco vacío. Y después de un año de conocerla, puedo decirlo: un foco idiota.

Nada por aquí, nada por allá.

Cero misterio, cero secretos oscuros, nada dónde escarbar, cero capas de cebolla. Cero fantasmas

Me dirás: “tú qué sabes, si no la conoces, si no les has preguntado, si no eres íntima suya”.

Ajá, pero las historias se advierten a kilómetros de distancia. Huelen, a veces hasta apestan. Siempre. —Por eso haces clic con ciertas personas y por eso las multitudes te rechazan.

Y yo las detecto, déjenme les digo. Sí, no sabre cuál es la historia particular, pero sé cuando hay historias. Y al revés, es instantáneo cuando se detecta cuando no hay historia en absoluto. Y P.  no tiene historia. Es más, muchas veces, aunque sean tus amigos, pueden pasar meses o años para que te cuenten la suya, la verdadera. O a veces ni te las cuentan, pero ambos saben que ahí está, que es lo que te conecta, pueden mirarse a los ojos y comprenderse. Así que no es estrictamente necesario que uno sepa la historia (eso, con suerte, vendrà con el tiempo, con la cercanía), sino sólo saber que ahí está, esperándote, recibiéndote, comprendiéndote.

Todos sufrimos. El problema, quizá , es que hay personas como ella que rechazan ese sufrimiento, no lo aceptan, no lo procesan no lo rumian hasta el cansancio , lo minimizan-le temen-lo-ignoran-qué-sé-yo, no se hacen historias con eso. Literatura. Siguen adelante, como los animalitos del bosque, viven el presente; no como debe ser, sino a lo coelho.

Y entonces, a esta niña tan linda, tan fotogénica (maldita), tan delgada (maldita), tan sonriente, nadie le ha dicho “eres interesante”. Nadie. No hay nada qué conocerle.

Y entonces ella se toma fotos, retratos, esforzándose por parecer femenina, esforzándose por parecer sensual, se desnuda, juega con luces y sombras en la intimidad de su cuartucho, se pone leotardos, se pone vestidos y… nada, fotos igual de vacías que ella.

¿Cómo podría ser sensual si no tiene misterio alguno?

¿Cómo puede resultar intrigante si clama a los cuatro vientos que ama su cuerpo y se la pasa predicando tipo “es que hay que aceptarnos tal como somos”?

¿Y cómo somos, estúpida? ¿Eh? ¿Tú sabes? Porque yo llevo toda mi vida tratando de averiguarlo, y cada día estoy más confundida.

Nota al margen: todos los genios que conozco, siempre, en alguna medida, están a disgusto con su cuerpo; o su relación con su cuerpo, es, digamos, problemática. Que si el peso, que si estoy feo, que si ya me quedo calvo, que si ya tengo canas, que si no soy atlético, que si la uña del dedo gordo del pie… El libro Microserfs lo describe de una manera hermosa. Es como si, en la medida en que tienes “vida interior”, en la medida en que te preguntas cosas, en la medida en que te sabes en un tiempo y en un espacio determinados, siempre está esta mediación del cuerpo, y la tienes que resolver de alguna manera, y esa manera no siempre es la “mejor”.  Es como un lastre, y la lucha por encontrar tu lugar en el mundo es la lucha en que te relacionas con tu cuerpo.  NO sé, algo así.

Ya lo dijo Amy Winehouse: ninguna mujer que se precie de vivir aquí y ahora, está a gusto con cu cuerpo. Un signo de estos tiempos es odiar nuestro cuerpo, o de perdida no aceptarlo. En todo caso, como diría sabia y hermosamente bob, ése es tu marco de referencia contra el cual vas a luchar. Tienes que conocer tu marcode referencia, no  para sonreír idiotamente, sino para saber en qué terreno te estás moviendo y cómo quieres reaccionar.

Y P., sospecho, no tiene idea de que se mueve en algún terreno, para empezar.

¿Y qué te queda entonces? Pues lo que ves. NO más.

Sin título

Publicado en

Se acerca la hora. Siempre con el tiempo encima, más bien a destiempo.

Tengo una idea.

Tengo muchas ideas.

No es cierto.

La verdad es que no se me ocurre nada.

O sí, pero cuál es el chiste.

¿Para qué?

¿Por qué es importante tener algo que decir, y decirlo?

Como si importara.

Eso por un lado, vieja historia, el mismo cuento de siempre.

Y por otro lado, me deprime mucho más que Mari me diga: “tú tranquila, tú disfruta”. Que le diga a él: “R. tiene unas imágenes impresionantes con la adaptación que le hizo a su cámara, y (no, de hecho no puedo reproducir lo demás que dijo)”

Sí, se me ocurrieron muchas ideas, ideas que han estado desde hace mucho tiempo pero no sé cómo concretarlas, no sé cómo reinterpretarlas. Y luego el paisaje, deprimente. Siempre he odiado el paisaje. Y luego el desánimo de cada día. Disparo y disparo. (Por cierto, eso me recuerda que ahora mismo debería estár en el laboratorio… no, no no). Acabo. El pseudodesierto a cinco minutos de la ciudad.

Y entonces él viene y me habla. Miedo.

No entiendo, de verdad, cómo alguien que este año está sacando fotos en el Sahara, fotos impresionantes que cuando las vi me dije “esto es digital, obviamente”, pues no, no señor, son fotos análogas, increíble pero cierto, fotos análogas; que ha estado en los confines de arriba y de abajo, que lleva tres días abrumándonos con sus ensayos, que está en su elemento paisajeril; no entiendo, como decía, que se acerque y me pregunte mi nombre, dónde vivo, si tengo hermanos, qué hago, dónde y qué estudio (no, le digo, en tiempo pasado ya), qué hago, qué me gusta, dónde trabajo, qué hacen mis papás, mi edad, mis amigos, a qué hora esto, a qué hora lo otro, bueno, el interrogatorio más exhaustivo al que me han sometido.

No lo entiendo, y me asusta. Es decir, sí lo entiendo, y me asusta.

Esta noche, en sueños, creo que me vino la imagen. Pero tengo miedo, como siempre.  El desánimo prevalece.

Es que me deprime este… no sé exactamente, son muchas cosas: que no tenga nada que decir, que sí pero para qué, que me engaño, que el mundo y la gente realmente no me interesan, y entonces ya todo se jode, ya todo es una mentira, esto y yo y tú, y todo todo. Porque fue un golpe en la cara su interés genuino por el mundo, por mí, por la gente, su curiosidad, su sencillez, su amabilidad. No sé hacia dónde va, digo, pero el punto es que se interesa y se acerca y pregunta y te ve a los ojos y… cosas que yo nunca hago, la verdad.

Y me siento mal.

Y es que, desde el primer minuto, los demás están: “maestro esto, maestro lotro” y lo acosan y se acercan y le hablan y le hablan ¿de qué le hablan? me devano los sesos, que me pasen tantito arrojo y tantito verbo. Está Santoyo, que le habla y se luce y quiere dejar claro que él también es ya un fotógrafo, que hablan el mismo idioma, que le quede claro. Y está la fulanita esa, que también quiere dejar claro que es fotógrafa y nos mira por debajo del hombro, y está… deja ya de criticar como siempre -tranquila, que si a ellos los critico a mí me critico el doble y el triple y el cuádruple-.

Pues sí, y ayer ahí los tienes, otra vez, hablándole, rondándolo, no sé cómo pueden tener lo que deba de tenerse para hacer eso sin descanso. Y él condescendiente, sí, ajá. Porque le hablan de ellos, por todos los dioses, le hablan y le hablan (es que nunca dejará de sorprenderme esa capacidad que tiene la gente para hablar y hablar y hablar) de ellos y por qué habría de interesarle, ¿por qué? ¿Y por qué no se dan cuenta? Y a los cinco minutos oigo que él dice por fin “pero te estoy quitando el tiempo, anda a sacar tus fotos”. Gulp. Pero llega el siguiente, y después el siguiente, y así. Por eso yo quitada de la pena, termino y me voy a contemplar el pseudo paisaje, y entonces él viene y me habla y me pregunta. HOrrible. Pero por mucho tiempo, que se acercó cuando el sol todavía estaba en pleno y fue oscureciendo y se hizo de noche y ahí seguía. Hasta que logré, horas después (la exagerada), hacerle la clásica y estratégica pregunta pendeja mamila sobre el arte contemporáneo y habló y hablo y habló y yo respiré un milímetro aliviada y me limité a lo único que sé (según): escuchar y mover la cabeza pendejamente “sí” “no” con la infaltable sonrisa lela de “te estoy siguiendo perfectamente”.

Ya con el sol muriendo que empiezana regresar los demás y entonces mi alivio creció dos milímetros, se arrremlinan alrededor y pienso “por fin” ya no estoy sola, pero él sigue y sigue con todo un discurso (osh, por qué no se me ocurrió oootra pregunta, maldición) dirigido sólo a  mí porque no ve a nadie más y me dice “¿ves” ¿ajá?” y “por que si tú” y me señala y se mueve y está pero bien inspirado y mis complejos y angustias vuelven a multiplicarse porque entonces los otros no saben qué hacer porque están en circulito a su alrededor pero no los pela ni los ve ni los nota, pero yo sí los noto y veo que ya no lo ven a él, sino que voltean a verme a mí, quince monitos volteándome a ver a momentitos y entonces pienso “no, yo nunca me intereso por nadie así, y aunque lo haga, no lo hago, y entonces no tengo nada qué decir, y si tengo algo que decir, no me interesa decirlo, y entonces qué hago aquí, mejor pido disculpas  y me largo.

Definitivamente confirmo que no sé lo que quiero. Ni siquiera sirvo para fingir.

Y me dijo “quiero ver tus fotos”. Seguro hoy ya no fui al laboratorio. No he cometido errores en el revelado ni en la impresión. Pero seguro, cuando vaya al laboratorio, arruinaré o el negativo o las impresiones o algo. Seguro.

Y no quiero que vea mis fotos ni el ensayo mamila que hice Kant-Marías-Bolaño-percepción-epistemología-escuchar-mal-desierto. Hazme el maldito favor. Supongo que para la ffyl está para aplausos de foca, pero para el mundo rial esos ensayos son de pena ajena.

Me dan una envidia espantosa los otros monitos que desde el primer minuto van y le ponen sus portafolios en la jeta (o sea, con qué cara vas y le enseñas tu “obra ” a alguien así, a mí más bien me hierve la cara de vergüenza) y él “no, yo no vine a ver portafolios” y los otros “no, nada más ésta” y le enjaretan la carpeta.

En fin, crónica de otro intento truncado.

Just you just you just you just you

Publicado en
Hay mentecatos que les sacan los ojos a los pequeñuelos, les cortan las piernas y les atan las manos, con el objeto de exhibirlos y de implorar la caridad. He aquí por qué tengo miedo al ver todos estos niños. Marcel Schwob, La cruzada de los niños.
…porque por encima de todas las potencias de la tierra y el mar, la fe ferviente y la inocencia de los niños puede realizar las más grandes empresas… Jerzy Andrzejewski, Las puertas del paraíso

Pues por azares del destino, porque mi reloj biológico ya empieza a dar las primeras alarmas alarmantes de descomposición y decadencia y, sobre todo, porque no tengo nada útil que hacer en la vida, pregúntome yo muchas cosas: ¿qué onda con la vida misma? ¿Qué onda con las telenovelas del dos, y del trece y de cadena tres? ¿Qué onda con la juventud de estos tiempos tan turbulentos que dice “qué onda” (la juventud dice, no los tiempos), nada que ver con las juventudes ilustres de mis tiempos? ¿Qué onda con la infancia, “el futuro de la humanidad”? ¿Me reproduciré atendiendo al llamado de la selva? ¿Habrá una sabandijita o un sabandijo junior? Y si l@ habrá, ¿será, cual debe ser, diferente a todos los demás engendros del mal gritones y chillones y malcriados y apestosos?

Y es aquí cuando comienzan los problemas, porque si no me preguntara yo tanta pendejada, desde hace diez años aprox o cinco o tres o dos o ya mismo me hubiera reproducido, y todos tan contentos, mis papás y la sociedad entera no me molestarían exigiendo un renacuajo y que por qué me casé entonces y blablabla y el o la sabandijita ya con su vida echada a perder por mí pero viv@ al fin y al cabo y el ciclo vital continuaría como debe ser.

Pero no, uno sigue en la divagación y la vida bien gracias y los óvulos a la basura cada mes. Afortunadamente la naturaleza es sabia y por cada papador de moscas como yo hay mil8mil monitos que se reproducen sin pensárselo siquiera y el futuro de la especie está más que asegurado.

¿O no?

¿Acaso hay otros factores a considerar sobre el incierto futuro de la especie y el mundo terráqueo? Ay no, claro que no, si las hormonitas dictan que hay que multiplicarse para dizque vencer a la muerte y tener a alguien que nos cuide en nuestra vejez y olvidarnos de nuestra propia vida por los próximos veinte años mínimo y de paso desquitar nuestros traumas, taras y frustraciones con la pobre descendencia y de paso depositar en ella nuestras ilusiones y sueños fallidos.

Y preguntarse cosas, a veces (muchas, en mi caso) tiene que ver con la ilusión de “planear” y controlar. Y pregunto: y cuando l@ tenga, si l@ tengo, ¿cómo será el asunto? O sea, porque lo de menos es fabricarl@; pero ¿y después? ¿Con qué se come o qué? ¿Qué onda con ese ser, con ese pequeño monstruo?

Y vienen más problemas. Y busco respuestas en la gran experiencia de la gente que se ha reproducido. Y me encuentro con que ni siquiera se lo han pensado, sólo pasan los días y ya. Me miran con cara de extrañeza total. Pues nace y ya ¿no? Pues tengo hijos porque pus hay que tenerlos  ¿no?

Hay algunos que sí me responden:

Monita A (con cara de suficiencia absoluta, con voz fortísima, casi grita, con ademanes a todo lo que da y dejándote en claro que te está diciendo la verdad absoluta) vomita a todo tren lo siguiente: ¡Tienes la obligación de mostrarle a tus hijos lo bello que conoces, si yo aprendí lo bello del arte pues órale hijitos aprendan música o en este caso ballet!

¡Entras a teatro, quieras o no, órales!!!

El arte te va a dar la sensibilidad, la parte cognitiva como quiera la vas a aprender, desarrollar tu creatividad, si de pequeñito no lo vas dirigiendo no lo vas a tener de grande, a través de lo lúdico, el mundo se les va a abrir de otra forma. Yo creo que me alucinaron los maestros de mis hijos, yo los metí a cuanto taller había y les exigía a los maestros que los  corrigieran.

DEBES de iniciar con la natación porque la natación le va a ayudar a su desarrollo motor. Tratar como papá de abrir todas las posibilidades, qué hay para yo llevarlo para que desarrolle otras habilidades, y no quedarse con la escuela porque esa es una falacia, no que te aguante todo un concierto pero a lo mejor unos minutos que vea todos los instrumentos. MIRA los pétalos, los troncos el agua, poco a poco y después se van a detener a observar cada cuadro y te van a decir mira mamá qué bonito, éste me gustó. Es todo un proceso educativo.

Nosotros escuchábamos ópera, escuchábamos a Pavarrotti, y mi hijo me dijo “quiero estudiar italiano” y no me lo dijo dos veces, y lo llevé. Y yo llevarte, conducirte. VEN, COMPRÉ BOLETOS PARA LA ÓPERA, VAYAN, VAMOS, ESCUCHEN, FÍJENSE, ALÉRTENSE EN LO QUE LOS RODEA.

ES COMO…. QUE EXPERIMENTE MI NIÑO (CON  EXPRESIÓN YA NO DE SUFICIENCIA, SINO DE SAICA TOTAL)

A LOS TRES AÑOS A TEATRO

DESDE BEBÉS TRABAJAMOS LA COORDINACIÓN GRUESA

LE GUSTA Y ME ENCANTA PORQUE ES LLEVAR RITMO CON LA MÚSICA DEL PIANO, ES LLEVAR RITMO, COORDINACIÓN, LA  PARTE ESTÉTICA, EL DISFRUTE DE LA MÚSICA, EL MOVIMIENTO COMPLETO, YA LA LLEVÉ A VER FUNCIONES, CLARO, YA VIO LO QUE ES, YA SABE LO QUE ES, HE VISTO CON ELLA PELÍCULAS DE BAILARINAS, DESDE CHIQUITA LA LLEVÉ A CONCIERTOS, LOS VAS ACERCANDO, LOS VAS ACERCANDO.

YA LA METÍ A LOS SCOUTS (no mamar, los scouts!!!!!), ALGO TRABAJARÁ, EL TRABAJO EN EQUIPO, LA RESISTENCIA, PASAR EL BORDO, (¡pasar el bordo! claro, algo fundamental) QUE A Mí ME PARECE TAMBIÉN ESTO MUY IMPORTANTE, LES VAS DESPERTANDO OTRAS SENSACIONES, EL INTERÉS POR LOS ANIMALES, ¿NO?

CÓMO RELACIONARME CON MI CHIQUITO, DÉJALO QUE TOQUE, QUE PUEDA PERCIBIR, Y TODO (MENEANDO LA CABEZA Y LEVANTANDO HORRIBLEMENTE LA VOZ Y CON MÍMICA) QUE TREPEN, QUE VEAN QUE HAY HOJAS DIFERENTES, O SEAAAA, ES MUCHO MÁS QUE NADA MÁS VENGO Y LA LECTURA Y LAS CANCIONES.

Yo: ay no mames, esa actitud de tengo la verdad sí que me da cosita y hasta comezón. Pobres de sus hijos. Y puros verbos imperativos, ¿se fijaron? ¿Hay algo más cagado que ordenarte a gritos, y con la razón de tu lado: ÓRALE, ESTUDIA ARTE, SÉ CREATIVO!!!!!?

Monito B (es muy inteligente, estudioso, exitoso y tiene 8mil hermanitos): Pues mis hermanos siempre fueron muy estudiosos y despiertos desde chiquitos. Ana aprendió sola a leer desde los tres años, y la estimulamos y todo sabía. Pero cuando entró a la escuela se aburría enormemente, todo se le hizo muy fácil y la pasó muy mal, sufrió mucho. Así que con mi hermano el más pequeño, en cuanto vimos que también quería leer, le quitábamos los libros o las letras y lo llevábamos a jugar. Entró a la escuela sin saber leer, en igualdad de condiciones con sus compañeritos, así que no se aburre, aprendió rapidísimo a leer, juega, es inteligente, se relaciona bien con sus amiguitos, él sólo se pone a estudiar.

Yo: ¿pero y si tiene habilidades para el arte, para esto o aquello, y tú no lo llevas a ningún otro curso?

B: pues sí dibuja pero en casa, jugando. Pero creo que debe jugar y punto

Yo: ¿Peeeero no es ahorita la edad para explotar sus cualidades artísticas si las tiene?

Monita C (ésta ni siquera descripción merece): Ash, pues mis hijas sí dibujan bien bonito, pero yo no las voy a llevar a ningún lado, qué flojera. Ellas se ponen a dibujar en sus cuadernos y ya. Y me da flojera llevarlas a danza o cualquier otra cosa, que se conformen con la escuela. (Además les pega bien cabrón y las tiene bien desnutridas, pero esa es oooootra historia de la infancia de nuestro mundo).

Habiendo realizado este enorme y exhaustivo estudio de campo, quedé peor que antes.

Primera conclusión: nadie sabe, nadie supo. Que el señor bendiga a los pobres chamacos.

Analicemos detenidamente los casos presentados. Bueno, no. Hagámonos preguntas:

¿Los estimulas o no los estimulas?

Ash ¿y qué es eso de la estimulación? Cuando mi abuelita, no había esas mamadas.

¿Los llevas a mil cursos o sólo a la escuela?

¿Y qué tipo de escuela?

¿Que saquen 10 o 8?

¿Cómo sabes si es estimulación o sobreestimulación?

Si los llevas a cursos ¿los aburrirás, los saturarás, les anularás su creatividad, odiarán el arte?

Si no los llevas a cursos ¿se perderá el artista que el mundo entero estaba esperando?

¿Cómo hacerle para que se divierta con los cursos y no que se agobie?

¿Que sea el mejor estudiante de su clase o que sea promedio?

¿Habilidades intelectuales, artísticas, sociales o emocionales?

¿Y cómo trabajas cada una de ellas?

Y si los llevas a mil cursos ¿no le estarás enseñando a intentar todo y no concretar nada?

Bueno, para empezar, ¿qué diablos es un niño? Antes ni siquiera existían, eran como personitas incompletas y nada más. Creo que ni a alma llegaban los pobres, o sea que ya avanzamos un chorro. Y tampoco los aventamos al monte si vienen defectuosos.

(Y aquí hay que gugulear las estadísticas del INEGI, UNICEF y anexas para ver cuánto hemos avanzado en derechos de los niños, su alimentación, educación, violencia, abuso sexual, trabajo infantil. O darnos una vuelta por la cuadra para apreciar dichas estadísticas en vivo y en directo).

Segunda conclusión: Nadie sabe, nadie supo. Y así está bien. Y no hay respuestas concluyentes, y no importa. Y los chamacos ya vienen con su temperamento incluido que, combinado con el carácter y la personalidad que desarrollen, resulta vayan ustedes a saber qué. Cada personita es única, diferente e insustituible.

Y hay papás académicos con 8mil posdoctorados bien acá, cuyos hijos son un desastre total en la vida. Y hay hijos felices o exitosos o genios cuyos papás apenas si saben leer. O hijos maduros cuyos papás están en la cárcel. O hijos alcohólicos o drogadictos cuyos papás nunca se emborracharon siquiera. O hijos abstemios cuyos papás murieron de cirrosis. O hijos alcohólicos de padres alcohólicos. Y así hasta el infinito.

Así que nada está garantizado, no hay fórmulas. Bienvenida sea la incertidumbre. Bienvenida sea la vida.

Tal vez, y sólo tal vez, la única tareíta de los padres sea ésta:

“Que vivan su niñez. De otra manera, los hijos son como una parte de la madre. Es menester que los padres sepan que todo lo que los hijos adquirieron, experimentaron, vivieron con sólo el padre y la madre o sólo para complacer a los padres debe caer, como hojas muertas, en el momento de la pubertad. El adolescente sólo retiene de su niñez lo que ha sido integrado, no con sus padres solamente sino con muchas otras personas al mismo tiempo.

Ahora, ¿qué quiere decir eso de urgirlos? En todo caso, puedo asegurar que es muy malo para un niño saltar un grado. Si el niño puede aprender a leer, a escribir y a contar con la madre y el padre, muy bien, y hasta es mejor que si lo hace en la escuela, con la condición de que tenga otras posibilidades de frecuentar a niños a partir de ese momento para participar en juegos o en actividades de taller.

Los niños son todos inteligentes. La inteligencia escolar no es casi nada al lado de la inteligencia general. La inteligencia significa dar un sentido a todo en la vida; no es sólo la inteligencia de la escuela. Es preciso relacionar todo lo que se ve y no reducirlo todo a los términos escolares. Quisiera que los padres comprendiesen que es necesario desarrollar la inteligencia y la sensibilidad ante la vida por todos los medios de que dispone el cuerpo para expresarse.

Hay naturalezas que se abren muy pronto a muchas cosas, pero esa no es una razón para empujarlas exclusivamente a la vida escolar. La probidad de carácter, el amor por la naturaleza y su observación, las plantas, los animales, la alegría de vivir, la inventiva industriosa, la destreza manual y corporal, la afectividad, la experiencia psicológica de los demás y de la vida colectiva, la aceptación de la diferencia de los otros, la aptitud para hacer amigos y conservarlos, el conocimiento de la historia de su propia familia, de su ciudad, de su región, de su país, el despertar de la sensibilidad al arte, a las manifestaciones culturales, la afición por los deportes, el sentido de la propia responsabilidad, la curiosidad por todo y la libertad de satisfacerla, todas estas son cualidades que a menudo no se desarrollan cuando el éxito escolar es el único valor por el cual los padres aprecian a su hijo”.

Dolto, Françoise: Niño deseado, niño feliz. Claves para aceptar, comprender y respetar las particularidades de sus hijos, Paidós, 1997, pp. 48-50.

Sí, eso: aceptar, comprender y respetar las particularidades de los engendros. Nada más.

Ash, si con trabajos  me acepto, me comprendo y me respeto, ja.

Conclusión final: no hay conclusión.

Y ya. Coman frutas y verduras

IDM

Publicado en

Sólo quiero decir una cosa: estar en idm fue mil veces más amigable que estar en un congreso de filosofía. Bueno, no nos vayamos tan lejos, fue más hospitalario que mis compañeritos en una clase cualquiera de filosofía. O que en una reunión de literatos, académicos e intelectuales.

De verdad.

Ya lo sabía, pero me deprimió comprobarlo.

Ahora uso tacones de aguja

Publicado en

¿Qué es más deprimente: que tus amigos de añísimos finjan la felicidad y el éxito extremos; o que te confiesen que su vida actual no es como habían contemplado que la conducirían?

Ricardo Blanco dijo una vez en clase algo que nunca he olvidado: que ser psicoanalista o tener ese tipo de habilidades para conocer al Otro es como ser un médico cirujano. Pero un médico cirujano no va por la calle con su bisturí  extirpando los tumores y otros males a los cientos de enfermitos que caminamos alegremente. De igual modo, el “conocedor” tiene en sus manos un instrumento incluso más peligroso que un bisturí, por eso debe usarlo sólo cuando el paciente quiere y puede y en la intimidad de un diván. Decirle a alguien toda la trastienda que carga a cuestas es como clavarle el bisturí sin compasión. Es peor que matarlo. Eso dijo. Y se me quedó muy grabado.

Se me hizo exagerado.

Pero preferí creerle.

Por las dudas.

Que cada quien sea su propio asesino.

Por eso no te he contestado ni lo haré. Por eso lo escribo en mi bló:

“No he conducido mi vida por los caminos que alguna vez contemplé, estoy lejos de tener en una buena situación” ¿Y eso qué? ¿Te sientes especial por ello, desdichado, digno de compasión? ¿No se te ha ocurrido voltear a tu alrededor y preguntar si acaso alguien tiene la vida que alguna vez contempló tener? ¿La infancia, no es para eso: soñar, imaginar, contemplar y luego creces y bum, qué haces con eso? ¿Te quedas lloriqueando cual plañidera? Y luego ni tienes un verdugo para inculpar. Y si lo tuviste, no lo quisiste enfrentar. Te lo dije: habla, tienes que hablar, tienes que verte en el espejo. Y nunca quisiste o pudiste. Y ahora está empezando a pasarte factura. Empieza. Porque va a ponerse peor, deja te digo.

¿Te has preguntado por qué te liaste con una que podría ser tu madre? O sea, pudiste ser un poquito original, al menos. Y te trata de la chingada enfrente de amigos y de tu propia familia. No quiero imaginarme cómo te trata a solas. Sabes que si hay algo que me caga la madre es no tener dignidad. Yo también te trataría igual y peor, por wey.

¿Cómo te explico que te están viendo la cara bien y bonito? Que la vejeta esa te está exprimiendo todo tu gran sueldo. Que con eso podrías vivir holgadamente, irte de viaje por el mundo, o pagar todas las posesiones que exige la vida moderna, o seguir estudiando; pero claro, elegiste mantener a esa zángana.

Que no sabes la tristeza e inmensa compasión que me provoca la inocente criatura que, claro, tuviste sin quererlo ni planearlo ni nada. Para la que fuiste el humilde e ignorante aportador de esperma, y ahora su fuente inagotable de dinero. Que la pobre va a necesitar ser muy pero que muy fuerte para sobrevivir con unos padres como ustedes. Y la veo y no sé si lo vaya a lograr. Todavía no puedo. Pero apenas tiene un año y ya está dañadísima: “tráele esto y aquello, ¡dale ese cuadro ese ese que lo quiere ahora mismo, te lo está pidiendo, dáselo! ¡A ver tú, acércate que la niña quiere tocarte!” No creo que haya fuerza humana capaz de sobrevivir a tal perversidad.

¿Dices que la quieres que la amas inmensamente? Por favor, si lo hicieras, empezarías por dejar de ser tan patético. La niña te va a odiar. Te lo digo yo. Y más vale que lo haga, en vez de identificarse contigo. Más vale que lo haga. La figura materna puede fallar o faltar o matar, y no hay gran desastre. Pero cuando la figura paterna falla de alguna manera, causa los peores desastres en una mujer. Pobre. Las clásicas historias de como mi papá no me quiso, no merezco que ningún hombre me quiera, o como mi papá fue alcohólico o golpeador o estúpido, me busco uno igual, o como mi papá fue todo lo anterior, odio a los hombres y ya no puedo relacionarme sanamente con ellos, o o o…

Cómo te explico que escribir Madre con mayúscula es como para echarse a correr.

Y cómo te explico que nada de lo anterior me interesaría negativamente si tú siguieras luchando.

Cómo te explico que no me importa cómo te vaya, me importas tú. No quiero que seamos iguales, ni que pensemos igual. Te acepto o me esfuerzo al menos. Y tú, más de siete años después, sigues preguntandome lo mismo cada vez que me ves,  forzando el tiempo cuando eso quedó años tras, por dior.

Como te explico que ya no soy la misma, y está bien. O no está mal ni bien, solo he cambiado porque han pasado años, y punto. Porque así es,  y punto. Porque he crecido y ya no me veo igual. Tal vez por eso no me reconoces.

Tenemos la misma edad. ¿Sabes lo maravilloso que podría ser que siguiéramos caminando juntos? Que juntos, de estudiantes, hubiésemos llegado a la estación del trabajo, del trabajo para vivir, del dinero para vivir, del amorts, de las relaciones de pareja, de los miedos, de vivir solos, de yo casarme y tú soltero, de tú a la estación de padre y yo a la crisis del tercer piso? Pero te quedaste. Siete años después sigues preguntando lo mismo. Supèralo. Hay mil cosas más que podrías preguntarme.

Me pregunto: ¿ puedes aceptar todo eso? O me mirarás y lamentarás que la que conociste ya no esté. Pero sí está, gracias a ella estoy aquí.

¿O querrás seguir hablando eternamente de Kant de Kant de Kant? Ah, no, olvidaba que también hablas de Hegel de Hegel de Hegel. ¿Sabes que para hablar de uno y de otro también hay que hablar de literatura, de cine, de historia, de música, de lo que me pasó ayer, de lo que soñé, de la tele, del internetz, de la moda, de mis tacones altísimos, de la Vida?

Por cierto, gracias.

Haciendo música

Publicado en

El del bajo era el Lobito.

Espero que ya esté bien. Al menos se ve mejor que cuando estaba en la escuela, donde yo siempre le sonreía cada vez que lo miraba, a pesar de que él me devolvía una sonrisa de conmiseración como diciendo “esta pobre está muerta de amor por mí”. Pero no me importaba, además de  que era comprensible su lástima, porque yo ni le hablaba y ahí estaba como loca sonriéndole. Además, quizá tenía razón. De alguna forma lo amaba. Amaba lo que quería ver en él. Amaba su sufrimiento. Su locura, su pérdida, su dolor, su tontería, su mirada perdida.

Me dio gusto verlo.

Tocando y cantando con toda la alegría del mundo.