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Nuevo jefe

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Este mes cambiamos de jefe.

Divertidísimo

Cuando pensabas que no podía ir peor…

El lugar es un Caos. Sí, ya lo era, pero ahora es El Caos.

Divertidísimo

Con el plus de que podemos hacer lo que nos venga en gana.

Bueno, ya podíamos, pero ahora con descaro y sin culpa.

Bueno, yo no hago lo que me venga en gana, y no por virtuosa, sino porque nunca hago lo que quiero, sino lo que debo.

Le queda tan grande el lugar que no ha reparado en nuestras existencias como blanco de su ineptitud, al menos no en la mía.

Y la secretaria…divertidísimo: no sabe distinguir entre libro y revista.

Me la he pasado muy bien, tanto, que he pensado seriamente, pero que muy seriamente, en presentar mi renuncia ya mismo.

De verdad, hasta he llegado temprano sin problemas.

De verdad, quiero renunciar.

De verdad, qué susto confirmar que no me gusta estar bien.

Paseo por Regina, y La Familia Burrón

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Yo crecí leyendo a la Familia Burrón.

Bueno, no tanto, pero sí los leí. No sé por qué llegaba esa revista a la casa. Eran personajes tan entrañables, historias tan divertidas, dibujitos tan bonitos. Y ahora están pintados todos los personajes en las paredes de la calle de Regina. ¿Pueden reconocerlos a todos?


La calle de Regina es una de mis preferidas del centro del df. Y ahora que la arreglaron, quedó perfecta para caminar, tomar un café, comer, tomar un trago, sentarse y ver la vida pasar…

Un costal de cebollas:

Una linda muchacha pensativa:

Una pared:

Una pared con una mano con unas uñas color coral, que me encanta:

Y luego, un colorido grafiti:

Me encanta la calidez de color con que saca las fotos mi querido celular 🙂

Amo pasear por el centro del df, amo el frapuchino en estos días infernales, amo los vestiditos de verano, amo sentarme a las mesas que están en la calle, amo platicar con Ratita, amo quedarnos en silencio también, amo ver la gente pasar, amo sacar fotos.

Sí, a veces estoy de buenas.

Parte de novedades

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Me he quedado sin computadora. Tenía una notebook de lo más chafita, la más barata del mercado, sólo servía para conectarse a internet y como máquina de escribir, pues cuando me la compré era todo lo que necesitaba. Pero ya después empecé con la foto y resulta que necesito una compu decente para que aguante el photoshop…

Y ahora me he quedado sin nada. Mi compu murió, así nomás. Y lo peor de todo es que allí tenía guardadas todas mis fotos, cientos de fotos, en una memoria virtual pero creo que ya las perdí porque lo que se murió es el disco duro, y no sé si la información pueda recuperarse.

Dos carpetas de fotos no eran mías solamente, eran portafolios que hicimos en grupo, no sé qué hacer, me van a matar 😦

Y ahora estoy en un dilema: obviamente NECESITO otra compu, porque hoy en día es artículo de primera necesidad ¿verdad? Pero no tengo presupuesto. En la urgencia, voy a comprarme otra notebook chafita, aunque ya no taaaaan chafa como la que tenía, y seguiré con la necesidad de otra pc grande que aguante milochomil programas.

Qué bajo he caído, tener dilemas así, y resignarme a comprar pa’lo que me alcance a 18 meses sin intereses…

Mientras tanto, ¡morimos de calor!!!!!!! Horrible horrible, nos asamos, ya llevamos meses en el infierno, y en el pueblo nomás no llueve. A veces medio se nubla, pero no llueve, y el bochorno se recrudece. Es increíble, en los años que llevo aquí nunca había pasado, siempre hacía frío mañana y noche; y ahora ya llevo meses en ropa de verano todo el día: falditas, vestidos, blusitas delgadas…

El apetito, sin embargo, no se quita. Con este calor, me he vuelto adicta a los frapuchinos y mocas frappé, diario me compro uno, apenas para equilibrar un poco mi termostato. Obviamente el del jekemir es el número uno, le siguen los del café de Liverpool (¡sorpresa!), los de Santa Clara, y los demás. Acompañados de pastelines como éste:

El filete de pescado en salsa de huitlacoche:

Y también helados al por mayor. Moyo ya llegó al pueblo, así que arraso también:

Aunque no le hago el feo a los de Santa Clara, a los de yogurt, a los jagendaz, a los del tianguis…

Me gusta…

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Me gusta…

-el olor a tierra mojada (sí, es clásico, pero es que es tan rico)

-comer el yogur a probaditas, probaditas, y no querer que se acabe.

-el helado, en cambio, me lo acabo en dos segundos, ¡sí! Soy la devorahelados.

-el olor a nuevo de los libros!

-manejar en carretera, escuchando estaciones de música random.

-caminar en la ciudad.

-el chai, en todas sus presentaciones.

-¡los mojitos!

-ver bailar, así muy cabrón.Uno de mis programas favoritos de toda la vida, así en serio favoritos, es So you think you can dance? POdría pasar el resto de mi vida viendo ese programa. Bailan unas coreografías impresionantes. Ver bailar así de bonito, ME HACE LLORAR, instantáneamente se me hace un nudo en la garganta y se me salen las lágrimas. Bailar (ver bailar, en mi caso) me conmueve hasta las lágrimas, literal. Me parece tan pero tan bello que me abruma: me hace llorar de felicidad.

– Bailar, ver bailar, la posibilidad del baile, son pruebas irrefutables de que sí existe la felicidad, y la belleza, y la esperanza.

-El baile, como ven, saca lo peor de mí,  y la cursilería más barata.

-El olor a comida!

-El sonido del mar.

-Leer en la playa.

-El olor a sábanas recién lavadas.

-Clericot!

-Recordar

(la foto de arriba nada que ver, o todo que ver, según. Sólo por eso les dejo otra)


Fugacidad

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Hoy me ahorré catorce pesos catorce al preparar mi cóctel de frutas, en vez de comprarlo.

Me siento realizada.

Me siento otra persona.

Me siento organizada, sana, exitosa, ahorrativa, higiénica, en control.

Lástima que mañana será otro día.

Honey vs Pahuatlán

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Intenté subir muchas fotos de un fin de semana, y con “intenté ” me refiero a cuatro sesiones cuatro de estar subiendo fotos, y esta mugre nomás no me dejó, únicamente me guardó estas tres. Me rindo. Total, nomás eran para llenar espacio, jo.

Éstas son de un pueblucho llamado Honey que está en la frontera Hidalgo-Puebla. Recuerdo haber ido hace mucho tiempo con mis papás, en invierno, con la neblina y el frío a todo lo que da. Recuerdo imágene hermosas en mi memoria: el bosque, la niebla hasta el suelo, y en medio de los árboles, una estación de tren abandonada, antiquísima. Recuerdo que de hecho pasó el tren, y se detuvo varios minutos. Una escena para toda la vida, una escena sacada de otro tiempo.

Y ahora que quise ir al encuentro de dicho recuerdo, error garrafal. La estación del tren ya no está en medio del bosque, ya está en medio de un tianguis de mala muerte. Preguntamos y ya no pasa el tren.

El pueblo es sucio, hostil y está lleno de gente torva, muchachos patibularios y trocas chocolates con mojados visitando a la familia. Miedo.

Moraleja: quedarse con los recuerdos y las imágenes idílicas, y ya.

Y después fuimos a Pahuatlán, Puebla, cuyas fotos se perdieron en el limbo de wordpress. Es un pueblo bonito, “pintoresco”, amigable, jipioso, acogedor y anexas. Primero subes subes subes la sierra poblana, bosques y neblina a nivel del suelo, paisaje espectacular, y luego bajas bajas bajas hasta Pahuatlán, al fondo de la barranca. Bonito bonito, pero se lo imaginan, al fin que ya descubrimos que está más bonito imaginar y recordar que los lugares en sí y que las fotos.

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Actualización

Pues sí, quiero aclarar por qué me dan miedo los mojados de Honey. Pues porque se ven muy patibularios, la verdad. Regresan dogradictos, sidosos, “maleados” diría mi abuelita. Se la pasaban dándole vueltas al pueblucho de diez casas en sus trocas atascadas, viéndonos torvamente. En fin, mala vibra.

No por nada el pueblo está en los primeros lugares en alcoholismo. Primer lugar en embarazos adolescentes. Primeros lugares en amas de casa con vih.

Eso me da miedo.

Hanna, in memoriam

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Hannah, mi primer perrita schnauzer (que tenía años que quería una) murió atropellada. Hasta ahora es que puedo escribirlo. Tenía dos años y era mi hijita.

Ratita la sacó a pasear, su corrar se rompió y salió disparada hacia la avenida y la atropellaron. Murió pocos minutos después. Yo estaba en la cama todavía, recuerdo que llegó Ratita y me dijo “atropellaron a Hannah”. No lo pude creer, es más, sigo sin creerlo, ahora que lo escribo es que me está cayendo el veinte. Ratita estaba lleno de sangre: su chamarra, su pants, sus tenis. La recogió de la avenida (con riesgo de que a él también lo atropellaran) y la trajo cargando a casa. La envolvió en una sábana. Yo la vi ya envuelta, no habría soportado ver su cuerpecillo.

Fuimos a enterrarla al bosque.

La extraño terriblemente. Era la perrita más tierna del mundo, noble, traviesa. Era hermosa, su carita parecía que estuviera sonriendo siempre, tenía unas pestañotas tupidísimas y larguísimas. Era miniatura, pero creció mucho y estaba muy fuerte, parecía un rinoceronte miniatura: estaba chaparrita y muy gruesa, pero de puro músculo. Cuando la sacaba a pasear, apenas podía contener sus jaloneos, de tan fuerte.

Me puse muy mal, de por sí estaba enferma, muy enferma por esos días, y encima su muerte. Ya tengo otra perrita, no por reemplazarla, sino porque nunca esperas que tu mascota muera de forma tan horrible e inesperada. Mi corazón de pronto tuvo un vacío, unhueco que me dolía tanto que necesitaba otra mascota.

Hannah era super tranquila, no hizo travesuras cuando estaba bebe, no mordía cosas ni hacía tiradero. Desde el primer día que llegó, a los tres meses de edad, la dejamos dormir en el patio, y no chilló ni una sola vez. Lola, en cambio, de ninguna manera aceptó dormir afuera, ni en el baño, sólo se callaba si se dormía al pie de la cama. De otra manera chillaba como si la estuvieran matando. Todo el tiempo quiere tenerme a la vista y me sigue a todos lados.

Hanna, en cambio, fue más independiente y obediente: aceptó dormir afuera sin chillar ni hacer pataletas, era más tranquila, no mordía nada.

 

Lola, mi nueva perrita, es muy diferente. Es increíble como hasta los animalitos tienen su propia personalidad. Al principio no supe si hice bien en adoptarla, porque las comparaciones con Hannah eran inevitables, además de que Lola es con completo desmadre, DESMADRE con mayúsculas, pero bastaron unos cuantos días para que también cayera ante sus encantos.

Ahora no me arrepiento de tener a Lola, fue el mejor remedio para aminorar un poco mi dolor, y Hanna siempre tendrá un lugar en mi vida, la recordaré para siempre, recordaré siempre su cuerpecito, su carácter, su cara, todo.

Y Lola me está enseñando a aceptar, a amarla también con sus peculiaridades, a adaptarme a sus necesidades, a recordar a Hannah con mucho cariño y no para hacer comparaciones.

Y también amo a Lola con todo mi corazón, con el consecuente temor de que si algo le pasa entonces sí me muero. Es un desmadre, ya arruinó mil cosas mías, pero es adorable, noble, obediente, te habla, te ama incondicionalmente, se deja querer, en fin, Lola amerita posts aparte.

Y también procuro ser mejor mamá con Lola, porque la muerte de Hannah me dejó muchas culpas baratas: que si no la saqué a pasear lo suficiente, que si la debí dejar estar dentro de la casa, que si no la acaricié cada tres minutos…ventajas todas que ha disfrutado Lola hoy en día.

Te recuerdo todos los días, Hannah.