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Archivo de la etiqueta: soy un fraude

Parte de novedades

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Me he quedado sin computadora. Tenía una notebook de lo más chafita, la más barata del mercado, sólo servía para conectarse a internet y como máquina de escribir, pues cuando me la compré era todo lo que necesitaba. Pero ya después empecé con la foto y resulta que necesito una compu decente para que aguante el photoshop…

Y ahora me he quedado sin nada. Mi compu murió, así nomás. Y lo peor de todo es que allí tenía guardadas todas mis fotos, cientos de fotos, en una memoria virtual pero creo que ya las perdí porque lo que se murió es el disco duro, y no sé si la información pueda recuperarse.

Dos carpetas de fotos no eran mías solamente, eran portafolios que hicimos en grupo, no sé qué hacer, me van a matar 😦

Y ahora estoy en un dilema: obviamente NECESITO otra compu, porque hoy en día es artículo de primera necesidad ¿verdad? Pero no tengo presupuesto. En la urgencia, voy a comprarme otra notebook chafita, aunque ya no taaaaan chafa como la que tenía, y seguiré con la necesidad de otra pc grande que aguante milochomil programas.

Qué bajo he caído, tener dilemas así, y resignarme a comprar pa’lo que me alcance a 18 meses sin intereses…

Mientras tanto, ¡morimos de calor!!!!!!! Horrible horrible, nos asamos, ya llevamos meses en el infierno, y en el pueblo nomás no llueve. A veces medio se nubla, pero no llueve, y el bochorno se recrudece. Es increíble, en los años que llevo aquí nunca había pasado, siempre hacía frío mañana y noche; y ahora ya llevo meses en ropa de verano todo el día: falditas, vestidos, blusitas delgadas…

El apetito, sin embargo, no se quita. Con este calor, me he vuelto adicta a los frapuchinos y mocas frappé, diario me compro uno, apenas para equilibrar un poco mi termostato. Obviamente el del jekemir es el número uno, le siguen los del café de Liverpool (¡sorpresa!), los de Santa Clara, y los demás. Acompañados de pastelines como éste:

El filete de pescado en salsa de huitlacoche:

Y también helados al por mayor. Moyo ya llegó al pueblo, así que arraso también:

Aunque no le hago el feo a los de Santa Clara, a los de yogurt, a los jagendaz, a los del tianguis…

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Soy profeta

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En estos días de libertad tengo que:

-Renovar mi pasaporte

-Ir al doctor por mis infinitos males (el último: me salió una mancha horrible en la mano. Y yo digo: o es cáncer, o mi hígado ya no sirve y me lo tienen que trasplantar, o es lepra, o es vitiligo) Por lo tanto, no quiero ir al médico. Por lo tanto, me imagino cosas más horribles y menos quiero ir al médico.

-Hacerme análisis por autoreceta. Pero aplica el punto anterior: tengo miedo de que salgan los resultados más aciagos, y no me los hago. Si, por otro lado, sale todo bien como siempre, en vez de calmarme, me angustio todavía más, porque entonces pienso que lo que tengo es tan grave y enigmático que ni los análisis convencionales lo detectan. Me angustio y pienso que tendría que ser  millonaria para irme a Houston y hacerme los más especializados análisis, y ahí sí que saldrían todos los males que tengo.

-Arreglar mi cuarto

-Ordenar y depurar mi closet

-Hacer arreglos a la ropa que necesita costuras, bastillas, enchuladas.

-Leer

-Renovar el celular arcaico de Ratita

Preveo que no haré nada de lo anterior.

 

A veces, la indiferencia no trae nada bueno

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Es que hay momentos en la vida en que nomás no puedes. Te rebasan la apatía, el desencanto, la indiferencia, todo te da igual. Te das por vencido.

¿Y serán sólo momentos, o más bien es una etapa a la que llegas y de la nunca te irás?

Pues el caso es que estaba yo en ese momento, o estoy en esa etapa (el tiempo lo dirá) y pues entonces me daba completamente igual ir a un negocio de “piedras y minerales”. Todavía no me quedó claro qué vendían exactamente, pero había, en efecto, piedras y minerales. Pero en las joyerías también hay piedras y minerales. Pero aquí era como diferente: había, sí, pulseras de cuarzo, turquesa, rubí y anexas pero la monita te explicaba; nonono, mejor dicho, me gritoneaba pa-ra-qué servía cada maldita piedra, que si la energía, que si el humor, que si la manga del muerto.

Y ahora, un día después, como que despierto y me pregunto qué diablos hacía yo allí, cómo pude soportarlo. Pero es que hay momentos, pero es que hay etapas, mira tú.

Y no es que me sienta yo muy “civilizada” y europea y desdeñe esas ondas energéticas y mineraléticas. Todo es energía, ¿qué no?

Es que el problema no son los pobres minerales ni las pobres piedras ni los pobres amuletos ni la pobre energía ni las pobres cartas astrales y numerológicas. No.

El problema son las personas, mira tú qué gran descubrimiento. El problema es la gente.

Y luego yo, de amplio criterio o de amplia indiferencia, le pregunto por los amuletos y que esto y aquello, y el colmo:  resulto regañada, a gritos me explica que los amuletos no sirven si no trabajamos y si no cambiamos de actitud y la chingada. Válgame dios, la amuletera, la del negocio de piedras y minerales, gritoneándome que eso no funciona si no tenemos lo primero, explicándomelo a mí, a ver si vuelves a acompañar a la gente a esos lugares otra vez.

Y luego, yo sí quería unas tres pulseras de cuarzo porque estaban bien bonitas: una rosa pastel, una blanca anchota, también una de onix, también una de una piedra roja roja roja que siempre se me olvida cómo se llama. Y la monita nunca me hizo caso y nunca  me dio las malditas pulseras. O sea, la monita del negocio de piedras y minerales no quiso venderme sus pulseras de piedras y minerales. O sea, ¿cómo?

¿Qué de plano sí tengo una vibra bien odiosa que la amuletera esa no quiso recibir mi money money????

En fin.

Perspectivas

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O ya estoy sufriendo los males de la tercera edad, o el cambio climático sí ya está muy cabrón (bueno, sí lo está, de eso no hay duda), o estoy muy sensible, o todo junto; pero ya todos los días que he ido al df en estos últimos dos meses he sentido un frío medio cabrón, lo que nunca en el defe.

Y como se supone que nunca hace frío en el defe, y menos un frío perrísimo como el que hace aquí en el pueblo, pues siempre me voy al bien primaveral, si acaso con un suetercito ligero, y sopas que en la tarde ya siento frío y no tengo más nada con que taparme, y mi garganta tan chafa que tengo, y toda mi colección de veinte mil bufandas que tengo guardaditas en mi closet pueblerino, y entonces ya van un chingo de veces que al otro día se me cierra la garganta, y entonces aplico el remedio prohibido de automedicarme, y entonces después de dos días de que sí y de que no me enfermo, y siempre no me enfermo, pero tengo que dejar de hacer ejercicio, y abrigarme como si estuviera en Alaska, y comer sopitas y sentirme más de la chingada por mugre debilucha. Y al tercer o cuarto día ya me siento bien, y al quinto vuelvo a ir al defe y la misma cantaleta: se me vuelve a olvidar llevarme chamarra y bufando y/o rebozo y siempre es la miiiiiisma historia.

Y hoy, pues otra vez con la garganta cerradísima, no puedo ni respirar, me duele horrible cuando trago saliva, pero parece que otra vez no me voy a enfermar, pero mientras no podré hacer ejercicio nuevamente, y entonces me siento cerdísima y me doy una hueva impresionante por cómo funciona mi pobre cerebrito, si de verdad me conocieras.

Y luego últimamente me ha pegado la crisis horriblemente, (“mente” y “mente”) y ya estaba yo como todos mis compañeritos muertosdehambre contando los días y las horas y los minutos para la quincena, y que llega la quincena en CEROS!!!!! Y la pendeja de la administradora-contadora-celadora-cara de perro que me dice con su cara de pendeja (sí, pendeja mil veces) : “no, pus con la novedad que te descontaron todos los días que te fuiste de vacaciones”.

O SEA NO MAMESSSSSSSS!!!!!  De veras que aquí tu capacidad de asombro se abre así ilimitadamente. A ver pendeja, pero para eso yo meto mi oficio de vacaciones pinche mil días antes, para que pase por las mil instancias que debe de pasar, para que lo firmen y lo autoricen desde el puto gobernador hasta el puto perro que se orina en las llantas de mi coche afuera del trabajo y la señora de los dulces y entonces ya cuando el oficio peregrinó por todas las instancias habidas y por haber, termina en las oficinas donde pagan para que no me llegue ningún puto descuento.

Además, pendeja, explícame tú cómo me pueden descontar veinte días por supuestas faltas, cuando se supone que no puedes faltar así nomás, y que si lo haces, al tercer día consecutivo ya quedas automáticamente despedido. O SEA PIENSAAAAA PENDEJA, Y CONTÉSTAME. Y luego: “no pero con la novedad que hasta le debes a quiensea que te haya descontado, (uno se imagina así una puta oficina en el fondo de la tierra donde reciben nuestras checadas de entrada y salida y donde entes así indefinibles deciden cuánto te descuentan), porque tu quincena no dio para tanto descuento, así que todavía te van a seguir descontando para la otra quincena o para el aguinaldo o ve tú a saber”.

O SEA NO MAMESSSSSSSS!!!!!! A ver, respira hondo y profundo y cuenta hasta mil. Esto no puede estar pasándome, estoy mal de mi garganta, por el amor de los dioses, y cuando estoy mal de mi garganta no funciono, punto. Y me siento muy débil y desprotegida y vulnerable y quisiera estar en mi camita y me acuerdo que de niña siempre que me enfermaba de la maldita garganta (o sea todo el tiempo) nadie me cuidaba y estaba más sola que nunca y quiero llorar. Y luego, neta que ya estaba subsistiendo a base de moneditas y estaba esperando cual vil mortal la mugre quincena y NO MAMES, ¿por qué, dioses, por queeeeeeeé?

Y la pendeja: “no, pero deja hago  llamadas para ver qué onda y te lo tienen que regresar y…” PUES SÍ, PENDEJA, ÉSE ES TU TRABAJO ASÍ QUE APLÍCATE.  Y llama y reclama enfrente de mí para que yo vea que está realmente preocupada y cuelga y con la novedad de que nadie sabe nadie supo quién se equivocó, y que ahora procede hacer pinchemil oficios para que enmenden el error, y con la novedad de que el proceso de reembolso tarda tanto que, si todo sale bien, si mis plegarias son escuchadas, veré  mi dinero por ‘ai de enero, febrero o marzo. SÍ, SEÑOR, MARZO!!!!!!!!!!!!

Pero  no olvidar la pequeña frase: si todo sale bien, si los pinchemil oficios pasan por las mil instancias que deben de pasar.

O SEA NO MAMES!!!!!!!!!!!!!!!

Y ahora, me destrozaré los dedos de aquí hasta marzo, a veeeeeeer si de verdad me llega mi puto dinero. Y es que eso es lo peor de todo, deja tú que me hayan descontado, total. Deja tú que “es que sí te lo devuelven”, total. Deja tú que se tarden veinte meses, total. El daño ya está hecho porque fue un madrazo para yo y mis nervios, la gastritis y la colitis otra vez, y de aquí a que me lo devuelvan no dormiré en paz, independientemente de que sea o no una fortuna.

Pero lo peor, es que hace un momento me visitó una chica que dejé de ver hace tres años.  Linda. Humilde, económicamente. Estaba estudiando su carrera, ya terminó. Simpática, sencilla, siempre está sonriendo (ay, enséñame a sonreír).

Y que me cuenta… y que me cuenta que a sus dos hermanos, más jóvenes que ella, en estos dos años, les dio insuficiencia renal. Primero habían operado a su mamá. Después a un hermano la insuficiencia, después, su otra hermana. El hermano está deshauciado. Le ofrecieron un riñón, pero él no lo quiso porque no le garantizaban nada. Y yo queriendo preguntarle cómo es que no lo quiso, cómo es que aceptó la sentencia de muerte así nomás, cómo es que no intentó, cómo es que no luchó por vivir, cómo es que puede vivir ahora, esperando. ¿Cómo puedes vivir con el plazo establecido?????? Yo lucharía, yo intentaría, yo ME NEGARÍA A ACEPTARLO, como siempre, me negaría a aceptar lo venidero. Digo, todos vamos a morir y yo puedo morir mañana mismo, pero la gran diferencia está en SABER cuánto te queda. Y me muero por preguntar todo eso pero claro que no lo hago. A la hermana le trasplantaron un riñón, pero tiene que ir al defe todo el tiempo para tratamiento y medicinas, y si bien le va, el riñón le durará diez años. Y ella, mi amiga, feliz como siempre, dice “fue horrible, no sabes lo que pasamos” pero ahora sigue sonriendo. Y yo “no mames, y siguió estudiando y trabajando y soportando”.

Y me dice con toda la sencillez y sabiduría y aceptación del mundo: “es que hay que salir adelante”. Esa pinche frasesita tan manoseada pero mira, qué justa ocasión para usarla en su justa expresión. Y yo, ojalá que nunca sepa lo que significa vivir esa frase. ¿Ya ves? ya estoy pensando pura estupidez, porque me siento más mosca y más mosca y no atino.

O sea, ahora resulta que después de contarme lo que le pasa, hasta va a terminar consolándome a mí.

Y yo como siempre, sin saber qué decir. O sea, ¿es que qué puede decirse en estos casos? Pedir disculpas e irte a esconder debajo de una piedra.

Yo nunca he estado en un hospital como paciente. Y de visita, sólo he ido cuando a mi papá le quitaron la vesícula, nada del otro mundo, pero sí que recuerdo que  es algo horrible horrible rozarte con la enfermedad y el dolor ajenos. Nunca me he roto un hueso. Creo que ni a c
icatrices llego.

Y sin embargo, me odio porque soy un manojo de nervios. Nací con los nervios destrozados y de ahí en picada. Me atormentan muchas cosas, como:

– El cambio climático

– Los perros callejeros, quisiera adoptarlos a todos.

-La pobreza mundial

– La paz mundial.

– Que se va a acabar el agua

-La sobrepoblación

– “Que ya nadie lee”! horror!

– Que ya nada es como antes

– Los niños violados

– Las muertas de Juárez y de todos lados

– La violencia del narco (¡el niño sicario, por los dioses!!!)

– Y así puedo seguirle

¿Ya ves qué chafa????????? O sea, ¿eso quéeeeeeeee? Es como decir nada, NADA!!!! Es como nunca haber leído cualquier puto libro de historia elemental. Es como decir: mi preocupación del día es si hago del baño en el trabajo o si puedo esperarme a llegar a mi casa. Hazme el puto favor!!!!!

¿A poco no es lo mismo?!!!!!!!!!!!!!

 

Sí, definitivamente, a mi amiga debí pedirle disculpas y acto seguido irme a esconder bajo una piedra.

Sin título

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Se acerca la hora. Siempre con el tiempo encima, más bien a destiempo.

Tengo una idea.

Tengo muchas ideas.

No es cierto.

La verdad es que no se me ocurre nada.

O sí, pero cuál es el chiste.

¿Para qué?

¿Por qué es importante tener algo que decir, y decirlo?

Como si importara.

Eso por un lado, vieja historia, el mismo cuento de siempre.

Y por otro lado, me deprime mucho más que Mari me diga: “tú tranquila, tú disfruta”. Que le diga a él: “R. tiene unas imágenes impresionantes con la adaptación que le hizo a su cámara, y (no, de hecho no puedo reproducir lo demás que dijo)”

Sí, se me ocurrieron muchas ideas, ideas que han estado desde hace mucho tiempo pero no sé cómo concretarlas, no sé cómo reinterpretarlas. Y luego el paisaje, deprimente. Siempre he odiado el paisaje. Y luego el desánimo de cada día. Disparo y disparo. (Por cierto, eso me recuerda que ahora mismo debería estár en el laboratorio… no, no no). Acabo. El pseudodesierto a cinco minutos de la ciudad.

Y entonces él viene y me habla. Miedo.

No entiendo, de verdad, cómo alguien que este año está sacando fotos en el Sahara, fotos impresionantes que cuando las vi me dije “esto es digital, obviamente”, pues no, no señor, son fotos análogas, increíble pero cierto, fotos análogas; que ha estado en los confines de arriba y de abajo, que lleva tres días abrumándonos con sus ensayos, que está en su elemento paisajeril; no entiendo, como decía, que se acerque y me pregunte mi nombre, dónde vivo, si tengo hermanos, qué hago, dónde y qué estudio (no, le digo, en tiempo pasado ya), qué hago, qué me gusta, dónde trabajo, qué hacen mis papás, mi edad, mis amigos, a qué hora esto, a qué hora lo otro, bueno, el interrogatorio más exhaustivo al que me han sometido.

No lo entiendo, y me asusta. Es decir, sí lo entiendo, y me asusta.

Esta noche, en sueños, creo que me vino la imagen. Pero tengo miedo, como siempre.  El desánimo prevalece.

Es que me deprime este… no sé exactamente, son muchas cosas: que no tenga nada que decir, que sí pero para qué, que me engaño, que el mundo y la gente realmente no me interesan, y entonces ya todo se jode, ya todo es una mentira, esto y yo y tú, y todo todo. Porque fue un golpe en la cara su interés genuino por el mundo, por mí, por la gente, su curiosidad, su sencillez, su amabilidad. No sé hacia dónde va, digo, pero el punto es que se interesa y se acerca y pregunta y te ve a los ojos y… cosas que yo nunca hago, la verdad.

Y me siento mal.

Y es que, desde el primer minuto, los demás están: “maestro esto, maestro lotro” y lo acosan y se acercan y le hablan y le hablan ¿de qué le hablan? me devano los sesos, que me pasen tantito arrojo y tantito verbo. Está Santoyo, que le habla y se luce y quiere dejar claro que él también es ya un fotógrafo, que hablan el mismo idioma, que le quede claro. Y está la fulanita esa, que también quiere dejar claro que es fotógrafa y nos mira por debajo del hombro, y está… deja ya de criticar como siempre -tranquila, que si a ellos los critico a mí me critico el doble y el triple y el cuádruple-.

Pues sí, y ayer ahí los tienes, otra vez, hablándole, rondándolo, no sé cómo pueden tener lo que deba de tenerse para hacer eso sin descanso. Y él condescendiente, sí, ajá. Porque le hablan de ellos, por todos los dioses, le hablan y le hablan (es que nunca dejará de sorprenderme esa capacidad que tiene la gente para hablar y hablar y hablar) de ellos y por qué habría de interesarle, ¿por qué? ¿Y por qué no se dan cuenta? Y a los cinco minutos oigo que él dice por fin “pero te estoy quitando el tiempo, anda a sacar tus fotos”. Gulp. Pero llega el siguiente, y después el siguiente, y así. Por eso yo quitada de la pena, termino y me voy a contemplar el pseudo paisaje, y entonces él viene y me habla y me pregunta. HOrrible. Pero por mucho tiempo, que se acercó cuando el sol todavía estaba en pleno y fue oscureciendo y se hizo de noche y ahí seguía. Hasta que logré, horas después (la exagerada), hacerle la clásica y estratégica pregunta pendeja mamila sobre el arte contemporáneo y habló y hablo y habló y yo respiré un milímetro aliviada y me limité a lo único que sé (según): escuchar y mover la cabeza pendejamente “sí” “no” con la infaltable sonrisa lela de “te estoy siguiendo perfectamente”.

Ya con el sol muriendo que empiezana regresar los demás y entonces mi alivio creció dos milímetros, se arrremlinan alrededor y pienso “por fin” ya no estoy sola, pero él sigue y sigue con todo un discurso (osh, por qué no se me ocurrió oootra pregunta, maldición) dirigido sólo a  mí porque no ve a nadie más y me dice “¿ves” ¿ajá?” y “por que si tú” y me señala y se mueve y está pero bien inspirado y mis complejos y angustias vuelven a multiplicarse porque entonces los otros no saben qué hacer porque están en circulito a su alrededor pero no los pela ni los ve ni los nota, pero yo sí los noto y veo que ya no lo ven a él, sino que voltean a verme a mí, quince monitos volteándome a ver a momentitos y entonces pienso “no, yo nunca me intereso por nadie así, y aunque lo haga, no lo hago, y entonces no tengo nada qué decir, y si tengo algo que decir, no me interesa decirlo, y entonces qué hago aquí, mejor pido disculpas  y me largo.

Definitivamente confirmo que no sé lo que quiero. Ni siquiera sirvo para fingir.

Y me dijo “quiero ver tus fotos”. Seguro hoy ya no fui al laboratorio. No he cometido errores en el revelado ni en la impresión. Pero seguro, cuando vaya al laboratorio, arruinaré o el negativo o las impresiones o algo. Seguro.

Y no quiero que vea mis fotos ni el ensayo mamila que hice Kant-Marías-Bolaño-percepción-epistemología-escuchar-mal-desierto. Hazme el maldito favor. Supongo que para la ffyl está para aplausos de foca, pero para el mundo rial esos ensayos son de pena ajena.

Me dan una envidia espantosa los otros monitos que desde el primer minuto van y le ponen sus portafolios en la jeta (o sea, con qué cara vas y le enseñas tu “obra ” a alguien así, a mí más bien me hierve la cara de vergüenza) y él “no, yo no vine a ver portafolios” y los otros “no, nada más ésta” y le enjaretan la carpeta.

En fin, crónica de otro intento truncado.

El Difícil

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Alguien me recomendó no conocer gente con gran entusiasmo y alegría. Y yo ya lo sabía también.

Pero uno que no entiende y que siempre se forma falsas expectativas. Había un monito que me parecía interesante (puaf, “interesante”, primer gran error de calificación). Pero, como siempre, no hice nada porque no sé hacer nada al respecto. Tiene un aminovio que resultó conocerme “de toda la vida” y hace meses el aminovio me invita a una reunión donde está el difícil y me lo presenta. Como siempre, me sentí totalmente fuera de lugar, tonta, insegura, torpe, sosa, aburrida, puaf. Y todo ello me impidió “conocerlo”, no hablamos de nada y quedé sumida en la más profunda depresión y melancolía. Bueno, no tanto, pero sí.

Y ya. Dije: otra brillante decepción de mi personita en sociedad, nada nuevo bajo el sol.

Pasaron los meses y que me lo encuentro en otra reunión. Mismo cuento, fracaso, incomodidad, decepción, pobre de mí.

Qué vergüenza, pero sí que me sumí en la profunda tristeza de no haberlo conocido, y que no pude platicar con él, y cómo me odio,  pero si es la persona más valiosa del universo, blablablá. “Pero si tuve dos oportunidades dos de conocerlo y no pude oh qué sufrimiento oh merezco morir oh oh oh”

Y ya. Pasó el tiempo. Y que la semana pasada me habla otra vez su aminovio. Y entonces que se me prende el foco: “¡Claro, pero si el problema es que yo no funciono en grupos! Yo para lo que sirvo es para la conversación uno a uno”. Entonces que propongo que nos veamos a solas, sin su novio y sin otros monitos ruidosos y alegres.

Oh decepción. Es el tipo más odioso, egocentrista, ridículo, mariquita, mamuca que he conocido en toda mi vida.

Qué pena haber querido conocerlo con tanto ahínco, hacerme tantas ilusiones y ponerlo en un altar.

Sí, efectivamente, es muy talentoso, y sabe mucho de literatura y la manga del muerto, es agradable. PERO ESTÁ ENSORBERBECIDO en su gloria. Se cree galán, aunque interprete el papel de “qué inseguro soy con las mujeres”, pero no va a ningún lado ni le habla a ninguna mujer sin la ayuda -intervención-presencia-consejo-bendición de su amigo-novio.

Tiene muchas cualidades, pero se las cree totalmente y luego finge falsa modestia y resulta todo un juego de espejos que ni él mismo domina.

Dice que quiere estar solo, pero la función primordial de su amigo-gato es la de presentarle mujeres y prepararle citas. Pero cuando conoce a alguna que le gusta y que es igual o más inteligente que él y que no le hace fiestas cual perro cirquero, se esconde tras el rebozo de la soberbia y la indiferencia. Al fin que quiere estar solo, ¿no?

Dice que los amigos son lo más importante para él pero yo digo que siempre y cuando él sea el centro de veneración de sus amigos, siempre y cuando le digan una y otra vez: “oh sí, yo conozco a varias que harían cualquier cosa por ti, oh, sí, oh sí Pitol, oh sí Lezama Lima, oh sí lo que tú digas, oh sí cuándo nos vemos”.

Problema 1: que yo haya querido conocerlo. ¿Por qué gente como él me parece, en principio, “interesante”?

Problema 2: finalmente le caí bien. Y hablamos mucho, y nos vimos más de una ocasión,  por eso me di cuenta del fiasco total. Foco rojo: ¿por qué le caí bien, maldita sea?

Bueno, no hace falta ser un genio para darse cuenta de que estoy muy pero muy equivocada con la gente, que me llaman la atención los mamucas de antología, a quienes primero no les caigo, luego les caigo bien, y luego ellos me caen mal y luego ya no sé qué hacer y lo que ya sabíamos todos:

Soy un fracaso total en sociedad.

Dime: “te lo dije”. La gente es asquerosa y no tiene el deber ni de agradarte ni de decepcionarte.

Dime quién te agrada y te diré quién eres. Dime a quién le agradas y te diré quién eres.

Tengo sueño pero cumplo con el sagrado deber de postiar

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Retrato y autoretrato son sinónimos.

Gracias; de nada.

Yo, desde que tengo uso de razón, voy por la vida con el mismo entusiasmo que el monito de la foto. Chócalas.